40 años de Basilea. Crónica de un asistente, el Primigenio Culé de Chamberí

Hace ya 40 años que aproximadamente 25.000 barcelonistas se echaron a la carretera, rumbo a Basilea, Basel en alemán, ciudad desconocida para la mayoría, cuya única referencia suiza se limitaba al chocolate, excepción naturalmente de los miembros de familias adineradas, por razones de las que, como diría Serrat, mejor no hablar.

Aquel año 1979, ni existía Internet, ni sorteo de entradas en la web, ni lista alguna en la que apuntarse, dándole a la tecla. La única forma de conseguir alguna de las entradas concedidas al BARÇA era hacer horas de cola en las taquillas de la Travesera, junto al viejo Pabellón del Picadero. Yo en aquellos días residía en Valencia y me era imposible desplazarme. Recurrí a mis contactos y como era entonces Asesor Jurídico de una Entidad de Crédito, a través del Banco corresponsal en Ginebra pude conseguir 3 entradas para mí y otros dos Abogados valencianos que se apuntaron por aquello de viajar a mi costa.

Salimos de Valencia el 15 por la mañana con el proyecto de pernoctar en Ginebra donde mi corresponsal nos tenía reservado un Hotel. En el trayecto, una “piedra en el camino nos separó de nuestro destino” en forma de rotura de cristal delantero, cerca de Nimes. Mis conocimientos de francés nos permitieron encontrar un taller que nos cambiara la luna por la tarde, eso si, a un precio a la altura. O sea que el viaje a Basilea me salió por un “ojo de la cara”, porque el seguro no aceptó el pago posterior. Con todo llegamos a Ginebra a tiempo de cenar una exquisita Fondue en la Place du Molard, donde ya coincidimos con varios barcelonistas de los que viajaron en coche propio, entre ellos el Decano del Colegio de Abogados de Barcelona, entonces Eugeni Gay, por cierto informalmente tocado con gorro y visera Blaugrana. No me perdonaría que se lo recuerde el hoy ex Magistrado del Tribunal Constitucional.

Basilea dista de Ginebra unos 300 Km. El viaje deleita con los extraordinarios paisajes suizos, bordeando el lago Leman y con el fondo de los Alpes. El día 16 de mayo lucía además un sol espléndido. Al almuerzo nos detuvimos en un Area de servicio cerca de Basilea, atestada de barcelonistas, llegados en autocares, que habían salido de Barcelona a media noche, lo que se detectaba en el entorno de sus ojeras, pero felices, ilusionados y cívicos, de impecable comportamiento. Eso si el buffet agotó existencias sin que nuestros consocios tuvieran mayores problemas con el endiablado alemán que se habla en el cantón de Basel, porque la mayoría de los camareros eran españoles.
Basilea es y era una ciudad no demasiado grande de unos 200.000 habitantes entonces. El Estadio de Saint Jakobs está situado en un parque bastante extenso, de frondosa arboleda. Entonces no existían las Fan Zones y cada quien se las arreglaba para llegar al Estadio, eso si guiados por rudimentarios carteles de cartón y flechas indicativas. Tampoco recuerdo especiales medidas de seguridad, ni cacheos, fuera de la exhibición de la entrada, por supuesto solamente en papel.

El Estadio era un recinto con una tribuna doble principal con voladizo e íntegramente de localidades de asiento, por supuesto reservada a la UEFA, autoridades e invitados de alto copete. El resto, los goles y la grada lateral opuesta se disponían en forma de circo romano con todas las localidades de pie. Para los muy veteranos tenía un cierto parecido con el viejo Campo de Les Corts. Para los de hoy, su mayor parecido podría ser con la Nova Creu Alta o el campo del Nástic, aunque desde luego más grande, pues entonces su cabida debía rondar los 70.000 espectadores. Hoy remodelado y con todas las localidades de asiento apenas pasará de 30.000 plazas.

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Los aficionados blaugranas en Saint Jakobs.

