La historia de la relación entre Ajax y Barcelona

Traducción del artículo publicado originalmente por Ryan Ferguson para These Football Times.

Hoy en día, para un niño que empieza a enamorarse del fútbol, hay una diferencia abismal entre el Barcelona y el Ajax. El Barça juega en una liga popular con super estrellas en todas las posiciones, mientras que el Ajax pasa desapercibido con su plantilla de jóvenes sin pulir intentando curtirse. El Barça tiene una afición global que lo convierte en un titán comercial. El Ajax es un club respetado, pero la situación actual del fútbol hace muy improbable que progrese.

Aun así, como saben los aficionados de cierta edad, fue la seda rojiblanca de Amsterdam la que imbuyó una parte importante del significado sagrado de la seda blaugrana del Barcelona. Estos gigantes del fútbol están cortados con el mismo patrón, y con personas como Rinus Michels y Johan Cruyff, entre otros, algo de ADN pasó del uno al otro.

Ambos clubes son entidades separadas, con culturas e identidades diferentes, pero comparten una actitud y un modus operandi. El Ajax abrió el camino e iluminó el sendero que el Barcelona siguió, refinando una filosofía común hasta prácticamente la perfección. “Somos el hijo del Ajax,” dijo el presidente del Barça Josep Maria Bartomeu en 2014. “Durante años hemos mirado lo que hacen los equipos jóvenes del Ajax, los métodos de formación y la organización. Hemos aprendido mucho del Ajax. Gracias a Johan, especialmente. Pero en la vida a veces el hijo supera al padre.”

En efecto, la era de la tecnología ha sido gentil con el Barcelona. Su reciente éxito coincide con un boom de la economía del fútbol a nivel mundial, y ha llevado al club a un crecimiento exponencial. Aun así, aunque haya una gran parte de originalidad, el Barça que vemos hoy no habría sido posible sin el Ajax de antaño.

El Ajax siempre ha jugado un fútbol divertido, pero a menudo era un fútbol divertido en el vacío, sin una base filosófica. Jack Reynolds, un perfecto inglés, entrenó al equipo en tres etapas distintas – 1915 a 1925, 1928 a 1940 y 1945 a 1947 – y muchos creen que él puso los cimientos de la revolución deportiva que más tarde llevaría al Ajax y al Barcelona a la gloria.

Reynolds animó a sus hombres a expresarse sobre el campo. Le gustaba el fútbol ofensivo con imaginación y espontaneidad, y su visión estaba presente en su incipiente cantera. Reynolds condujo al Ajax a su primer título nacional en 1918, cuando el fútbol holandés aún era amateur. Bajo su mando lograron siete campeonatos más y Reynolds plantó la semilla de la que crecería un poderoso roble.

El Ajax perdió fuelle cuando Reynolds se retiró, pero el austríaco Karl Humenberger llevó al club de nuevo al éxito en los inicios del profesionalismo. El Ajax ganó la primera Eredivisie en 1957 y volvió a ganar el título dos años después. Aún así, el club seguía sin tener un carácter propio – una ideología que los guiara. El éxito no era suficiente. Hacía falta un cambio, y éste lo llevaron a cabo una serie de entrenadores, cada uno con sus retoques al principio fundamental.

Primero fue Vic Buckingham, otro inglés. Fue entrenador del Ajax entre 1959 y 1961, y otra vez entre 1964 y 1965. El Ajax ganó otra liga bajo su tutela, pero el impacto de Buckingham a la hora de revivir la ambición de Reynolds y desarrollar su intelecto fue mucho mayor.

El entrenador nacido en Greenwich odiaba el juego directo de “todos a la olla” que prevalecía en su país natal. Tras su experiencia como jugador en el Tottenham, como entrenador Buckingham buscaba crear algo más atractivo estéticamente. En el Ajax, se aprovechó de los recursos que tenía para crear estilo de juego más intelectual. Un tal Johan Cruyff surgió de la cantera bajo el mando de Buckingham, y el intrépido entrenador más tarde se iría al Barcelona, creando el primer vínculo claro entre Ámsterdam y Catalunya.

