Vuelta a Wembley. Exorcismo, exhibición y un once sobre el que construir algo ilusionante

Volvía el Barça a Wembley, donde se había personado en tres ocasiones anteriores con un bagaje de la primera Copa de Europa del club en un día muy especial para mi, una prestigiosa victoria ante el Arsenal en fase de grupos de 1999, en la tercera temporada de Van Gaal; y a mi modo de entender la mayor exhibición de fútbol de la historia de las finales de la Copa de Europa en el año 2011 ante el United de Ferguson. Un estadio talismán, casi sagrado para el barcelonismo que volvió a facilitar que se viera un exorcismo que alejara los fantasmas de los últimos partidos de este comienzo de temporada.

Los dos equipos se presentaban disminuidos. El Tottenham por las bajas de jugadores muy importantes como Verthongen, Dembélé, Delle Alli y Eriksen; y el Barça por sus últimos resultados en Liga con 3 partidos seguidos sin conocer la derrota. Propuso Pochettino un encuentro de alta intensidad, diseñado para penalizar las dudas culés, sobre todo en salida de balón, pero se encontró con un Barça mucho mejor con el balón de lo visto hasta ahora y, no olvidemos, un gol nada más empezar.

Valverde por su parte, volvió a intervenir, esta vez con una especie de vuelta a los orígenes (back to the basics que tanto gusta decir ahora), con cierto toque de cuarto centrocampista en banda como vino haciendo el año pasado. El equipo se plantaba en un 1-4-3-3, pero con muchos matices derivados de las novedades.

En primer lugar, de atrás hacia adelante, la presencia de Lenglet. El ex-sevillista cuajó un extraordinario partido basado en tres pilares que son muy característicos de su juego: seguramente solo faltó el pase largo en diagonal, pero el jugar Messi centrado, no tenía habitualmente destinatario. Estas virtudes que ayer exhibió son en juego con balón, su limpísima, precisa y tensa en el pase, salida de balón, que limpió bastantes presiones inglesas, su anticipación (fue quien más balones robó: 10), y su juego aéreo, tan importante para esos seguros minutos de agobio en Inglaterra. Podemos estar muy tranquilos con la ausencia de Umtiti, pues a este nivel, Lenglet está, no ya para ser su reemplazo, sino para discutirle el puesto en el once.

La segunda novedad fue la presencia de Arthur, tan solicitada por la parroquía más ortodoxa barcelonista, entre la que me encuentro. Su posición, preferentemente en el interior izquierdo, aunque alternándose por momentos con Rakitić, le dio más seguridad al equipo, pues dio un recital de giros, pases (más verticales y cuando tocaba arriesgados que en anteriores ocasiones) y movimientos para ser opción de pase para el compañero.  Además, mejoró en lo de alejarse del balón, aunque todavía lejos de ser tácticamente perfecto, beneficiado por la inteligencia táctica de Busquets (magistral un día más en un escenario beligerante) que compensó muchas veces sus movimientos menos ortodoxos. Se doctoró en un escenario grande europeo, y se postula como un firme candidato a la titularidad en días grandes.

La tercera novedad no era referente a un jugador que entraba, sino a una nueva posición. Coutinho jugó de tercera punta por la izquierda, pudiendo amenzar la frontal, como ya demostró con su gol nada más empezar el partido, no siendo responsable de la gestión del juego ofensivo por obligación como cuando juega de interior, y reduciendo significativamente frente a su antecesor en la posición, Dembélé, las pérdidas de balón. Además, al haber mascado más la jugada de ataque por el mejor y más largo circuito previo de pases que catalizaban Arthur, Busquets y Messi, cuando bajaba, toda pérdida le pillaba al equipo mejor parado, facilitando la presión y evitando las transiciones en inferioridad.

