Se puede repetir la excelencia

Siempre tendemos a catalogarlo todo por grupos. Básicamente desde que nacemos nos ubican en una clase determinada o en el trabajo, en un departamento concreto. Generar colectivos va intrínseco con la propia naturaleza del ser humano. De esta forma si me dijeran que ubicará a los entrenadores en cuatro corrientes lo haría de la siguiente forma.

Las raíces del Catenaccio siguen estando patentes en planteamientos que fomentan minimizar las virtudes del rival. En la actualidad su mejor ejemplificación la encontramos en el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone. El argentino es la bandera de esta estirpe y si en un principio se debía a la necesidad de luchar contra tótems como el FC Barcelona o el Real Madrid, sigue en este camino pese a tener más poder económico.

La puerta contraria como único objetivo. Todo se centra en llegar cuanto antes a la meta rival. Al extremo lo ha llevado Jürgen Klopp, primero en su famoso Borussia Dortmund y luego en el Liverpool. Presión alta para robar y golpear. No pretende posesiones estériles, dos o tres pases, balón en largo o una galopada para llegar con el máximo de hombres para tratar de hacer gol. Si el vendaval lo permite te harán 3 goles en 15 minutos, el caos y el vértigo son sus aliados.

Existen los que llegan y no hacen una revolución. Introducen dos o tres matices pero su línea es claramente continuista con el proyecto anterior. Son muy buenos en la gestión del vestuario y se hacen respetar por la presencia por una educación inusual en este mundillo. Carlo Ancelotti sería el buque insignia, pero también podemos encontrar otros como Zinedine Zidane o muy a mi pesar Ernesto Valverde.

La cuarta división la encontramos en aquellos amantes del juego de posición que en la actualidad son hijos de Cruyff. Se enamoraron de la filosofía del neerlandés, siendo tildados en ocasiones de temerarios cuando van mal dadas o gurús (con sorna) cuando consiguen éxitos. Pep Guardiola subió la apuesta de su mentor y consiguió perfeccionar este paradigma.

En ocasiones habrá entrenadores que estarán entre dos consignas y no serán del todo clasificables e incluso habrá alguno que podrá mutar con el paso de los años, país en el que se encuentren o con la calidad de sus futbolistas.

En clave Barça vemos como el modelo que nos llevó a la gloria no está siendo la prioridad de una junta que prefirió apostar por el músculo y el vértigo. Siendo reacio completamente a este cambio de rumbo, prefiero que de hacerlo se apueste por un hombre que sea un genio llevándolo a cabo. En la poca valentía encontramos la opción de alguien que apacigue las aguas y no te ponga en evidencia.

Sin ir más lejos, al Camp Nou llegó un tipo como Quique Setién que se dejaría amputar un meñique para ser ilustrado por el gran Johan y menudo tributo que le rindió. Nos quedamos en ocasiones con la boca abierta al pensar que se habían equivocado en el vestuario al ponerse las camisetas. Si algo funcionó, no toca pensar que será irrepetible, toca trabajar e intentar llegar a aquella excelencia.

“Tal como estaba el partidopensamos que nos convenía meter un poco de caña e intensidad, el partido no estaba como para que nadie lo controlara, tener el balón atrás no es controlar, era una lucha ente una situación de hombre contra hombre y tiene llegada, agitó el partido y esa es su finción, apretar y la pega es que faltó un poco de tiempo en el intervalo del 1-2 y el 2-3. Nos faltó tiempo”.

Ernesto Valverde.

Eso pareció plasmar Sergio Busquets en una camiseta que regaló al cántabro al admirarle por su manera de entender el fútbol. El 5 blaugrana sabe de qué habla, muchos ilustres le nombran como el perfecto reflejo de nuestro añorado juego de posición sobre el verde. Ya hemos visto al de Badía, la sonrisa que se dibuja en su rostro al tener al lado Arthur Melo. Lo lleva en sus botas, echa de menos aquel fútbol.

Necesitamos un fiel seguidor de la doctrina del juego de posición, de lo que se inició con Cruyff y culminó Guardiola para afirmarnos que es el camino a seguir. No entiendo otro diferente. Es por ello que Quique Setién me parece una buena apuesta de futuro o cualquiera que se enmarque claramente en este estilo. De no seguir está disciplina no quiero un continuista, quiero un radical de sus ideas y que el club tenga la valentía de decir en público que se ha tomado otro cariz opuesto al que deseamos muchos aficionados.

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