Aunque los esfuerzos de Buckingham para modernizar el Ajax son dignos de recuerdo, su reinado también tuvo sus peros. El Ajax jugó un fútbol vistoso, pero aún formaba con la rígida formación W-M, un sistema popular de la época. Un brillante jugador del Ajax disfrutó trabajando para Buckingham, pero sentía que Vic nunca fue lo suficientemente lejos en su iconoclasta. Para Rinus Michels, un fino delantero holandés, debía existir otra forma; una concepción de la posición más fluida. Apreció el progreso del Ajax, pero una nueva idea se forjó en su mente.

Cuando Buckingham se fue del Ajax por segunda vez en 1965, Rinus Michels estaba preparado para reemplazarlo. Tras marcar más de 120 goles en su carrera y ganar dos títulos en Holanda con el Ajax, Rinus pasó a los bajos fondos del fútbol, dirigiendo al JOS y al DWS, dos equipos pequeños de Amsterdam, antes de ganarse su trabajo soñado en el Ajax.

Aunque supuestamente profesional, la organización del fútbol holandés aun era bastante rudimentaria cuando Michels tomó el control. Solo los jugadores top tenían sueldos significativos, y muchos tenían otros trabajos para llegar a fin de mes. De forma similar, Amsterdam estaba muy lejos de ser la sofisticada y cosmopolita urbe que conocemos hoy. Sin embargo, una explosión de anti-autoritarismo creó una oleada de liberación social por toda Holanda, y el Ajax tuvo un papel importante en su crecimiento.

A un nivel básico, Michels fue un gran innovador. Inculcó la disciplina al Ajax, codificando la propuesta del club de forma clara y concisa. La amenaza del descenso era real al principio de su reinado, pero Michels cambio las cosas con una defensa férrea y un énfasis en el espíritu de equipo. Una vez el Ajax se asentó de nuevo, el entrenador buscó refuerzos de calidad capaces de desarrollar su estilo de juego.

Con Michels, el Ajax se convirtió en sinónimo de entrenamientos maestros centrados en la posesión de balón. Fuera del campo también implementó dietas más estrictas para sus jugadores, y la preparación de los partidos también se volvió más detallada. Pero por encima de toda la planificación y los sueños, de la reflexión y la estrategia, el elemento más importante de todos fue Hendrik Johannes Cruijff, el máximo exponente de la vida bohemia holandesa.

Es difícil datar el principio exacto del Fútbol Total, un sistema en el que los jugadores del Ajax cambiaban de posición con una fluidez alucinante. Algunos señalan la influencia de la arquitectura holandesa, que incentiva la extravagancia dentro de una idea disciplinada y unificada. Debido a su falta de tierra firme, los edificios holandeses muchas veces tienen formas y tamaños extraordinarios. Cada uno tiene en cuenta sus alrededores. De hecho, es una manifestación de su contexto. Lo mismo ocurre con el Fútbol Total.

Sin embargo, otros defienden que somos culpables de sobre-intelectualizar la filosofía del fútbol holandés al considerarlo una especie de plan genial creado en un laboratorio en De Meer. Hasta cierto punto hay algo de razón en esto porque Michels y sus ayudantes  trabajaron mucho para pulir esta idea.

Cuando el Ajax se enfrentaba en el campeonato local a equipos muy metidos atrás, Rinus animaba a sus defensas y centrocampistas a romper líneas y unirse al ataque. Como resultado, el Ajax dominada el juego, anestesiaba los partidos y ablandaba a los rivales hasta la extenuación con hábiles pases y una gran cantidad de alternativas. Este cambio no solo los hizo más dinámicos y potentes en ataque, también le quitó al oponente su poder ofensivo porque se forzaba a demasiados atacantes rivales a bajar y defender.

