Goleada de difícil análisis futbolístico

El día después, se me hace difícil todavía entender el partido de anoche en el Bernabéu. No recuerdo un partido en el que haya estado más disgustado con el juego del Barça y que sin embargo cosechara un resultado tan brutalmente favorable, que nos lleva por sexto año consecutivo a la final de Copa, hito que seguro que nunca en la historia se ha repetido en el futbol español, y que deja la oportunidad de tener un nuevo “Barça de les cinc copes”, casi 70 años después.

Yo iba torciendo el gesto según se acercaba la hora del partido, que una vez más tuve la suerte de ver junto a mi padre, el primigenio Culé de Chamberí. Pese a que futbolísticamente, si todo se movía en cauces lógicos tenía mucha confianza en la victoria, tanto indicador favorable me escamaba cada vez más: esa estadística de la última década de visitas al Bernabéu, cuyos resultados nos clasificaban en más de un 75% de los casos, las dudas madridistas, #MisVikingos hablando de un 15-20% de posibilidades para el Madrid, la exhibición reciente de Messi en Sevilla… Y salía ese Culé fatalista que todo aficionado del Barça tiene más o menos dentro, y pensaba que alguna circunstancia sorprendente nos apartaría de la final.

Valverde, para variar sacaba un equipo más preocupado por el rival que por proponer, con Sergi Roberto doblando el lateral como en la infausta noche de Roma, repitiendo el once que salió en Lyon, con un resultado que por cierto nos mandaba para casa. Y la primera parte parecía confirmar el peor de los augurios. Un Barça horroroso en la salida e ineficaz en la presión dejaba una muy mala impresión, dejando al Madrid la iniciativa del partido.

Un Madrid que afortunadamente tiene como únicos argumentos la intensidad excesiva (hubo entradas muy tardías, incluyendo tacos clavados) y la entusiasta pulsión vertical de un chico de 18 años que se ha convertido en el clavo ardiendo al que se agarra el madridismo, cada vez más parecido al Saviola de Gaspart en cuanto a última esperanza de un equipo extraviado y venido a menos. La verdad es que si le quitaras los últimos dos segundos de cada jugada del brasileño, te quedaría un video de highlights para convencer a cualquier secretario técnico del fútbol mundial, pero su finalización de los ataques, fuera en pase o en tiro convertían su despliegue en meros fuegos de artificio. Además, al fondo, un rubio alemán vestido de verde chillón ponía el candado a su portería durante toda la noche.

Se llegó al descanso con 0-0, y la esperanza de que a poco que se mejoraran, se impondría la lógica. Empezaba la segunda parte y nada parecía cambiar, hasta que en el primer desmarque de ruptura de Dembélé, bien habilitado por Alba, acabó con un balón atrás del francés para que apareciera Luis Suárez y de un rápido y ajustado disparo, pusiera en ventaja al Barça, con merecimiento escaso, siendo generoso. El Madrid, tocó a rebato con orgullo, pero toparon con Ter Stegen y la repetida inocencia de sus puntas durante un cuarto de hora. Hasta que en otro balón al espacio a Dembélé, esta vez por la derecha, acababa con Varane, tirándose a la desesparada para evitar el seguro gol de Suárez y alojando la pelota en su propia portería. Hasta ahí, la eliminatoria.

Messi, mientras tanto seguía dosificando sus intervenciones hasta límites insospechados y había decidido una vez visto el resultado, radicalizar su ahorro de energía. Ni siquiera hizo falta su intervención para llevarse un resultado, otrora escandaloso e histórico, pero que increíblemene se está convirtiendo en una tárea funcionarial para el Barcelona, que cerró la goleada con un penalti de Casemiro a Súarez, que Messi le cedió, para no abandonar su noche de barbecho ni siquiera para romper esa estadísitica que decía que no había marcado todavía contra el Madrid en Copa. No era necesario.

Ahora, el sábado volvemos al lugar del crimen para si es posible certificar un título de Liga que solo el Barcelona puede echar a perder, viendo la falta de fiabilidad de sus rivales directos esta temporada. Yo lo veré en territorio amigo, pues en un rato me voy a pasar el Carnaval escolar esquiando en Boí Taüll, Lleida. Desde allí lo veré con uno de #MisVikingos.

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