Sonrisa efímera

Tras apoderarse de Philippe Coutinho el espíritu de André Gomes pone fin a su agonía personal rumbo a Múnich donde a su llegada y frente a las cámaras oficiales de la entidad bávara se volvía a vislumbrar esa sonrisa propia de anuncios de dentífricos o de clínicas odontológicas. 

Llegó a la Ciudad Condal hace año y medio con la vitola de súper estrella, siendo el fichaje blaugrana más caro de la historia condicionado en parte por el auge del mercado y la inflación que suponía ir de compras tras lo ingresado por su amigo de infancia Neymar Jr. Poca gente alzó la voz a su llegada, tímidos apuntes sobre lo elevado de su costo o las dudas que propiciaba su encaje en el engranaje de Ernesto Valverde. 

En el 4-4-2 asimétrico que se dispuso en el primer año del técnico cacereño, más que de relevo de Andrés Iniesta -su acometido primigenio-, se le usó como complemento, jugando en banda diestra principalmente, sin poder justificar su operación, pero consiguiendo culminar su jugada letal al borde de la frontal. Reinaba la tranquilidad, su calidad era indudable, faltaba adaptación e incluso se le echó muchísimo de menos al no poder utilizarlo en aquella UEFA Champions League donde todo se derrumbó en Roma. 

El siguiente curso ya no teníamos a Iniesta pero sí dos alternativas para ocupar el vacío de Neymar. Pese a lo importante que fueron los goles de Ousmane Dembélé en el arranque, donde fue clave en la Supercopa o Pucela pero también parecía palparse que el brasileño debía ser argumento y el anárquico galo recurso. Todo esto se fue erosionando, su apatía no era ficticia, su talento se minimizaba, todo era más lento y su parábola imparable dejó de serlo.

Aún así pocas críticas en público, solo en la red social del pajarito se atizaba sobre su figura y se ponía en duda su valía. Hasta que llegó el momento en el que su camino ya no era lineal y podía elegir dos opciones. Ante su Liverpool que precisamente consiguió la excelencia con su salida al poder elevar su estatus con dos piezas vitales como Alison Becker y Virgil van Dijk, consiguió un tanto de esos que te pueden reenganchar, pero decidió hacer oídos sordos a una afición plenamente en éxtasis.

La senda no tenía marcha atrás y más, tras los 96 minutos en Sevilla donde deambuló como alma en pena contra el Valencia certificando que su destino estaba más cerca de Mánchester, Londres, Turín, París o Múnich. Su fracaso tiene diversos motivos, difícil encaje en su posición ideal, rol más secundario que en Anfield y expectativas demasiado elevadas ante un jugador de de funciones demasiado específicas. Llegó para ser la samba cuando Lionel Messi estuviera maniatado en los mejores estadios del Viejo Continente pero solo pudo entonar Fados insuficientes en un rol clave para conquistar la linda y deseada. 

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Philippe Coutinho hereda el 10 de Arjen Robben y de otras leyendas como Roy Makaay, Lothar Matthäus, Mehmet Scholl, Stefan Effenberg, Michael Rummenigge o Uli Hoeneß.

En el tirano teutón lucirá el 10 y puede encontrar mayor acomodo si Nico Kovač opta por un 4-2-3-1 con el carioca liberado, teniendo en su retaguardia el trabajo de Corentin Tolisso y la fluidez de Thiago Alcántara con Ivan Perišić, Kingsley Coman o Serge Gnabry cogiendo el testigo de Robbery y los Thomas Müller y sobre todo Robert Lewandowski como los encargados del gol. También positivo alejarse de ese foco que ha podido cegar su fútbol y reencontrarse en un contexto menos voraz. 

No acabaré este artículo sin pisar el charco y vaticinar que la sonrisa de Cou será efímera. Me gustaría creer que rindiera como un top mundial para ejecutar esos 120 millones de euros, cifra para adormecer a la masa culé de una operación ruinosa o que volviera y rindiera como se esperaba. Mis deseos se me revelan como irreales ante una falta de autoestima difícil de recuperar para la súper élite y más con el modelo que reina en el Gigante de Baviera. 

Esta nueva “operación James” tiene poco riesgo para ellos a nivel económico y en la parcela deportiva solo con que su nivel sea aceptable ya les habrá sido rentable. A su vez, da la sensación que están esperando la oportunidad de sumar a la perla del Bayer Leverkusen, Kai Havertz. Pieza más acorde en su reconstrucción y por tanto, provocaría que Coutinho sea un hombre de transición, salvo que sorprenda a propios y extraños y encandile a un Allianz Arena necesitado de héroes. 

2 comentarios sobre “Sonrisa efímera

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