La diferencia

El último examen siempre es el más importante. No sé si el peor o el mejor, eso ya dependerá de cada uno, y añado que en mi caso la suerte nunca me sonríe, pero es de suma importancia, el que usamos de forma eficaz para autoengañarnos -una vez más- asumiendo su resultado como el veredicto definitivo. Una buena nota salva siempre el curso. Algo así, pero aún de forma más retorcida, parece volar por la cabeza de la directiva azulgrana que han otorgado a la final de la Copa del Rey el status de Título Supremo. Liverpool debió ser la preprueba del gran test de este equipo.

Perder, ese verbo corrosivo y narcotizante que es capaz de aturdir incluso al más fuerte, al mejor preparado, incluso a Messi, capaz de dejar con la misma cara a Valverde en caso de Ganar- Ernesto parece vivir en una derrota constante- ha anestesiado al FC Barcelona, lo ha paralizado dejándolo en una especie de gesto torcido, ridículo, medio desnudo. París, Turín, Roma, Liverpool, el tour del terror. El turismo salvaje por Europa. Perder. La diferencia la marca la Copa del Rey, que si se jugase la final en marzo ya nadie recordaría, pero que ahora vale una vida, dos, todas. En una jugada magistral por parte del club se han depurado responsabilidades sin responsabilizar, han asumido sin asumir. Solo han cambiado el peso estático de un título a otro. Ahora la Copa es más cool.

No se equivoquen, yo también quiero la Copa. Ver a Leo Messi levantar un trofeo es algo que aún no había apreciado, y engancha. Aquí, el problema es otro. No va con él. Ni siquiera con el apesarumbrado Valverde. Va con los que cambian necesidades, trasgiversan deseos y manipulan resultados. Al final si se gana la Copa la temporada volverá a quedar pintada de rosa, con los títulos gravados a fuego en la frente de Josep Maria Bartomeu. Europa, apartada, un accidente-otro más- en la lista de accidentes. Perder se ha normalizado, se ha institucionalizado como un mal menor y ya no es síntoma de decadencia, no es motivo de análisis.

David Foster Wallace decía que la diferencia entre Tarantino y Lynch era que al primero le interesa ver cómo se rebana una oreja, al segundo le inquieta la oreja. La diferencia entre los que dirigen al club y los que lo observamos desde fuera es que a los primeros les interesa solo  la victoria al aficionado le inquieta todo lo que viene detrás de ella. A veces ganar es mayor losa que perder.

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