Tras la sonrisa de Ernesto

Hubo una instantánea de la celebración del título culé que me llamó imperiosamente la atención, en ella se podía ver a un Ernesto Valverde solitario levantando la Liga con una media sonrisa. Transmite muchísimo esa fotografía, habla del carácter y la actitud de un técnico que con mucho trabajo y poco ruido está haciendo historia en el equipo culé. Parece que sostiene el trofeo como si no le perteneciese, con una timidez que resulta contagiosa. El año I de Valverde acabó con un doblete, pero con la losa de Roma. Esta temporada el Txingurri ha superado expectativas y ha hecho que el carro de sus críticos quede más vacío. Repasamos todas las pequeñas victorias de Ernesto durante esta temporada, gracias a las que el Fútbol Club Barcelona está a muy pocos partidos de ganar su tercer triplete en diez años.

Tras un buen mercado de fichajes, la temporada comenzó con más dudas que certezas. Leo marcó en el Gamper el objetivo de manera meridiana, la copita linda se convertía en prioridad y Ernesto lo supo desde un primer momento. Los culés empezaron su andadura este año ganando la polémica Supercopa de España en Tánger, con más suspense que buen juego y con un Dembélé discutido que ya empezaba a reivindicarse. En Liga, el Barça no encontraba el juego aunque los resultado llegaban. Los culés en la competición doméstica son como un martillo pilón, Ernesto es consciente de ello por lo que dejó el buen juego o estilo Barça en un segundo plano. Primero asegurar y después disfrutar. En aquellos momentos el Real Madrid era un gran equipo coral y el Atleti peleaba todo con el Cholo, quien nos lo iba a decir ahora. Ernesto Valverde recibió muchas críticas durante los primeros meses de su segundo año, yo era el primero que estaba esperándolo. Escribí que le faltaba carisma y actitud para entrenar a todo gigante como el Barça, pero ahora me doy cuenta que quizás sea eso su gran ventaja o fortaleza.

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Ernesto Valverde fue renovado por una temporada más.

Madrid y Atleti se desinflaban en una Liga bizarra, que nadie parecía ganar salvo Leo Messi. Precisamente, el argentino cayó lesionado en Octubre y todo invitaba a pensar en el desastre. Ernesto lo suplió con garantías, inventándose a un Rafinha que parecía defenestrado. Sin Messi, pero con orgullo, el Barça le endosó una manita al Real Madrid que dejó temblando los cimientos de un frágil proyecto blanco que ya no se sostenía. Llegábamos a Diciembre como líderes en la competición doméstica y en Europa, el juego todavía no aparecía, pero Ernesto sabía que eso todavía no importaba…

Llegó el 2019 que trajo de la mano a la Copa del Rey, esa competición que a los culés les daba pereza ganar y necesitaban para dosificar fuerzas. Tras el Chumigate, todo cambió. Se convirtió en un asunto personal y tras dos eliminatorias remontadas, llegó el Clásico copero. Dos partidos en los que los hombres de Valverde salieron reforzados a pesar de no ser mejor equipo que los blancos, algo que habla bien a las claras de la competitividad que ha inyectado el entrenador vasco a este grupo de jugadores. Sin jugar especialmente bien, se goleó en el Bernabéu y se ganó el billete hacia el Villamarín. Los culés utilizaron una competición que no interesaba, para destruir a su rival y dosificar jugadores a la vez gracias a la gestión de Ernesto Valverde, entre otras cosas.

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Ernesto Valverde observando a Ousmane Dembélé en el Santiago Bernabéu.

Esa semana fantástica se cerró con una nueva victoria ante un Real Madrid hundido. La Liga ya estaba a punto de caramelo, dos objetivos ya estaban superados pero todavía quedaba meterse en cuartos de final. Tras golear al Lyon en el Camp Nou y con un sorteo de Champions de los más benévolo, los de Valverde se empezaban a ganar el derecho a soñar. La losa mental de cuartos se comenzó a derribar en Old Trafford y se terminó de tirar en Barcelona, Roma formaba parte del pasado y ya se podía avanzar sin ese temblor de piernas. Las flechas rojas de Klopp, entrenador antagónico del buen Ernesto, son el último escollo para que los blaugranas alcancen la final del Wanda.

Las notas al año II de Ernesto Valverde se pondrán al final, porque lo que realmente importa es el metal. Aunque solo ganase la Liga, para mí y muchos culés el Txingurri ha vuelto a triunfar. Recuperó a Ousmane, creó el bastión Lenglet-Piqué, supo fusionar a los dos Arturos y se ganó las alabanzas de Leo Messi… Esas son todas las victorias de Ernesto, batallas en las que resultó vencedor con tesón, prudencia y silencio.

Todo lo que esconde su media sonrisa.

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