Los jugadores también fueron responsables de que el Fútbol Total funcionara inmaculadamente. Es fácil escribir alta prosa sobre la teología futbolística, pero en realidad el Fútbol Total fue un sistema muy basado en la improvisación. Simplemente transformaba el sentido común en algo que rozaba el arte, quizás de forma accidental. Cuando veas un espacio libre, ocúpalo temporalmente. Cualquier jugador podía ocupar cualquier posición en cualquier momento, en ataque y en defensa. Aquella intuición surgió tras años jugando juntos, entrenando juntos, y disfrutando de la compañía de los otros. También surgió de Cruyff.

Ya en su época en el Ajax, Cruyff empezó a retrasar su posición, buscando zonas con más espacios para recibir y crear una sutil destrucción. Era una forma económica y lógica de usar su energía, el espacio y el tiempo. Al final, otros jugadores del Ajax se le unieron: ¿Si le funciona a Johan – pensaron – por qué no me va a funcionar a mi?

A partir de ahí, una espontaneidad natural tomó el control. El Ajax derrochaba disfrute y emoción. También goles, victorias y títulos. Quizás la mayor influencia de Michels fue permitir a aquellos jugadores expresarse, manteniendo al mismo tiempo el orden a través de un comportamiento aparentemente estricto. Los resultados fueron fenomenales.

El Ajax pasó a la historia con un memorable triunfo ante el Liverpool en diciembre de 1966. Con 55.722 personas observando a través de la niebla en el Estadio Olímpico de Amsterdam, los de Michels electrizaron el continente con una hermosa actuación en la segunda ronda de la Copa de Campeones. Cees de Wolf abrió el marcador a los tres minutos antes de que un Cruyff de 19 años doblara la ventaja. Un doblete de Klass Nuninga amplió la ventaja, y el Liverpool solo consiguió el gol del honor por medio de Chris Lawler. Sin embargo, el Ajax no había acabado aun, y Henk Groot hizo el 5-1 al final. “La eliminatoria no está de ninguna manera cerrada,” dijo el entrenador del Liverpool, Bill Shankly. “Vamos a ganarles fácil. Les vamos a meter mínimo siete goles. Esto ha sido ridículo. El Ajax ha jugado a la defensiva en su propio campo, y nosotros nunca jugamos bien contra equipos defensivos”.

En realidad, el Ajax fue claramente superior al Liverpool, algo impensable antes. Ahora, con Michels insistiendo en una profesionalidad férrea y con una generación dorada, el Ajax era una fuerza a tener en cuenta. La vuelta acabó 2-2 en Anfield, dejando el marcador en un claro 7-3 para el Ajax. Fue una prueba de que la idea de Michels podía funcionar.

Aun así, al Ajax le faltaba experiencia competitiva en Europa. Fracasaron contra el Dukla Praga en cuartos y aquello enfureció a Michels. También lo inspiró a pulir la filosofía del equipo. Se firmaron jugadores clave, destacando a Velibor Vasović, un duro defensor que también poseía un pase muy preciso. Skaal Swaart, habilidoso extremo, siguió mejorando, mientras que Cruyff y Piet Kiezer crecieron en sus puestos.

Más allá de las manifestaciones técnicas y tácticas del Fútbol Total, éste también fue una metonimia del desarrollo personal. Michels se preocupó mucho de educar el talento y mejorar a su gente. Su idea incluía aquello, y pronto el Ajax se convirtió en un titán. Aun estaban un poco verdes en 1969 cuando el AC Milan les dio un revés en forma de 4-1 en la final de la Copa de Europa, pero la gloria estaba por venir.

Notablemente, el Feyenoord fue el primer club neerlandés en lograr la Copa de Europa en 1970, pero el Ajax tenía los cimientos para construir un impero mucho más sostenible. En 1971, inspirados por la necesidad de superar a sus grandes rivales, el Ajax finalmente consumó su destino al vencer al Panathinaikos por 2-0 en Wembley para levantar el prestigioso trofeo. Defendieron la corona durante dos temporadas, venciendo al Inter en Rotterdam y a la Juventus en Belgrado, además de vencer a Independiente en la Intercontinental de 1972.

