Sumando minutos para sus highlights

Hay una edad en la vida donde el ser humano intrínsecamente necesita idolatrar a una figura pública. Sentir una admiración irracional, haga lo que haga, nuestra figura estará por encima del bien y del mal. En mis tiempos las niñas debían posicionarse en una de las Spice Girls o en uno de los Backstreet Boys. Caras pintadas, llantos desconsolados y chillidos tan agudos que podían reventarte los tímpanos.

A su vez, los niños tenían el balón como lo más importante en sus cortas vidas. Aquella media hora del patio era más importante que cualquier mundial disputado. Ronaldo fue mi primer gran ídolo y maldeci a Josep Lluís Núñez por no aflojar la billetera en aquel titán que iba a convertirse en una deidad futbolística. Posteriormente fui de Figo, muy por encima de Rivaldo. O se era de Figo o se era de Rivaldo, eso era así.

Me acuerdo que salí del hospital y me informaron que debían operarme de un quiste en la rodilla. Era una intervención sin importancia pero pasar por el quirófano siempre da respeto y más en esas edades. Iba abatido en un taxi junto a mi madre, volviendo a casa y en la emisora se daba por hecho el fichaje del extremo luso por el eterno rival. Mi mente no se lo creía, pocos días antes había leído una entrevista realizada diría que por el Sport en Mallorca con el extremo luso posando con la camiseta del Barça y jurando amor eterno.

“Esta es y será mi camiseta. Gane o pierda Florentino las elecciones, no seré jugador del Real Madrid. Solo jugaré en el Barça”.

Luis Figo para Sport.

Al llegar a casa, estaba la televisión encendida y aquel ídolo posando de blanco. Fue un golpe cruel, al nivel de que tu novia se enrolle con tu mejor amigo en tus morros. Acto seguido me fui a la habitación y destruí un par de pósters de aquel tipo que sería el mayor judas de la historia y la persona que me hizo entender que por encima de cualquier nombre siempre perdurará el club. Ese amor hacia unos colores, no dependerán de un futbolista, un entrenador o una junta lamentable.

En la actualidad los ciclos continúan. Ahora suspiran por los Triunfitos o algún romance que se de en la casa de Gran Hermano. A su vez, puedes observar gracias a las redes como hay chavales que son capaces de situar a Ousmane Dembélé en un pedestal que todavía no se ha ganado. Portando su nombre como nick, fotos o realizando defensas hacia él con poco fundamento.

Soy el primero que quiero que triunfe, básicamente porque de sus éxitos pueden ir ligados los del FC Barcelona y también soy el primero en dudar mucho que lo consiga. En este parón de selecciones en contexto Barça se ha repetido mucho una jugada suya con Les Bleus, donde arranca con una velocidad vertiginosa, en línea de cal hace un recorte y destruye al defensor islandés y realiza un centro de rabona con la incoherencia que supone con su condición de ambidiestro, enviándolo excesivamente alto, sin fuerza y en una zona donde no se ubicaba ningún compañero.

https://twitter.com/Millkaas/status/1050465210409119746?s=19

Cada tweet que citaba el vídeo lo ensalzaba. Precisamente es la jugada que nos muestra la principal carencia de Dembélé, la toma de decisiones. A día de hoy se sustenta de sus individualidades y su crédito lo consigue a base de goles. Su talento es innegable pero debe reconducirlo en pos del colectivo y no seguir sumando minutos a sus highlights particulares. Cuanto más consiga el Barça volver a su esencia, más complicado tendrá Ousmane de poder triunfar vestido de blaugrana.

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