Y a todo ello hay que sumarle el gol nada más empezar y un segundo golazo de Rakitic de remate de volea absolutamente majestuoso por la dificultad, precisión y estética del disparo. Con el marcador a favor el Barça pudo establecerse en campo contrario en una magnífica primera parte. La segunda comenzó con dos gemelares disparos a los palos de la Bestia Parda. Misma jugada, mismo desborde, mismo disparo y mismo poste negándole la sentencia. Y en la continuación del segundo poste, una contra del Tottenham encontró a Kane, que en una jugada de delantero con mayúsculas, aisló a Semedo, el indudable miembro débil de la manada ayer, y de un doble recorte y disparo, metió al Tottenham de nuevo en el partido. Había que ver cómo reaccionaba el Barça a la primera adversidad de consideración en Champions.

Lo hizo “Cum Laude”, enfriando los ánimos de la grada a través de la posesión exagerada en los siguientes minutos con un Busquets, Arthur y un Messi colaborando que prolongaban las posesiones, y que acabó culminando con una jugada de un minuto y medio en que tocaron el balón todos los jugadores de campo salvo los centrales, y que Messi culminó, tras haber habilitado a Alba en la jugada “marca de la casa”, embellecida por un doble amago de Coutinho y Suárez que dejaron pasar la bola para que Messi, esta vez sí, la alojara suavemente junto al palo que por dos veces le había negado unos minutos antes.

Parecía que era la sentencia, pero un error en el pase atrás de Alba, lo recogió Kane, para, tras varios intentos habilitar a Lamela, quien con la colaboración involuntaria de Lenglet, que desvió un disparo que seguramente se hubiera ido fuera, alojándolo en la portería fuera del alcance de Ter Stegen. Volvía a haber partido, y esta vez al Barça no le llegó con la posesión, pues el cansancio ya comenzaba a hacer mella en la precisión azulgrana y se vinieron momentos complicados, que acabaron por dar más valor al triunfo final. Entre un impresionante Lenglet, la renacida concentración de Piqué y la tranquilidad de Ter Stegen pudieron achicar aguas, para ya en el último minuto presenciar el hat-trick de asistencias de Jordi Alba para que Messi, tras otro fantástico amague de Suárez, cerrara el choque con el mismo resultado que en la anterior expedición como visitante a Wembley: 2-4.

He querido dejar para el final, lo que no por evidente y habitual, deja de ser absolutamente necesario mencionar: el partido de Messi. Dos goles, dos postes, dos penúltimos pases para mi particular Bestiapardómetro, y la sensación de dominio del escenario que solo él puede transmitir. A ello le sumamos un mando en plaza como hasta ahora no habíamos visto, ordenando compañeros, y predicando con el ejemplo en un esfuerzo físico que se plasma en el jugada previa al cuarto gol, donde va a presionar un balón hasta el córner después de haber desbordado por banda desde el medio campo, obligando al equipo que al ver correr a Messi sacó fuerzas de flaqueza para ir a la presión, robar y habilitar a su estrella de nuevo para que finiquitara el choque. No sé si atreverme a decir que presenciamos una actuación en el top-10 de su carrera, ya que quizás me esté pasando, pero desde luego sí que fue una actuación fuera del alcance de cualquier jugador, actual o pasado, por influencia y jerarquía. Disfrutémoslo mientras sigamos teniéndolo entre nosotros.

Vivimos sobre el césped de nuestro estadio favorito un auténtico exorcismo, para ahuyentar los malos presagios que el juego y los últimos resultados nos habían inoculado, y también vivimos el nacimiento de un nuevo once sobre el que construir la temporada. Un nuevo once de gala muy del gusto de una parte mayoritaria del barcelonismo, cuyas certezas pueden ser la base para múltiples alternativas dada la profundidad de la plantilla. Mi única duda estriba en que no veo a Valverde sentir este tipo de juego como suyo, aunque espero estar equivocado.

En cualquier caso, y para rebajar un poco la euforia, y citando al mítico señor Lobo de Pulp Fiction como podéis ver más abajo no echemos las campanas al vuelo (no estoy seguro que fuera del todo así, je,je) ya que estamos a principios de octubre, solo es la fase de grupos y el Tottenham tenía bajas importantes, por mucho que nos haya encantado el giro copernicano en el juego, que a los “ascetas” como servidor siempre es lo que más nos satisface de todo esto.

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