Para cuando el Ajax logró su tercera Copa de Europa consecutiva, con Cruyff, Johan Neeskens y demás en su inimitable punto álgido, Rinus Michels hacia tiempo que había partido. Tras dirigirlos en su primer título europeo en Wembley, ante 83.179 personas, Michels sintió que su trabajo estaba hecho. Había llevado al Ajax de su depresión en el fútbol holandés al zenit de la competición continental. Le esperaba un nuevo reto, y consistía en hacer algo similar con el Barcelona.

Ștefan Kovács reemplazó a Michels en el Ajax. Fue lo suficientemente inteligente como para hacer pocos cambios a su legado, y los Amsterdammers lograron dos Copas de Europa bajo su mando. Pero cuando Kovács se fue para entrenar a la Selección Francesa en 1973, la era de dominio del Ajax comenzó a resquebrajarse. El club intentó vender a Cruyff al Real Madrid, e incluso acordó un precio récord. Sin embargo, Johan prefirió el desafío de reencontrarse con Michels en el Barça. El acuerdo se cerró rápidamente y Cruyff se convirtió en el primer jugador de un millón de euros.

Era hora de replicar la revolución del Fútbol Total en Catalunya.

Cuando Cruyff llegó en 1973, el Barcelona llevaba 14 años sin un solo título de liga. De forma similar, el pueblo catalán se encontraba oprimido por la dictadura franquista. El régimen estaba fuertemente asociado con el Real Madrid y, según algunos, apoyaba al club de la capital de forma deshonesta. La tensa rivalidad cobró tintes políticos, y la llegada de Cruyff coincidió con un periodo definitivo en la lucha.

En 1974, Cruyff llevó al Barça a su primer título de Liga desde 1960. El resultado más destacado fue un 5-0 en el Bernabéu, su mayor victoria ante el Madrid hasta entonces. Fue un partido que inspiró a las generación futuras de jugadores y aficionados. Los animó a soñar de nuevo. Un periodista apuntó que, marcando y liderando al Barça, Cruyff hizo más en 90 minutos para levantar la moral de los catalanes que los políticos en años.

El holandés ganó un solo trofeo más como jugador del Barcelona – la Copa de 1978. Sin embargo, su impacto en el resurgir de la esperanza catalana no puede pasarse por alto. Aquellos años de blaugrana le provocaron una profunda idea sobre lo que el club era y como funcionaba. Aquel conocimiento sería crucial cuando volviera como entrenador.

Johan Neeskens se unió a Cruyff en el Camp Nou, pero la relación entre Ajax y Barcelona aun no tenían consistencia o causa por aquel entonces. Michels revoloteó, entrenando en Amsterdam y Catalunya otra vez entre sus etapas en la Selección Holandesa. Pero nunca implementó su ideología en el Barça de manera totalmente exitosa. Aquella misión se la dejaría a Cruyff – su lugarteniente sobre el campo – una vez Johan terminó su carrera como jugador.

Ahí sería cuando el verdadero lazo entre Ajax y Barcelona tomaría forma.

Antes de que Cruyff pudiera revolucionar al Barcelona, necesitaba foguearse como entrenador. Tener ideas firmes y un espíritu insurgente era una cosa. Implementar esas ideas y darles vida era otra muy distinta. A pesar del final amargo de su segunda etapa allí como jugador, Cruyff volvió al Ajax para empezar su carrera como entrenador. A los 38 años, reemplazó a Aad de Mos en 1985. Podría decirse que el trabajo de entrenador no volvería a ser el mismo.

Cruyff entrenó al Ajax tres temporadas. No pudo ganar la Eredivisie en aquella etapa pero dos Copas de Holanda comenzaron a poblar su palmarés. El Ajax también ganó la Recopa de Europa venciendo al Lokomotive de Leipzig en una tensa final. Fue el primer título europeo del Ajax desde la Supercopa de 1974. También sentó los precedentes para el éxito futuro.

