Importante victoria eclipsada por las malas sensaciones en el juego

Llegaba la cuarta jornada tras el habitual parón de selecciones de comienzo de temporada. Esta vez, dadas las renuncias de Piqué (definitiva) y Messi (seguramente temporal) de sus selecciones, y la no convocatoria de Jordi Alba tras sus desencuentros con Luis Enrique, se podía prever un efecto más reducido del llamado Virus FIFA, en la vuelta a la Liga. En contraposición, el Barça visitaba el campo con peores resultados de toda la Liga española en la última década, el remozado Anoeta, que tras sus todavía inacabadas obras, ha devuelto a la Real Sociedad un auténtico estadio de fútbol que, si bien nunca tendrá el sabor y calor del añejo Atocha, sí que a mi modo de ver, debe sumarle unos cuantos puntos por temporada con la cercanía y presión de la grada. Cuando acaben el fondo que falta, quedará un estadio muy de mi gusto personal, futbolero y moderno a la par.

Este fin de semana me ha pillado de retiro rural en un pueblo de Soria, El Royo, invitados por unos buenos amigos, donde hemos podido respirar aire puro, tranquilidad, y soltar a todos los niños sin los temores de la ciudad. Y bien que lo hemos disfrutado, tanto ellos, como nosotros los mayores. La única pega es que el partido del Barça era en una hora mala, la de la siesta, y al final, tuve que verlo vía internet, aunque el retardo no me supuso problema, dado el silencio que se respiraba alrededor, frente a los spoilers habituales de griterío de barrio, si lo ves de ese modo en la ciudad.

De entrada, Valverde sorprendía con un par de rotaciones significativas. Dando descanso a Busquets y Coutinho, piezas clave en sus selecciones, y dando entrada a Semedo y Rafinha, inéditos hasta la fecha, pasando Sergi Roberto al interior derecho y Rakitić al medio centro. La prueba, desde luego, no se puede considerar un éxito en absoluto, aunque también cabe preguntarse si en el partido más complicado de los 4 disputados hasta ahora, era el momento de comenzar a rotar. Mi respuesta, contundente es no, desde luego.

Comenzó el Barcelona con una posesión bastante estéril, faltos de velocidad en la circulación con la presencia de un Rakitić demasiado incrustado entre los centrales, pese a que la Real Sociedad no desplegó una presión que justificara tal movimiento. Esto, además, implicó que los interiores tuvieran que jugar demasiado tiempo de espaldas, al no ser tampoco ni uno, ni el otro especialmente expertos en perfilarse correctamente. Tampoco ayudó que jugaran a pie natural, y no cambiado, lo que les hacía controlar muchas veces de espaladas con la pierna más cercana al contrario, imposibilitando la progresión de la posesión azulgrana.

A esto se le sumó el acierto txuri-urdin en su primera aproximación al área azulgrana, en un balón parado mal defendido por la defensa azulgrana que acabó con un contundente remate de Aritz Elustondo. A partir de ahí, intesificó el repliegue la Real, tapando con muchos hombres tanto el pase a Messi, como la salida por la izquierda del sector Alba-Rafinha-Dembélé. Esto dejaba, con la tendencia interior de Messi toda la banda para un Semedo, al que los realistas flotaban, y que no fue capaz de avanzar con regularidad hasta casi la frontal del área, donde podía encontrar sus primeros obstáculos en el planteamiento txuri-urdin. Era el paradigma del dominio estéril, pues se llegó al descanso con apenas un par de acciones ofensivas de Piqué, también a balón parado, y la Real, apenas volvió a pasar de medio campo.

Se imponía un giro radical en el juego azulgrana si se quería sacar algo en positivo de Anoeta. Así, Semedo abandonó el campo en el descanso, entrando Coutinho, pasando Sergi Roberto al lateral derecho y Rafinha al interior derecho. Los interiores empezaron a jugar a pie cambiado y Coutinho amenazaba con su habitual agresividad en el pase y la conducción. La entrada de Busquets por Rafinha trajo consigo dos cuestiones. La primera, que volvíamos a jugar con los mismos once que en las tres primeras jornadas de Liga, ergo experimiento fallido y más razones para Valverde para sobrecargar su once titular con el consecuente problema que eso implica para el mes de marzo y abril, y como segundo, respecto al partido, que el Barcelona verticalizó mucho más su juego, arriesgando en pos de mayor cosecha ofensiva, y que solo gracias al extraordinario acierto de Ter Stegen en un par de mano a mano, pudo mantenerse en el partido.

Bien es cierto que se merodeaba con asiduidad y peligro la meta de Gerónimo Rulli, quien a la postre fue un colaborador necesario en la victoria, con su desacierto en el juego aéreo. En dos jugadas casi consecutivas de córner, el meta argentino por dos veces despejó al aire, y el balón acabó alojado en su portería a sendos remates de Suárez primero y Dembélé, precedido de un par de desvíos realistas, después. Parecía que el partido se aproximaba a una sentencia azulgrana, pero Valverde decidió de nuevo, proteger el resultado, defendiendo los espacios y no con el balón. Salió Dembélé y entró Arturo Vidal, en un cambio que puede convertirse en clásico fuera de casa con marcadores ajustados, perdiendo absolutamente el control.

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Ousmane Dembélé ha marcado gol en tres partidos consecutivos por primera vez en su carrera y ha empalmado por fin cinco titularidades seguidas en el Barça.

La salida de Dembélé liquidó una parte importante del ataque al espacio y la entrada de Vidal, envió un mensaje conservador a los cerebros de los jugadores que tuvieron como consecuencia ser sometidos durante los últimos minutos territorialmente, como no lo habían sido en ningún momento del partido. Al final, la falta de acierto de los de Garitano, como la que también tuvo el Valladolid en Zorrilla, impidió que se quedara algún punto en San Sebastián.

En resumen, una victoria importante en un campo históricamente muy complicado en un mal partido. El típico escenario que los clásicos llaman “victorias que dan Ligas”, pero que yo veo con mucho más escepticismo, pues las sensaciones del juego azulgrana, esta vez sin excusa del estado del campo, fueron las más negativas de lo que llevamos de temporada. Con el comienzo de la Champions tendremos la respuesta a si ha sido apenas un mal día en la oficina, o una tendencia. Esperemos que se trate de lo primero.

Real Sociedad 1-2 FC Barcelona


Real Sociedad: Rulli; Zaldua, Moreno, Aritz, Theo; Illarramendi (Merino, m.82), Zubeldia, Rubén Pardo (Sangalli, m.81), Zururutuza (Jon Bautista, m.72); Juanmi y Oyarzabal.

Barcelona: Ter Stegen; Semedo (Coutinho, m.46), Piqué, Umtiti, Alba; Rakitic, Rafinha (Busquets, m.56), Sergi Roberto; Dembélé (Vidal, m.76), Suárez y Messi.

Árbitro: Del Cerro Grande (Madrid). Amonestó a Zurutuza e Illarramendi.

Goles: 0-1, m.12: Aritz Elustondo. 1-1, m.63: Luis Suárez. 1-2, m.66: Dembelé.

Incidencias. 26.756 espectadores llenaron el nuevo estadio de Anoeta sin pistas de atletismo. Gran ambiente en la despedida oficial de Imanol Agirretxe, que recibió la insignia de oro y brillantes de manos del presidente del club, Jokin Aperribay, y realizó el saque de honor tras hacerle pasillo ambos equipos.

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