Volver a ganar

Leo Messi es tan bueno que, durante muchos años, convenció al barcelonismo de que jugar sin delantero centro era lo mejor. Duró mientras el equipo era una máquina que trituraba a sus rivales, daba la sensación que daba igual con qué esquema jugase el FC Barcelona, era secundario. Pep Guardiola tuvo el convencimiento que sacrificar a Samuel Eto’o era un peaje que se debía pagar para llegar al siguiente nivel, uno reservado para el 10. Y así sucedió. 2011 es el capítulo más brillante, no por títulos, pero sí por juego. Con David Villa y Pedro Rodríguez pegados a la banda, Leo Messi era el huracán que se activaba cuando los Xavi, Iniesta y Busquets tenían el balón justo donde querían, justo ahí, para que el rosarino encarase y desatara la locura. Parecía la fórmula de la Coca Cola, nadie sabía cómo pero siempre funcionaba, y no era difícil.

El Tata Martino nunca dio con la tecla. Contar con una versión humana de Leo Messi es un contratiempo que el técnico argentino no supo manejar. Quizás otro entrenador habría sabido sacar rédito a aquel Messi torturado por las lesiones, fantasmal, que sigue siendo el mejor. Lo era, pero no tanto como para solventar demasiados problemas. El FC Barcelona cerraba un año en blanco, con Leo Messi tocado y a sabiendas de que, ni Alexis Sánchez, ni Pedro Rodríguez iban a poder ser lo que el 10 demandara. Y aquí, justo en este momento, es cuando entra en juego nuestro protagonista: Luis Suárez.

Luis Suárez fue fichado procedente del Liverpool por 80 millones de euros, a pesar de la sanción impuesta por el incidente con Giorgio Chiellini en el Mundial. Foto vía: Doyneamic Tumblr.

El delantero charrúa aterrizó en Barcelona en el verano de 2014 siendo el mejor delantero héroe que había en el mercado. Es decir, un jugador capaz de sobrevivir aislado, de forzar continuamente el error. Y es que el uruguayo es esto, convicción. No descansa y exige una fortaleza mental que es inalcanzable, ahí nadie le gana. Su llegada abrió debate, porque cualquier jugador que ficha por este club es objeto de debate en relación al 10 azulgrana. Si te entiendes con Leo, entonces vales. Luis Suárez estaba bajo sospecha, porque cada gesto parecía venir de algún lugar irreconocible en Can Barça, que había sido la cuna del gesto técnico. Sus controles, sus recortes, sus dribblings venían precedidos de caras de sufrimiento, de medias caídas y de una sensación generalizada que de esta no iba a salir. Pero salía. Su encaje era algo más complejo, porque si bien es cierto que podía partir desde el costado izquierdo, allí estaba Neymar. Muchos eran los que apuntaban a un cambio de sistema, con Messi de mediapunta, porque hacía ya mucho que el argentino no partía desde el costado, aunque Leo siempre parta desde donde quiera, que para esto lee el fútbol como nadie. Luis Enrique decidió que amén de optimizar su tripleta ofensiva y convertirla en algo nunca visto debería dividir las atenciones. Así pues, Neymar, Luis y Messi ocuparon cada uno un carril distinto. La amenaza se multiplicaba, y el rival debía elegir.

No hay mejor aval que el triplete, pero lo que un día fue el motivo de la victoria terminó por condicionar demasiado al FC Barcelona, desdibujado y solo a los pies de la MSN. Así fue debilitándose como estructura, muy a pesar de los 3 monstruos que la custodiaban. El uruguayo tocó su cima en la temporada 2015/2016. 40 goles y 16 asistencias en Liga, unos números que trascienden de toda lógica, solo que al compartir era y Liga con Cristiano Ronaldo y Leo Messi no se valoran lo suficiente. El 9 charrúa fue el que mantuvo al FC Barcelona arriba en Liga, peleó por él y por sus dos homólogos en la tripleta ofensiva, que apenas comparecieron. Un año salvaje. En el mapa de calor de abajo, se aprecia con claridad lo que fue Luis. Un vendaval que actuaba por todo el frente de ataque, con una incidencia descomunal en el juego y es que estaba pletórico, mente y cuerpo coincidieron y labraron su gran obra.