Al igual que en su etapa como jugador del Barça, el impacto de Cruyff no puede reducirse a los títulos. Como entrenador del Ajax, encarnó el espíritu de Michels para modernizar el club. Se estableció su táctica favorita, el 3-4-3, en todos los equipos del Ajax, desde los niños más pequeños hasta los profesionales. De Toekomst se convirtió en una fábrica de jugadores, con Cruyff dando oportunidades a jóvenes estrellas como Dennis Bergkamp y los hermanos De Boer. Otros héroes locales como Marco Van Basten o Frank Rijkaard también mejoraron con la ayuda de Cruyff.

Este trabajo de revitalizar la identidad del club generaría enormes beneficios en los años posteriores en Amsterdam. Sin embargo, al igual que Michels, cuando su trabajo dio frutos Cruyff ya se había ido. En 1988, sucedió a Luis Aragonés como entrenador del Barcelona, el otro club de su corazón. Aquí fue donde la bella interpretación del fútbol de Cruyff – en gran parte influenciada por Michels – fructificaría, creando un vínculo duradero entre Ajax y Barça.

La llegada de Cruyff al Barça como entrenador fue un Big Bang para el club. Sin él, las décadas de éxitos posteriores no habrían sido posibles, ya que él alteró el paisaje y dibujó la cultura que permitió la gloria de los años venideros.

Cuando llegó, el Barça tenía 10 títulos de liga en su palmarés; el Real Madrid tenía 23. Ahora, el tanteo es de 25-33. En términos de Copas de Europa, el Barcelona tenía cero cuando Cruyff llegó. Ahora tienen cinco, todas ganadas por jugadores producidos por su sistema y jugando con su estilo.

Antes de la llegada de Cruyff como entrenador, los éxitos del Barça siempre fueron de alguna manera pasajeros. No efímeros, pero tampoco una verdadera piedra angular sobre la que construir. La gloria era bastante caprichosa en Catalunya. Poco fiable, de hecho.

Quien mejor encarnó aquella esencia fue quizás Terry Venables, que consiguió cosas admirables en sus tres temporadas en el Barça, pero de una forma bastante caótica y sin una idea fija y global. Cuando Cruyff llegó al banquillo, el club había ganado solo dos títulos en 28 años.

Cruyff resolvió aquellos problemas e inculcó unas creencias fundamentales en cuanto a actitud, entrenamiento, fichajes y filosofía de juego que aun persisten. Cruyff levantó una doctrina moderna sobre las viejas ruinas del FC Barcelona. Sucedió que muchas de sus enseñanzas venían directamente del Ajax de Amsterdam. “No Cruyff, no Dream Team,” escribió Graham Hunter en Barça: The Making of the Greatest Team in the World (Barça: la creación del mejor equipo del mundo). “Sin Cruyff no habría habido una cantera coordinada y prolífica entrenada para jugar en un apasionante 4-3-3. Sin Cruyff, no habría habido Joan Laporta (el presidente más laureado del club). Sin Cruyff, no habría habido Frank Rijkaard y la resurrección de un club sofocado por su propia estupidez. Sin Cruyff, no habría habido Guardiola.”

Junto a Carles Rexach, un leal barcelonista, Cruyff se dispuso a revolucionar a los Blaugranas. Entraron en un club, y en una cultura futbolística, que no era especialmente receptivo a sus ideas. A pesar de la eminencia de Cruyff como estrella del Barcelona como jugador, las luchas internas plagaban varios niveles del club. Los aficionados no ayudaban tampoco, con abucheos cada vez que se pasaba el balón al portero. Por lo tanto, la labor de Cruyff incluía educar a los aficionados sobre el juego basado en la posesión, enseñar a los jugadores como dominarlo, y peinar el mercado en busca de nuevos jugadores que encajaran en su idea.