Mis contactos solo dieron para conseguirme una localidad de pie en el lateral, por lo que hube de soportar a pie firme las cerca de tres horas del partido, sus prolegómenos y la prórroga. Sin embargo el comportamiento de los más de 25.000 barcelonistas que me rodeaban,- los seguidores del Fortuna de Düsseldorf nuestro rival eran muchos menos a pesar de que esta ciudad alemana está a menos de la mitad de distancia de Basilea que Barcelona, fue ejemplar. No recuerdo una bengala, ni un objeto lanzado al campo y no recuerdo tampoco una especial invasión del césped al final. Solo cantos y el grito ¡Barça Barça! Repetido martilleante, incansable. Al final si recuerdo por primera vez haber oído el ¡Madrid C… saluda al Campeón!.

El Fortuna era un equipo alemán típico, atlético, muy organizado tácticamente que entonces contaba con varios jugadores de la selección alemana entre los que destacaba su delantero Klaus Allofs, su portero, suplente del gran Sepp Meier y un centrocampista de recorrido y buena técnica que creo recordar que se llamaba Horvath, también internacional. En el Barça recordar como figuras a Charlie Rexach, en la cumbre de su carrera, Hansi Krankl el austríaco que sacó a España del mundial de Argentina, Migueli, que jugó infiltrado y con el brazo derecho con un grave esguince de cúbito que se había producido una semana antes en la Liga española, Asensi, también en el pináculo de su carrera y dos jóvenes emergentes; Tente Sánchez y Carrasco a quien entonces nadie llamaba Lobo. En la portería un portero de garantías, nada espectacular pero muy seguro bajo los palos y en el uno contra uno; el guipuzcoano Pello Artola.

El partido empezó con un Barça muy dominador que se adelantó con dos goles de Krankl y Sánchez, pero el Fortuna forzó la prórroga gracias a Allofs. El partido fue de tal intensidad que ambos equipos llegaron a la prórroga extenuados y ello perjudicaba claramente al Barça, cuya complexión física era marcadamente inferior a la de los alemanes Basta recordar la planta de nuestro lateral Zuviría, como tantos un extremo reconvertido en lateral cuando todavía no se hablaba de carrileros,o la de Sánchez o el mismo Rexach que nunca alardeó de atleta.

Pero como tantas otras veces la técnica y el toque ese estilo que unas temporadas más u otras menos siempre ha caracterizado al Barça hizo el milagro. Charlie marcó el tercer gol con un tiro flojo- no podía con las botas según confesaría después- pero impecablemente colocado a la base del poste. Lo recuerdo porque yo estaba en la grada lateral a la altura de la frontal del área desde donde disparó Rexach. Recuerdo que un barcelonista a mi lado se había sentado, no sé si porque no le aguantaban las piernas o el corazón, y que al vernos saltar alrededor gritando ¡gol! se me tiró al cuello como un poseso. Recuerdo que aún marcamos un cuarto gol, creo que fue Carrasco, y que incluso el Fortuna volvió a acercarse con un tercero.

Luego la locura, cantos y lágrimas, el Barça volvía a la Historia. Quimet Rifé un entrenador de casa que había sustituído a Lucien Müller a media temporada, manteado por el equipo en el césped con la copa en las manos, que no sé cómo no se le cayó. Claro no era Ramos.

Recuerdo que al salir después de más de tres horas de pie tenía una sed enorme. En el estadio eso si no había bar alguno y ni vendedores mas o menos furtivos- estábamos en la primera Europa-. Tras dar un largo paseo por el Parque de Saint Jakobs hacia el coche, dimos con un Kiosco de bebidas. No se me olvidará nunca; me bebí una cerveza en botella de ¾ de litro- los alemanes y suizos en eso no escatiman-, recuerdo la marca y no hago publicidad, Mutzig. Creo que nunca he bebido una cerveza mejor. Luego al coche y 300 Km hasta Ginebra. De nuevo recurro a Serrat, No sabía o me preocupaba más, Tenía 30 años.

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