Gracias por todo, Xavi

“El fútbol es una herramienta magnífica para unir a las personas y cambiar vidas a mejor”; la frase es de Xavi Hernández, conocedor de que el fútbol es uno de los mejores escenarios para crecer intelectualmente, consciente de que la pureza de los sueños nos hace más dignos y convencido de que existe una pasión contagiosa recorriendo por las venas de quienes buscan la felicidad de eso que llaman éxito a través del mérito. ¿Cuántas pasiones caben en una misma pasión?. Si pensamos en Xavi Hernández, no tengo ninguna duda de que nos saldrían muchas: pasión por defender una manera de jugar que trata de no atentar contra la ética del espectáculo, pasión por representar los orígenes de un legado que bebió de las apasionadas fuentes de todo lo que tenía un marcado carácter subversivo, pasión por el reto de ganar cada partido mereciéndolo, pasión por tratar de explicar el juego apoyado en todas las pasiones anteriores.

He visto a pocos jugadores capaces de explicar el “por qué” y el “para qué” de las cosas, jugadores capaces de argumentar desde una lucidez amplia todo lo que hacen, todo lo que intentan, todo lo que buscan. Xavi Henández siempre ha sido uno de esos pocos jugadores. Digamos que es igual de feliz jugando que explicando el juego, como si la propia felicidad de jugar necesitara de una argumentación totalmente razonada que le regalara al placer un majestuoso libro lleno de justificaciones no solo estéticas sino también morales. Se dijo (no pocas veces), que Xavi hacía de su manera de sentir y estar en el fútbol una especie de paisanaje de verdades absolutas. Pero se equivocaban y se seguirán equivocando, como se equivoca la paloma del poema de Rafael Alberti; que por querer ir al norte fue al sur, creyendo que el trigo era agua. El futbolista catalán ejercía su derecho a reivindicar un tejido futbolístico profundo, siempre alrededor de la pelota, nunca desde la traición a todo lo que le enseñaron desde La Masía y respetando escrupolasamente los medios referenciales que persiguen el fin. Primero lo pensaba, después lo jugaba y, finalmente, se lo contaba a quienes le preguntaban. Ese ha sido el fútbol de Xavi.

Santo y seña de un estilo que no solo le permitió al FC Barcelona enamorar al éxito con bellos e inolvidables conciertos , sino del que también se benefició aquella selección de bajitos capaz de deprimir a cualquier rival que tratara de quitarle la pelota a los “hijos de Xavi”. Un estilo donde el juego es la causa y el resultado la consecuencia, donde el jugador es el principal protagonista y la pelota la mayor beneficiada, donde no existe mayor desequilibrio que el conocimiento del propio juego. Un estilo, en definitiva, abierto siempre a la seductora sensualidad de cada toque.

Xavi Hernández acaba de anunciar que colgará las botas cuando finalice la temporada. Pero debemos estar tranquilos porque aunque Xavi se retire del fútbol , el fútbol no se retira de Xavi. Su viaje hacia los banquillos, especialmente hacia al del FC, Barcelona no ha ha hecho nada más que empezar. Y eso es algo que nos mantiene alegres mientras nos preparamos para ser nosotros quienes le colguemos las botas en la percha del fútbol bien pensando, bien explicado y extraordinariamente jugado. ¡La pelota seguirá siendo suya, Xavi!

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