Veteranos como Txiki Begiristain, Michael Laudrup y Hristo Stoichkov fueron llamados a filas, y Cruyff también firmó a la antigua estrella del Ajax Ronald Koeman. Sin embargo, el entrenador sabía de su época en Amsterdam que la manera más económica de difundir su filosofía era tener una academia de élite. Enseñando a los jugadores al jugar, actuar y vivir de una forma determinada desde una edad temprana, se forma una nueva cultura. Después ésta se expande orgánicamente, creando super estrellas casi por ósmosis. Desde luego, hace falta una tremenda cantidad de tiempo, esfuerzo, dinero y conocimiento, pero la idea básica está clara.

La Masia, un viejo caserío alrededor del cual orbitaba la cantera del Barça, ya existía cuando llegó Cruyff. Tenía siete años, de hecho. Pero Cruyff le dio vida. Le dio una estructura y un objetivo. Le dio significado e importancia a la cantera, colocándola en el centro mismo del FC Barcelona.

Copiando directamente la Biblia de Michels, Cruyff primero se aseguró de que todos los equipos juveniles del Barça jugaran con el mismo 3-4-3 e intentaran pasar el balón con consistencia y en pocos toques. Tiki-taka, si se quiere. Anteriormente, la manera de formar y jugar de cada equipo se dejaba al capricho de cada entrenador. Aquello alimentó la naturaleza de los éxitos del primer equipo.

Cruyff también insistió en que los mejores jóvenes debían probarse contra rivales de más edad, y que cualquiera que pareciera lo suficientemente bueno debería tener una oportunidad antes de acometer fichajes caros. También animó al club a fichar jugadores de siete y ocho años, algo que el Ajax llevaba años haciendo. En retrospectiva, todo suena simple y familiar. Que conozcamos y respetemos tanto esta filosofía es una prueba de la asombrosa habilidad de Cruyff para convertir ideas extraordinarias en costumbres.

Cruyff deseaba crear un núcleo sólido de canteranos al que complementar con estrellas externas que encajaran en el nuevo credo del Barça. En este aspecto, un tal Josep Guardiola fue probablemente el primer gran futbolista en salir de La Masia completamente formado por la fábrica cruyffista.

Al ascender al primer equipo en 1990, Guardiola jugó como pivote, sabiendo cuando replegar y cuando dar amplitud, cuando retroceder y cuando presionar. Fue casi como si Cruyff se pusiera un pinganillo, como los quarterbacks de la NFL y sus entrenadores.

Tras algunos problemas iniciales, el Barcelona de Cruyff vio la luz. A partir de formas rígidas, aquellos jugadores crearon un fútbol suntuoso. En constante movimiento, intercambiaban posiciones y se expresaban, pero todo dentro de un marco de disciplina. Con el balón, su estilo era pensar rápido y moverse aun más rápido. Sin balón, presionaban con intensidad, impacientes por recuperar la pelota y marcar el ritmo del partido.

Al animar la expresividad dentro de un rígido molde filosófico, la verdadera genialidad de Cruyff se observó con claridad en un simple hecho. Los aficionados comenzaron a aplaudir; los partidos empezaron a ganarse, los trofeos comenzaron a acumularse. Rinus Michels hubiese estado orgulloso.

En sus ocho años como entrenador, el Barcelona de Cruyff ganó cuatro Ligas, una Copa del Rey, una Copa de Europa, una Recopa de Europa y una Supercopa de la UEFA. El llamado Dream Team marcó un nuevo estándar de excelencia en el Camp Nou, al que han aspirado sus posteriores reencarnaciones.

Aun así, Cruyff al final fue despedido debido a sus desacuerdos con el presidente Josep Lluís Núñez, que estaba resentido por la influencia del holandés. Cruyff tuvo más autonomía de la que normalmente disfrutaba un entrenador en España, y Núñez quiso cambiar aquello. Pero incluso cuando el legado de Cruyff fue infravalorado y muchas veces denigrado por los aficionados y ejecutivos del momento, su ADN corría por todo el club, de forma casi subconsciente. Estaba impregnado en la tela de las camisetas, imbuido en su mente. Se convirtió en el FC Barcelona, como había ocurrido con el Ajax de Amsterdam.

