Un ajuste casi perfecto

Tras el exótico, trompicado, y a mi modo de ver, deportivamente erróneo, aunque económicamente incuestionable, paso de Yerry Mina y sus bailes por el Camp Nou, culminado con su salida hacia Inglaterra, donde el dadivoso Everton ha acogido generosamente a algunos de nuestros más anhelados descartes, se abría la necesidad de contratar un cuarto central, que complementará a la actualmente indiscutible pareja Piqué-Umtiti, y que peleará el puesto de central suplente a Thomas Vermaelen, que tras su gran rendimiento durante la lesión de nuestro Puyol negro la temporada pasada, se ha ganado una continuidad en la plantilla.

La dirección deportiva azulgrana, se fue a fijar en un joven central francés con conocimiento de la Liga Española, pues venía jugando desde enero de 2017 en el Sevilla: Clément Lenglet. La apuesta parece segura y pese a la negativa a negociar de los hispalenses, el Barcelona finalmente depositó en la Liga de Fútbol Profesional, la cláusula de rescisión del jugador, de 35,9 millones de euros, lo que le convierte en el defensa más caro de la historia del club azulgrana.

Lo primero que me parece relevante decir de Lenglet es que es zurdo. Esto, que normalmente no deja de ser una ventaja en el mundo del fútbol por su escasez, en el caso de la retaguardia azulgrana queda revestido de una cierta redundancia, pues tanto Umtiti como Vermaelen también lo son. Desde mi punto de vista representa un inconveniente, ya que la más acusada lateralidad de los zurdos les dificulta el jugar con perfiles cambiados, aunque ya el año pasado Umtiti, haya pasado por esa situación con cierta solvencia. Personalmente, (y como zurdo) es algo que no me gusta en absoluto, y de hecho era el mayor inconveniente que ya le veía al interés por Íñigo Martínez durante el verano pasado.

Futbolísticamente, se acerca más al perfil Piqué, que al de central corrector. Su rapidez no es desdeñable pese a algunos problemas que por ejemplo en la Supercopa pudiera tener. Su limpieza en el trato de balón, le hace ser una pieza fundamental en los primeros pasos del ataque de su equipo, en ese camino central-lateral-extremo o central-lateral-interior que suele seguir el Barça en su salida por el sector izquierdo.

A su capacidad de asociación hay que sumarle un punto que, desde la partida de Rafa Márquez he echado en falta en los defensas centrales azulgranas, el desplazamiento en largo. Lenglet, puede facilitar con sus diagonales, tanto la llegada de los laterales Semedo o Sergi Roberto, como sobre todo facilitar las recepciones de Messi en derecha, donde parece que Valverde ha decidido situar su punto de partida esta temporada. Estas recepciones del cambio de juego del francés, puede poner al rosarino en unos contra uno en tres cuartos, lo que sería casi sinónimo de ocasión de gol del Barcelona.

Otro punto muy fuerte es el juego aéreo. Especialmente impresionante fue su eliminatoria con el Manchester United, sobre todo en el partido de Old Trafford, donde le ganó la partida al tanque belga Romelu Lukaku, además de blindar ante el resto de torres del equipo de Mourinho (Fellaini, Lindelöf o Matic) el área sevillista a balón parado. Su buena estatura y condiciones físicas para el salto, se ven acompañadas por una muy buena lectura de la anticipación, virtud que también atesora por abajo, pero que destaca sobre todo en sus juegos aéreos.

La única duda que me suscita es cierta falta de contundencia en algunas ocasiones, característica que ya alguna vez le había adivinado con el Sevilla. Además de cierta rigidez en la cintura ante delanteros habilidosos, como se vio ante Sarabia y Muriel en Tánger, aunque quizás la altura de la temporada pueda haberle pesado a un futbolista corpulento como el francés. Veremos según vaya avanzando la temporada si se evapora esta sensación o por el contrario se le comienzan a ver las costuras en este sentido ante equipos que coloquen a hombres rápidos y habilidosos en el sector derecho del ataque.

También podría ser una solución de emergencia en el lateral izquierdo, o un recurso si se busca por parte del contrario el balón aéreo sobre Jordi Alba, como ha ocurrido en algunos partidos en temporadas pasadas, aprovechando los rivales para asentar posesiones en tres cuartos al superar al de L’Hospitalet de manera sencilla en esa suerte.

Su juventud (23 años) y su perfil, le podría convertir en un sucesor de Piqué en la defensa azulgrana a medio plazo, donde con Umtiti, si consiguen solventar la problemática del zurdo en derecha, podrían ser una pareja para muchos años en el Barcelona. De momento, Lenglet debe conformarse en estos primeros partidos con minutos sueltos desde el banquillo, donde ha empezado a jugar con Piqué, en una de las parejas de centrales de mejor salida de balón del fútbol mundial a día de hoy.

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