Atreverse con alegría

No creo que a Philippe Coutinho se le pueda reprochar falta de atrevimiento. El problema, para desgracia del propio Coutinho, es que al atrevimiento conviene añadirle algunas cosas, como por ejemplo, alegría.

Desde su llegada al club, la cara del jugador brasileño parece contradecir la indiscutible capacidad técnica que le llevó al F.C.Barcelona generando una expectativa ilusionante. Coutinho está siendo, en términos generales, una sombra tanto de la expectativa como de la ilusión.

Ha mostrado evidentes síntomas de estar superado por el contexto (como si la idea dominante del equipo, lejos de maximizar sus fantásticas cualidades, ejerciera un efecto totalmente contrario). se atreve tímidamente (como si jugar al lado tanto de Lionel Messi como de Luis Suárez no fuera motivo más que suficiente para alegrarse), y da la impresión de que se resigna con excesiva facilidad (como si le pesaran demasiado los niveles de exigencia con los que convive el club del que decidió formar parte.

Recuerdo que cuando a Ousmane Dembélé se le pegaban las sabanas y algunas indisciplinas propias de la “inmadurez” le pusieron en el centro de todas las dianas mediáticas, el futbolista francés no tardó en tomar la mejor decisión de todas cuantas podía tomar: hacer todo lo posible por reducir las futuras dudas que se pudieran corretear por la almohada de Ernesto Valverde. Pues bien; con o sin sábanas a Philippe Coutinho le conviene despertar desde otro tipo de atrevimiento más regular y, especialmente, más incisivo.

En el fútbol hay que atreverse con alegría. Y si uno nació en el país donde nació Coutinho, con más razón. Es cierto que los últimos partidos del jugador brasileño han querido evidenciar una mejoría que parece querer llevarnos hacia un optimismo que vuelva a poner las expectativas en el punto de partida. Estoy convencido de que Coutinho está muy a tiempo de todo. Le sobra calidad como para convencer a la pelota desde la finura que tan solo atesoran los buenos jugadores, y tiene unos alrededores lo suficientemente maravillosos como para divertirse jugando al fútbol dentro de unos códigos que fortalecen la generosidad, la frescura y hasta la cana al aire.

Uno entiende que, a veces, algunos futbolistas pueden terminar siendo “devorados” por ciertas desproporciones que generan unidas a la urgencia de tener que “justificar” de inmediato el precio que se pagó por ellos. Es entendible. Pero en mi opinión, a Philippe Coutinho tan solo le falta hacer buena esa frase de, “quién no se ríe con la cara, no se ríe con los pies”.

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