A principios de los 90, el Ajax disfrutó de un renacimiento con Louis Van Gaal, que añadió su propio concepto de riguroso esfuerzo físico a los finos productos de la filosofía de Cruyff. Logró un montón de títulos antes de llevar al Ajax de nuevo al éxito a escala continental.

Ganaron la Copa de la UEFA de 1992. Una cuarta Copa de Europa llegó en 1995, cuando los jóvenes Edwin van der Sar, Clarence Seedorf, Edgar Davids y Marc Overmars se unieron a veteranos consolidados como Danny Blind y Rijkaard para hacer magia. El Ajax incluso logró la Supercopa de la UEFA y se coronó como campeón del mundo un año después. Su estilo y constitución eran marcadamente cruyffistas, incluso cuando Johan y Louis no tenían una relación demasiado armónica.

Por supuesto, Van Gaal fue el siguiente entrenador en saltar del Ajax al Barcelona, reforzando el vínculo. Lo hizo en 1997 y procedió a ganar dos ligas en una etapa entre dos años como entrenador de Holanda. Durante su mandato, muchos ex jugadores del Ajax brillaron en el Barcelona. Llegó el delantero estrella Patrick Kluivert, así como Overmars, Jari Litmanen, Michael Reiziger y Frank y Ronald de Boer, entre otros.

Sin embargo, el Barça poco a poco perdió el rumbo cuando los egos crecieron, las deudas se acumularon y los planes cambiaron. Por suerte Cruyff estaba allí para reencaminar al club, aunque fuera solamente a través de un representante. En 2003, Joan Laporta, un leal discípulo de Cruyff, decidió presentarse a las elecciones del Barcelona. Laporta odiaba como se había despedido a Cruyff con tan poca clase, y quería resucitar una vez más al Barça usando el ejemplo de Cruyff.

Laporta ganó las elecciones y buscó el consejo de Cruyff sobre como implementar el cambio. El Barça intentó contratar a Guus Hiddink y a Ronald Koeman como entrenadores, pero resultaron demasiado caros. El club entonces se conformó con Rijkaard como figura revolucionaria, siguiendo la recomendación de Cruyff.

En muchos aspectos, Rijkaard fue una elección inusual. Sus credenciales como entrenador estaban lejos de ser estelares, con el primer descenso del Sparta de Rotterdam, el equipo profesional más antiguo de Holanda, como su última experiencia en los banquillos. Aun así, Laporta – y quizás más importante, Cruyff – sintieron que Rijkaard intentaba jugar al fútbol de la manera tradicional del Ajax y el Barça. Decidieron que era lo suficientemente joven, ambicioso y enérgico como para liderar el resurgir.

Rijkaard jugó a las órdenes de Cruyff en el Ajax, y aunque tuvieron algunas diferencias, era alumno de su maestro. Con la prisa por consagrar a Guardiola como un genio por crear al posterior super equipo del Barça, se suele pasar por alto el importante papel de Rijkaard en la transición. Hizo el duro trabajo de recuperar las famosas tradiciones del Ajax en Catalunya. También dejó una buena base para Pep.

Rijkaard reconstruyó la idea de Cruyff de juego rápido y ofensivo, y el Camp Nou se enamoró del él de nuevo. De forma similar, el Barcelona se enamoró de ganar trofeos de nuevo, logrando dos Ligas y la preciada Champions en el mandato del holandés. El Barça sufrió momentos duros con Rijkaard mientras los jóvenes canteranos como Lionel Messi acababan de formarse, pero Laporta mantuvo el rumbo, a menudo aconsejado por Cruyff, y vio el proyecto preparado para ser completado.

