Coutinho y el efecto mariposa

Es de sobras conocido el proverbio chino que nos enseña que “un gesto tan insignificante como el aleteo de una mariposa puede desencadenar un huracán en cualquier otra parte del mundo”. Si extrapolamos la idea principal de la cita al campo de la psicología nos topamos con la explicación de que cualquier cambio -en el ámbito y bajo el contexto que sea- lleva consigo una conexión, un hilo invisible, un efecto en cadena que asocia y vincula las decisiones que tomamos con todos los factores (humanos, biológicos, climáticos…) que ya habitan, transitan o se generan a nuestro alrededor. La teoría del efecto mariposa pone delante de nuestras narices algo a lo que todos, sin excepción, nos hemos enfrentado: el análisis de las posibilidades, acciones y consecuencias que nuestras decisiones pueden generar. Preguntas, teorías, dudas y ese ‘¿y si….?’ que tan a menudo se aloja en nuestras cabezas. Cada día, hora y minuto de nuestras vidas está definido por las decisiones que tomamos, ya sea de forma consciente o inconsciente. Incluso al no elegir, estamos tomando una decisión. Normal que le dediquemos tiempo: pueden cambiar una relación, un entorno, parte de una vida profesional o una carrera deportiva.

Nadie pensaba que el aleteo que esa habilidosa mariposa llamada Philippe Coutinho hizo en enero de 2018, a orillas del río Mersey, acabaría generando un huracán a casi dos mil kilómetros de distancia. Es más, si nos hubieran advertido que tal decisión conllevaría la llegada de alguna racha huracanada a la capital catalana, muchos hubiéramos asegurado que se referían a esa brisa fresca, agradable, no muy común, con cuerpo metálico y que tiene forma de ‘orejona’. No solo no ha sucedido, sino que donde ha llegado el ansiado huracán es precisamente en el lugar que Coutinho dejó atrás. Sin él, Klopp y el Liverpool han sido finalistas y campeones de la Champions League, feroces competidores de una maravillosa y emocionante Premier League que se decidió en el último suspiro y ganadores de la Supercopa de Europa. Además, aguardan con la ilusión que merece el asalto al trono mundial por el que lucharán este diciembre en (mira por dónde) Qatar. Todo envuelto en un traje diseñado por un carismático modisto alemán que, desde el exterior y basándonos en la percepción, desprende brillantez, esplendor y felicidad.

Hay que añadir que Coutinho también ha gozado de momentos de celebración en Barcelona. Ha conseguido dos (meritorios, aunque la maquinaria mediática se encargue de minimizar su importancia) títulos ligueros y una Copa del Rey. Ha sumado un título más que el cuadro red en el último año y medio. Sin embargo, no han sido tan estimulantes como el torneo europeo (solo hace falta ver el clima que existe en el entorno de uno y otro equipo) ni para el grupo ni para un Coutinho que se ha visto abducido y consumido por una serie de elementos que huyen de lo numérico, de lo matemático, de lo estadístico, del dos más dos son cuatro: el terreno emocional.

En Coutinho -y los ciento veinte millones desembolsados por él- veíamos las habilidades técnicas y creativas que había en sus piernas, pero desconocíamos qué había en su cabeza. En Coutinho veíamos capacidad para interiorizar los automatismos tácticos, combinativos y posicionales que se requieren (he estado a punto de poner “requerían”, en pasado) en el Barça, pero ignorábamos la predisposición que interiormente podía mostrar para hacerlo de forma eficiente. En Coutinho veíamos una notable pieza para potenciar, en cuanto a registros goleadores y showtime, el tridente que formaría junto a Suárez y Messi, pero no sabíamos hasta qué punto le podía afectar que la pelota no entra todo lo que debería durante espacios de tiempo prolongados. En Coutinho veíamos un jugador que podía colmar ese espacio que separa una muy buena plantilla de una plantilla que opta a todo, pero lo único que ha conseguido colmar es la paciencia del vaso que sostiene parte de la afición. Tras verle ‘en modo Liverpool’, de Coutinho esperábamos magia, grandes galopadas y rápidas conducciones, pero han sido tan fugaces que el único sitio al que este asunto nos ha conducido ha sido a Múnich mediante préstamo. En Coutinho imaginábamos crónicas y textos llenos de palabras, historias y capítulos para el recuerdo, pero hemos acabado topando con una página de Word en blanco y el cursor parpadeando a la espera de un momento de inspiración. De Coutinho sabíamos -como con cualquier jugador que no responde al nombre de Leo Messi- que podía tener cortocircuitos de vez en cuando, pero no esperábamos que el término ‘apagón general’ encajara tan bien con la sensación que el aficionado tiene tras el año y medio que ha defendido nuestros colores.  

Y aquí es donde vuelve a aparecer el efecto mariposa, la revisión interna que uno hace de las decisiones tomadas. Y es probable que haya llegado y se haya instalado, a lo largo de este tiempo y para bien o para mal, en todos los frentes involucrados: “¿Qué hubiera pasado si hubiera invertido estos ciento veinte millones en otro jugador?”, puede pensar Bartomeu. “¿Seríamos campeones de Europa de haberse quedado Coutinho en nuestro equipo?”, puede preguntarse Klopp. “¿Sería más feliz de haberme quedado en Liverpool en vez de vivir lo que he vivido en Barcelona para acabar viéndome abocado a una cesión?”, le puede haber pasado más de una vez por la cabeza a Coutinho. Preguntas que seguramente se han incrustado alguna vez en el imaginario de los protagonistas y que, además de ser imposibles de adivinar, nos ofrecen la gran lección que hay alrededor de la teoría del efecto mariposa: afrontar cada decisión con todas las consecuencias, siendo capaz de valorar lo positivo a la vez que trabajas para relativizar aquello que no ha salido bien. Y esto, amigas y amigos, no va de fútbol. Esto es la vida.

Una de las señales que indica que alguien está madurando es aceptar que el replay no existe en esta vida. Que la vida es un juego en el que muchas veces dispones solamente de una sola tirada de dados. Que hay situaciones en las que no solo no tendremos un ensayo general antes del estreno de la obra que protagonizamos, sino que muchas veces saldremos al escenario sin apuntador. Que el efecto mariposa estará ahí, regalándonos pero a la vez quitándonos oportunidades. El aprendizaje real es no pasarnos todo el tiempo atormentándonos por lo que ha sido, lo que no ha sido y lo que habría podido ser. Nunca sabremos del cierto si Coutinho se arrepiente de haber batido las alas de forma tan contundente hace dos inviernos. Lo que sí sabemos del cierto es que él, y solamente él, es el único que puede hacer que a partir de ahora todo vuelva a valer la pena.

Mucha suerte y que puedas volver a ser tú mismo en Múnich, Philippe.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s