Regreso al pasado

Existen situaciones o momentos en la vida que te ponen ante varios caminos a elegir. Lo mismo sucede en el fútbol; tiempos racheados que contribuyen a una paulatina pérdida de equilibrio, visión y perspectiva. Es muy fácil confundirse cuando el ruido mediático asociado al permanente show de nuestros días, resulta tan apabullante.Pero cuando el clima ambiental se vuelve inestable y la orina del paciente es de pronóstico reservado, lo más fiable es sentarse a pensar desde la calma, única manera de sumarle posibilidades al acierto con respecto a cualquier decisión. El FC Barcelona está, a día de hoy, ante una de esas situaciones o momentos donde acertar puede resultar maravilloso y confundirse podría ser letal. Incluso mucho más letal que dejar escapar una nueva Champions tras un inexplicable bloqueo mental atribuible a diversas causas. La situación a la que se enfrenta el club tiene varios caminos; la confusión suele ser tan generosa como traicionera.

Saber elegir aceptando todas las consecuencias de lo que uno elige suele ahorrar disgustos, y no saber elegir conlleva a tener que estar decidiendo permanentemente. Es algo obvio. Pues bien; el futuro del Barça dependerá en gran medida del camino que decidan transitar a partir de ahora. No es una cuestión baladí. Parece innegable que el equipo ya no es capaz de disimular una cierta decadencia futbolística, aseada por un Leo Messi cada vez más fatigado por tener que ser el principio y el final de todos los intentos, de todas las propuestas y, en definitiva, de cualquier sueño más o menos obsesivo. La realidad es la que es: el equipo ha ido diluyéndose cada vez más fácilmente dentro de un abandono tan entendible como perfectamente evitable; entendible porque resulta cómodo dejarse llevar por el mejor jugador del mundo, y evitable si desde el club se hubiera aceptado la norma de que en el fútbol actual conviene estar en pleno movimiento todos los días .

El FC Barcelona necesita hacerse un montón de preguntas, despejar cualquier mala tentación de esas que se llaman resultadistas y tener claro que un gran equipo se hace andando, no corriendo. El fútbol es un juego de hábitos donde el tiempo es un factor importante. Si lo que se quiere es volver al modelo, no queda otra que huir de palabras como obsesión, urgencia o inmediatez configurando una plantilla donde varios jugadores de la cantera (los más preparados para dar el salto), comprendan que son una parte fundamental del nuevo proyecto. Ir formalizando una pertenencia donde se disfrute y padezca la cotidianidad, para después de varios hervores (siempre que no se cambie al cocinero; esto es, al entrenador) se consiga alcanzar el espesor justo. Ese punto donde todos los integrantes se van descifrando, van surgiendo complicidades espontáneas o forzadas y donde tanto las alegrías como las tristezas van formando un carácter colectivo que sirve, entre otras cosas, para que el equipo encuentre su equilibrio y fortaleza. ¿Parece utópico? Puede. Pero utópico o no, ese es el modelo que reclaman muchos. Un modelo, por otra parte, que acercaría a ese estilo de querer ordenarse alrededor del balón, desordenarse alrededor del balón, ser generoso alrededor del balón, ser valiente alrededor del balón, ganar alrededor del balón y perder también alrededor del balón.

Creo, sinceramente, que al Barça le ha llegado la hora de ser algo más que un equipo que se tumba a tomar el sol mientras Messi planea viajes a La Luna. Aprovechemos los últimos años que le queden en activo al mejor jugador de todos los tiempos, para empezar a construir nuevamente algo que vuelva a asombrar al mundo entero, algo que le haga pensar a Messi que todavía está empezando, algo que estreche la relación afectiva entre los jugadores y la afición y, finalmente, algo que nos recuerde a los románticos más ganadores y atrevidos que pasaron por el FC Barcelona. Si no confían en Ernesto Valverde, dejen de exponerlo en la plaza del pueblo mediático y acaben cuanto antes con un cinismo impropio de un club que se considera serio. A partir de ahí, apuesten por un entrenador que conozca el andamiaje representativo del mejor Barça en términos futbolísticos. Olvídense de fichar sin más criterio que la falta de criterio, apártense del mal gusto que tan solo afianza la vulgaridad y entiendan de una vez por todas que cuando más lejos no se puede ir, quizá lo más sensato sea empezar a volver. Les toca elegir, señores.

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