Mientras tanto, en 2007, el Barcelona y el Ajax formaron una asociación más formal, iniciada por el director técnico del Ajax Martin van Geel. Los clubes intercambiaron ideas y compartieron información sobre su filosofía futbolística, con un énfasis específico en la forma de entrenar y en los cuidados médicos. Es difícil evaluar como de profunda fue la conexión, pero fue el primer intento real de materializar un lazo que existía espiritualmente desde hacía mucho.

Cuando las cosas se complicaron al final del reinado de Rijkaard y la indisciplina se filtró en el vestuario, el Barça buscó un nuevo técnico. Y aunque Cruyff defendía el trabajo de Rijkaard, dijo que Guardiola, su preciado discípulo, estaba preparado para tomar el control.

Fue una diferencia importante respecto a las épocas anteriores en el Barcelona. Antes de Cruyff, el club lidiaba con la adversidad empezando de nuevo con entrenadores diferentes que predicaban estilos distintos y firmando jugadores totalmente diferentes. Con Cruyff aun influyendo bastante, a pesar de no tener un puesto formal en el Camp Nou, el cambio de entrenador también llegó, pero manteniendo intactos los principios que guiaban el club.

Como todos sabemos, Guardiola disfrutó de un éxito fenomenal como entrenador del Barcelona. Los Blaugrana ganaron tres Ligas, dos Champions y dos Mundiales de Clubes, entre otros muchos títulos, bajo su guía. Más importante, Guardiola volvió a un dogma de cruyffismo acérrimo, con jóvenes canteranos como Messi, Carles Puyol, Andrés Iniesta, Xavi y Víctor Valdés jugando su estilo de juego y siendo protagonistas en lo que muchos definen como el mejor equipo de la historia.

En 2011, cuando el Barcelona disfrutaba la mayor gloria que su filosofía había causado, Johan Cruyff por fin volvió al Ajax, esperando revivir la idea que había funcionado tan bien en Catalunya. Cruyff formó un equipo de confidentes, encabezado por Wim Jonk y Dennis Bergkamp, y luchó por quitar el control a los directivos que tanto odiaba. Tras una brutal guerra, Cruyff insertó un nuevo corazón técnico en el Amsterdam ArenA, con Edwin van der Sar como jefe de negocios, Marc Overmars a cargo de los fichajes, y Frank de Boer como entrenador.

Una desagradable batalla surgió cuando Louis van Gaal fue nombrado CEO sin el consentimiento de Cruyff, y dimitió debidamente en 2012. Aun así, sus nuevos discípulos guiaron al Ajax de vuelta a su identidad, con una renovada confianza en los jóvenes y nuevos intentos de jugar un fútbol atractivo. El Ajax ganó cuatro Eredivisies consecutivas, pero el éxito continental no llegaría. La falta de fair play financiero en el fútbol moderno hace que la gloria en ese terreno sea altamente improbable.

Johan Cruyff falleció en marzo de 2016, a los 68 años. Fue una pérdida terrible para el fútbol y también un aviso para la reflexión sobre la situación del Ajax y el Barcelona. El combinado de Amsterdam estaba entrenado por Peter Bosz, un outsider que parecía compartir la ideología del club. El Barcelona, por su parte, estaba dirigido por Luis Enrique, un hombre con su propia filosofía. El Ajax se encontraba luchando por romper su techo de cristal, sin los recursos necesarios para dar el paso definitivo a nivel continental. El Barcelona tenía tantas estrellas y tanto dinero que está en peligro de perder el contacto con las ideas fundamentales que lo hicieron tan grande.

Aun hoy, ambos clubes intentan jugar al fútbol de la manera correcta, quizás ya de forma subconsciente. Quizás sea éste, simplificando, el legado de Rinus Michels y Johan Cruyff. Nadie puede saber que depara el futuro para ambos clubes, pero puedes apostar que, en algún momento futuro, uno va a acudir al otro en busca de ayuda. Así es como ha ocurrido durante mucho tiempo.

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