La Bestia Parda gana más de media Liga con otra exhibición antológica

De nuevo, como hace quince días ante el Athletic, esta vez por obligaciones parentales con mis pequeñas princesas, me veía obligado a ver en diferido el partido del Barça. Volviendo a notar que a la hora de finalización del encuentro, el mundo seguía existiendo, lo pude ver con más tranquilidad. Aun más, cuando justo unos minutos después del final del partido, me llamaba mi padre, también ejerciendo de canguro con sus otros nietos en Zamora. No se lo cogí, pero enseguida, por si acaso le devolví la llamada por si pasaba algo grave, avisándole de entrada que no había visto el partido todavía, así que no podía comentar nada, a lo que me respondió con un demasiado seco: “luego hablamos”, que me dejó claro que bastante bien había ido la visita a Nervión, como efectivamente sucedió.

Era esta, para mi, la visita clave de lo que resta de temporada. Una victoria conservaba, como mínimo, la ventaja ante el doble encuentro en el Bernabéu, y además, podía considerarse la visita más complicada, estadística en mano, de lo que queda de Liga. Encima, Valverde se descolgó con los interiores infernales Rakitic-Vidal, con lo que la gestión del cuero en medio campo se suponía cuando menos complicada, como así fue. Dembélé esperaba en el banquillo en una nueva oportunidad para el cada día más melancólico Coutinho, excesivamente embriagado por ese fado vital que comentaba en el primer episodio del podcast del Estadi Johan Cruyff. Y atrás, la mayor de las novedades, la vuelta del Puyol negro, Samuel Umtiti, que volvía a jugar por primera vez desde el lejano empate en el Metropolitano allá por noviembre, y una vez superado el tratamiento conservador que le llevó por esos extraños designios a Doha.

Enfrente, Machin, le propuso un jeroglífico táctico, renunciando a sus hasta ahora innegociables tres centrales para dejar una defensa de cuatro, y doblar la vigilancia a Jordi Alba, con el habitual carrilero derecho Navas, como interior encargado de un marcaje casi al hombre. Arriba, Ben Yedder escoltado por detrás por el siempre motivado ante el Barça Sarabia, eran la apuesta hispalense para hincarle al diente de nuevo al Barça, como ya habían hecho con bastante éxito en Copa en Nervión. El partido comenzó con un Barça un tanto perdido, en el que la falta de ritmo de Umtiti le hizo mella en un par de fotos con resultado gol, y Arturo Vidal dio la peor de sus versiones, alocado con el cuero, ineficaz en la presión e inocuo en el área contraria. Y encima, una pérdida de Messi en un pase decisivo en la frontal del área devino en el contraataque que ponía por delante al Sevilla por medio de Navas. Todo parecía complicarse, entre el defectuoso planteamiento con ese centro del campo, el mal juego consiguiente, el fallo de Messi y el resultado en contra con un Sánchez Pizjuan enfervorecido.

Pero, claro, tenemos a la Bestia Parda. Y en una jugada, que había ya acelerado ya él en tres cuartos jugando en la frontal con Suárez que abrió para Rakitic, que libre de marca, al estar Navas siempre pendiente de Alba, y el lateral con Coutinho, tuvo tiempo para ponerla con la zurda con templanza y encontrar a un Messi que se había retrasado justo el metro necesario para poder recoger con una volea de primeras acomodando el cuerpo y poniéndosela inalcanzable a Vaclik en su escuadra derecha. Empate, y primeros sudores friós por la grada ante el despertar de su peor pesadilla. Sin embargo, aun tuvieron tiempo para en otro fallo posicional de Umtiti, y la pasividad de Piqué y Alba, llegar al descanso en ventaja con un buen remate cruzado de Mercado.

Valverde, desfizo el entuerto, sacó al negado Vidal y al más gris Semedo del último mes y medio, por Dembélé y Sergi Roberto, para hacerle pensar de nuevo a Machín, y jugar un arriesgado, pero en este caso valiente 1-4-2-3-1, con Messi al mando de las operaciones por el medio. Y de qué manera. El rosarino, reventó el Bestiapardómetro, con un segundo gol para empatar, trabajando la escuadra y la pierna contraria que en el primer gol, e igual de imparable para el portero checo del Sevilla. Y, después, con la entrada de un Aleña que ya no solo mejora y da continuidad al juego como ningún centrocampista es capaz en esta plantilla, sino que se atreve a asomarse al área y explotar su extraordinario golpeo exterior, la BP recogió un rechace de Kjaer a tiro del canterano para con una suavidad propia de un entrenamiento, levantar lenta pero inexorablemente el balón por encima de un entregado Vaclik, para que entrase despacio, con la menor velocidad de todos los goles que le recuerdo al 10. Y para evitar cualquier atisbo de reacción de los locales, habilitó tras acomodarse un balón en tres cuartos con el pecho, y sin dejarla caera a Suárez para que rompiera su sequía de los últimos partidos, con una fácil vaselina que certificaba el triunfo, y casi más de media Liga, tal y como están los rivales en el campeonato doméstico.

Y, esto que acabo de resumir en un párrafo, fue una exhibición antológica para acabar con cualquier atisbo de duda sobre su estado físico, otra más, que me recordó especialmente, la que quizás para mi es la mayor de las actuaciones de Messi en Liga con el Barça, y a la que tuve la fortuna de poder asistir en directo. Un partido, con el mismo resultado, y que había rememorado curiosamente esa misma mañana del partido en Twitter. Estoy hablando de aquel partido en La Romareda de marzo de 2010. Igual que en este partido, Messi estaba algo tocado. Igual que en ese partido, Messi marcó tres goles. Igual que en este partido, Messi habilitó al delantero necesitado y negado del equipo para que marcara, aquella vez cediéndole un penalti provocado por él mismo tras regatearse a toda la defensa maña. E igual que hizo Ben Yedder el sábado, a través de Twitter, Ander Herrera en la radio aquella tarde-noche en La Romareda, expresaron que no se podía ganar con un jugador a ese nivel. Entonces Messi había marcado los últimos 9 goles del Barça, esta vez llevaba 7. Han pasado nueve años y la vida sigue igual, afortunadamente…

Y es que no solo se han agotado los adjetivos para calificar a este tipo, sino que está llevando las comparaciones a un esfera desconocida. No ya ese a mi modo de ver irreal duelo con Cristiano al que solo sostiene la comparación en el #FutbolDeTeletexto, ni siquiera ese que le coloca en una pugna con Maradona, Pelé, Cruyff o Di Stefano por el podio de la historia del mundo. Para mi, también se le queda pequeña la comparación con otros deportistas históricos como Michael Jordan, Muhammad o Jesse Owens. Yo es que creo que ya podemos decir que ha saltado a otra esfera, y a mi modo de ver ha trascendido ya esta época, para codearse con Mozart, Leonardo o Alejandro Magno. ¿Exagerado?, puede ser, pero es así como yo lo veo, y esto no deja de ser un cuestión muy subjetiva.

No me voy sin actualizar el Bestiapardómetro que casi revienta el pasado sábado con los 3 goles y la asistencia de Luisito, y que ya queda como sigue, a la altura de la mejor temporada de cualquier futbolista de la historia, y estamos a final de febrero.

Bestiapardómetro.jpg

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