Un halo de esperanza

Primero fue nuestro querido Johan Cruyff y posteriormente Pep Guardiola. Ambos nos marcaron el camino. El talento enfocado en el juego de posición eran intrínsecos del club y se debía apostar. No solo era una teoría, cuando se puso en la práctica se alcanzó la gloria.

La directiva decidió apostar por otra hoja de ruta. Europa parecía conquistarse con mucho músculo, dejando de lado el modelo. Ernesto Valverde no parece el tipo de persona que pueda imponer un estilo. Podemos decir que es ese tipo de técnico de corte continuista. Su primer año así lo demuestra. Puso orden en el caos y sacó el mejor rendimiento posible en lo deportivo, no tanto a nivel futbolístico.

Aquello se le podía perdonar dado el contexto, pero sin la manta de resultados quedaría expuesto de forma vergonzosa. Esto ha sucedido en las últimas semanas, con un juego pésimo, sobreviviendo por las individualidades y además desterrando la principal virtud del pasado curso, la solidez. A nivel asociativo y del juego de posición no quedaba ni rastro. Tampoco íbamos sobrados años atrás, pero esto ya parecía el fin.

Los dos puntos sobre nueve hicieron mucho daño. Jugadores señalados y Valverde sentenciado. En la previa de esta segunda fecha de UEFA Champions League había un denominador común: el sistema táctico debía sufrir alguna variación para evitar los desajustes que se han ido sucediendo. El 4-2-3-1 como en la entrada de Lionel Messi contra el Athletic Club, mostrar un 4-4-2 asimétrico como el de la pasada campaña o un 4-3-3 prescindiendo de un Ousmane Dembélé que ha sido el jugador más representativo de este inicio de temporada.

Estas últimas palabras son debidas a que cuando ha hecho la guerra por su cuenta y ha conseguido resultados ha encontrado el beneplácito del público. Por el contrario cuando su lucha era en vano, se vislumbraban unas carencias alarmantes a nivel asociativo. Aislado completamente del trabajo colectivo y con una toma de decisiones un tanto cuestionable. Igual de cierto era el rumor que se podía caer el francés del once como que la entrada de Arturo Vidal nos acabaría de dejar cual almas pusilánimes.

Valverde el medroso sorprendía a propios y extraños con su propuesta. Se olvidó de guerreros y dio pasó a un Arthur Melo que es la gran esperanza. El Barça se desargentinizó y Messi sonreía. Nueva exhibición en Wembley, estadio fetiche para el barcelonismo y en Londres. Ciudad en la que predicaron que el Rey había abdicado con esos premios absurdos, sin valorar que es mucho más que eso, es Dios Nuestro Señor o como dirían por Chamberí, el argentino hizo explotar el bestiapardometro.

Si me lo permitís, Messi se gana dichos calificativos al realizar actos sobrehumanos de forma rutinaria y por ello vuelvo a la figura de Arthur para ensalzar su noche. Hay que centrarse en el joven centrocampista brasileño porque es la Esperanza, hay que escribirlo en mayúsculas, la importancia que tiene así lo requiere.

“Todos los que han llegado son muy buenos, pero Arthur me sorprendió. Es muy confiable y muy seguro. Salvando las distancias, me recuerda a Xavi. Tiene un estilo muy parecido. Juega cortito y no pierde el balón”.

Lionel Messi.

https://twitter.com/Don_Iniestazo/status/1047822849694732288?s=19

Su presencia hizo mejorar la versión mediocre de sus compañeros, que eran cuestionados semana a semana. Philippe Coutinho partiendo desde su zona de confort es absolutamente letal, todos sus movimientos son dignos de ocupar la posición de extremo. Es posible que se pula para el interior, pero ahora mismo no es viable, sin partir el equipo. En dicha parcela ofensiva Luis Suárez, dentro de sus actuales limitaciones, volvió a generar espacios, fijo a los centrales y se vacío en la presión a los rivales.

En la medular este 8 al que habría que realizarle un estudio genético para entender cómo tiene este ADN, siendo natural de Goiâna y haciéndose grande en Porto Alegre, infringía un soplo de aire fresco a sus dos compañeros sumamente exigidos por el contexto. Ivan Rakitić no estaba tan condicionado a dar fluidez al equipo y podía maximizar sus virtudes. Sergio Busquets fue uno de los hombres más felices al volver a tener un aliado reflejado en su 100% de pases precisos, recordando movimientos que parecían olvidados y teniendo esa salida del toco y te generó espacios.

Ordenarte a través del balón te da pie a que cuando lo pierdas te encuentras mejor posicionado. La presencia de Arthur ha multiplicado los espacios para construir acciones de progresión y eso hace tiempo que se había perdido en pos de la individualidad. Quién nos diría que un brasileño sería el defensor de un estilo que gente del “Barça” y que ocupa parte de la directiva no ve como ganador. Hoy muchos tenemos una sonrisa en la boca. Esperemos que no sea un hecho puntual pero queda claro que Arthur es un halo de esperanza para los jugadores y para gran parte de la afición.

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