WhatsApp Image 2018-09-11 at 01.17.42.jpeg
Mapa de calor de Luis Suárez en la 15/16

Adaptarse es difícil, hacerlo cuando tu cuerpo ya no te acompaña, aún más. Luis Suárez sufrió más que nadie el adiós de Neymar Jr. Sin el brasileño, y ya con Ernesto Valverde en el banquillo, el extremeño buscó soluciones ante la repentina marcha de éste a la capital gala, unas que pasaban, inevitablemente, por el uruguayo. Ernesto le pidió a Luis que, por favor, volviera a ser el de 2016. Las rodillas maltrechas, el correr más lento, ya cada esfuerzo era un extra. Pero Suárez no se guarda nada, nunca, atenta contra lo que es el delantero del FC Barcelona. Su compromiso fue el de siempre, pero esto hizo que, en cada acción en la que debía participar de forma activa, su mente y su cuerpo ya no hablaran el mismo idioma. Fallaba más de la cuenta, mucho más. Cada gesto, que antes parecía salir por pura inercia, ahora se encallaba. Su frustración era visible, siempre presente en el rostro del charrúa. Sin Neymar y con la baja prolongada de Ousmane Dembélé, el 4-3-3 asimétrico que terminó siendo un 4-4-2 le reservaba un espacio que aceptó apretando la mandíbula, deseando volver a ser el que era. Uno reservado para el anterior Suárez. Sus zonas de influencia bascularon hacia el sector zurdo (mapa de calor de abajo), cayendo mucho más en banda que de costumbre, pero esta vez no era por inercia, sino por pizarra. Debía hacerlo para oxigenar a Leo, que deambulaba por donde le daba la real gana, así de bueno es. Pero nunca encontró acomodo. Y Luis Suárez, en gran medida, marca el techo de este equipo en Liga de Campeones. Cada dia que pasaba exigía de mayor finura en cada trazo, en cada gesto y Luis no pudo o no supo responder. Es un jugador fácil de entender, el gol es su alimento. Con este esquema le costaba mucho rellenar todo lo que Valverde le pedía y, para más inri, el gol se alejaba. En Roma saltaron las costuras que Messi, con su obsesivo fútbol, aguantaba juntas.

WhatsApp Image 2018-09-11 at 01.17.42 (1)
Mapa de calor de Luis Suárez en la 17/18.

La recuperación de Ousmane Dembélé y la vuelta al 4-3-3 es un mensaje esperanzador hacia Luis Suárez. Valverde quiere darle un rol mucho más definido, uno que lo desligue de ciertas funciones y potencie lo que, a día de hoy, más dañino le hace: el remate. Con las bandas ocupadas, Suárez ve su marco de acción mucho más acotado y, en consecuencia, sus funciones son otras. Hay jugadores que perdiendo el físico seguirán marcando diferencias, porque el fútbol es el deporte rey por permitir justamente esto. Que el talento se imponga al más fuerte, rápido o ágil. Pero para otros, esconder sus carencias cuando el físico ya no responde, es muy difícil. Así es para Suárez al que se le nota más ansioso que nunca por no fallar, y así es cuando más se falla. Perder el derecho a fallar es, en su caso, una muerte anunciada. Valverde deberá tratar su situación con poso e inteligencia, a sabiendas de que su físico no lo puede todo, que el de 2016 ya no volverá. Aseguró el delantero centro hace poco que había sido un error jugar ante el Leganés a 3 días de Roma. Con más alternativas y consciente de que es en Marzo donde las piernas deberán responder, gestionar bien sus minutos es primordial para atender con éxito a final de temporada. Luis Suárez deberá redescubrirse, pero nunca lo tuvo tan difícil.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s