La verdad sobre el caso Dembouz

Pasan las horas y Ousmane Dembélé no aparece por el entrenamiento. Esto ya excede sus habituales retrasos y el clan francés que trata de protegerle le llama para saber su paradero. Ni Samuel Umtiti, ni Clément Lenglet consiguen localizarle. Los pesos pesados y Ernesto Valverde comienzan a echarle en falta y el enfado va en aumento. Mientras la sesión transcurría, el delegado Carles Naval conseguía localizar a uno de los 37 amigos que vive con él y esté le dijo que Dembouz padecía de gastroenteritis o eso entendió dado su nivel de francés.

Siendo perro viejo y habiendo vivido a los Romário, Ronaldinho, Neymar, Dan… decidió llamar al Dr. Pruna para abordar la situación. Quién activa el protocolo anti resaca, drogas y enfermedades de transmisión sexual propias de estos jóvenes convertidos en super estrellas. Se personifica en su domicilio de la zona alta de Barcelona y le abrió ese amigo que respondió el teléfono dándole paso. En la penumbra decidió ponerse los guantes dadas experiencias similares y posibles contactos con alcohol, cocaína y drogas diversas, vómitos y secreciones sexuales varias.

Para su sorpresa se iba abriendo paso entre otros de estos colegas de su infancia de los suburbios de la Banlieu. Ni rastro de indicios que pudieran sospechar de fiesta que se ha escapado de las manos. No habían botellas, ambiente a marihuana o prostitutas por la vivienda. El doctor no conseguía tener una premisa de la situación hasta que se topó con Ousmane en uno de los sillones completamente dormido. Hasta pasado más de 15 minutos no consigue hacerle entender que es el médico de su club y que se ha olvidado de ir a entrenar. El solo entona repetidamente y cogiendo al doctor por los brazos: “¡me pilla la tormenta!”. A lo que el médico le propina un buen tortazo y el joven galo vuelve en sí.

En la exploración presenta escleritis y paraquinesis propias de haber pasado la noche en vela pero no había afectación de las pupilas propias de sustancias psicotrópicas. El doctor no sabía por dónde enfocar su diagnóstico. A continuación, divisó que tenía aún entre las manos el mando de la Play y sus dedos tenían deformaciones que encajaban a la perfección en sus dedos. Estaba claro, padecía una sobredosis virtual. Quedando atónito, Ousmane se apresuró en justificarse y le dijo en un español afrancesado: “Dolor au ventre”, a lo que el médico le respondió: “Oui, oui, au revoir”.

Salió de aquel nido de perversión cibernética y lo primero que hizo fue dar explicaciones a Carles Naval, quien es más que un delegado, el guardián del vestuario. Al descolgar el teléfono lo primero en escuchar fue: “¿Doctor de que se trata? ¿Alcohol, drogas o bacanal descontrolada?”, tras unos segundos de silencio respondió: “Mucho peor, quizás no tiene solución, se trata de un puto millenial atrapado en su jodida realidad paralela, creo que hemos perdido a este yonqui tecnológico de más de 140 millones de euros”.

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