La mesura como antídoto

No se descubre nada si uno dice que ser entrenador del F.C.Bacelona no es una tarea ni mucho menos fácil. A la exigencia de tener que “ganarlo todo” hay que unir al famoso entorno, siempre tan inquieto a la vez que combativo, y a esas dos cosas se suma la inevitable comparación con aquel equipo de leyenda dirigido por Pep Guardiola, y que logró marcar una época donde los buenos resultados llevaron implícita una incuestionable belleza que asombró al mundo entero.

Cuando un entrenador firma por el F.C.Barcelona tiene que saber imaginar respetando una memoria gloriosa, ha de agregar matices (si así lo desea) sin cortar las raíces de un estilo totalmente reconocido por todos y, finalmente, debe saber manejar una serie de códigos convivenciales para que las columnas de la cotidianidad resistan a las distintas tormentas que se vayan presentando.

Me gusta decir, y más ahora que el fútbol se ha vuelto más convulso de lo que me gustaría, “que a veces es mucho más difícil entrenar situaciones que entrenar jugadores”. En ese sentido, entiendo que hay mucho terreno ganado si uno tiene el talento suficiente como para afrontar cada situación desde una inteligencia emocional que sepa distinguir entre el valor y la prudencia, la logística de la intelectualidad, el reclamo inmediato (puede que desproporcionado en no pocas ocasiones) de la mirada que ve siempre un poco más allá .Ernesto Valverde está siendo, en mi humilde opinión, un entrenador ejemplar a la hora de gestionar situaciones comprometidas o momentos que amenazan la buena salud del trabajo diario. Hasta la fecha en la que nos encontramos, el “Txingurri” se ha enfrentado con grata mesura a todo lo que tenía un carácter difuso, perturbador o, cuanto menos, incómodo.

Cuando Ousmane Dembelé se convirtió en la “diana” de la sección supuestamente deportiva de todos los medios supuestamente informativos, Valverde no encontró mejor dardo que el de la naturalidad comprensiva que, a través de la ironía, trata de que todo el mundo salga ileso. Cuando Arturo Vidal se animó a mostrar su “disconformidad” por no estar jugando todo que consideraba que tenía que jugar, Valverde le invitó a no desesperar elogiando todas las condiciones del jugador chileno, esencial para muchos a día de hoy. Y si nos referimos a Philippe Coutinho, cabe decir que Valverde no abandona la idea de persuadirle haciéndole jugar, posiblemente, más de lo que pueda merecer.

Pero esta última apreciación no es más que una simple opinión personal. Lo que no creo que admita ninguna duda es la gran capacidad de gestión convivencial que viene demostrando Ernesto Valverde desde que la directiva decidiera poner al equipo en sus manos. Llegó, vio y entendió que más allá de cuestiones fitbolísticas siempre abiertas a debate, a veces no existe mejor antídoto que la mesura. No le ha ido mal.

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