Patrick O’Connell: el héroe olvidado que salvó al Barcelona y ganó La Liga con el Betis

Traducción del artículo publicado originalmente por Damien McEvoy para These Football Times.

En 2017 el Real Betis inauguró un busto de su antiguo entrenador Patrick O’Connell en el Estadio Benito Villamarín en homenaje a su único título de Liga, ganado bajo los mandos del irlandés en 1935. El busto estaba encargado por la Fundación para la Memoria de Patrick O’Connell (Patrick O’Connell Memorial Fund), que fue la encargada de recaudar fondos para el proyecto en honor a un hombre cuya historia parecía olvidada.

Conocido por ser el primer irlandés en capitanear al Manchester United, el salvador del FC Barcelona y el hombre que trajo éxitos al Real Betis, la historia de este ex jugador y entrenador es tan triste como fascinante. Un hombre que dio tanto al fútbol acabó sin un duro y enterrado en una tumba anónima en Londres durante más de 50 años hasta que familiares y amigos, junto con varias personalidades del fútbol, incluyendo a Franz Beckenbauer, Paolo Maldini y el fallecido Johan Cruyff, prestaron su apoyo para honrar por fin a alguien que había hecho tanto por el fútbol, tanto en su país como – especialmente – en el extranjero.

Patrick O’Connell nació en Fitzroy Park cerca de Croke Park en Dublín en 1887 siendo uno más de 11 hermanos. Durante su estancia en Dublín jugó en varios equipos juveniles antes de fichar por el Belfast Celtic de la Liga Irlandesa. Su reputación creció rápidamente y se marchó a Inglaterra en 1909, primero en una etapa poco exitosa en el Sheffield Wednesday, seguida de un paso por el Hull City en 1912. Su esposa, Ellen Treston, con la que se casó en 1908, dejó atrás su vida en Irlanda para acompañar a su marido en Inglaterra.

Por aquel entonces el defensa ya era un fijo en las convocatorias de la Selección Irlandesa. Ganar el British Home Championship (torneo entre las cuatro selecciones británicas que se disputó entre 1883 y 1984, siendo el torneo de selecciones más antiguo del mundo) por primera vez en 1914 fue un gran honor para O’Connell, venciendo Irlanda a Inglaterra en Ayresome Park y a Gales en Wrexham, además de empatar con Escocia en el partido decisivo en Windsor Park. O’Connell jugó y fue el capitán ante los escoceses a pesar de tener un brazo roto.

El Manchester United pronto ofreció £1.000 por él. Aunque el club estaba en declive, aquel fue un gran paso para el irlandés, ya que los mancunianos habían conseguido su última liga solo tres años antes. Su traspaso a Manchester coincidió con el estallido de la Primera Guerra Mundial solo unos meses después, y en la siguiente temporada O’Connell pasó a la historia como el primero de sus compatriotas en llevar el brazalete de capitán en Old Trafford.

La polémica ensombrecería el encuentro del 2 de abril de 1915 entre los archirrivales Manchester United y Liverpool en un partido que los de O’Connell necesitaban ganar para evitar el descenso. El United ganó por un controvertido 2-0 con doblete de George Anderson, lo que implicó el descenso del Tottenham.

Sin embargo, un aire de sospecha amenazó a la victoria cuando los corredores de apuestas notaron un gran beneficio para los que apostaron al 2-0 cuando se pagaba 7 a 1. Tras la posterior investigación, jugadores de ambos equipos fueron declarados culpables de amaño de partidos. Por lo visto, varios jugadores de ambos bandos vieron la oportunidad de ganar algo de dinero con el futuro de la liga en el aire debido a la guerra y el miedo al desempleo planeando sobre ellos.

O’Connell escapó al castigo a pesar de fallar un penalty cuando el marcador estaba 1-0. Algunos sugirieron que era parte del plan porque sabían que otro gol caería pronto, mientras que otros dicen que lo hizo porque no quería tomar parte en algo que era tan obvio y aquella fue su manera de dejarlo claro. El partido estuvo parado un tiempo porque el tiro salió tan desviado que el árbitro supo que algo no iba bien. O’Connell, sin embargo, fue declarado inocente por la Football Association a pesar de tener fama de apostador.

Tres jugadores del United y cuatro del Liverpool fueron castigados con sanciones de por vida por su papel en el incidente. Se consideró a Jackie Sheldon, un ex jugador del United que había fichado por el Liverpool, el cabecilla de la trama, mientras que otros habían sido tentados pero rechazaron verse envueltos. Hubo quien sintió simpatía por los jugadores que temían que su sustento se acabara pronto. Aquel miedo estaba justificado, ya que todo el fútbol acabó suspendiéndose debido al creciente conflicto global.

O’Connell jugó para el Clapton Orient, el Rochdale y el Chesterfield hasta el final de la guerra aun estando registrado como jugador del United. Cuando el fútbol se reanudó en 1909, O’Connell se encontraba sin equipo, antes de que dos breves pasos por Dumbarton en Escocia y Ashington de nuevo en Inglaterra lo llevaran a decantarse por entrenar, donde acabaría siendo más exitoso. Sus logros como jugador-entrenador del Ashington sentarían las bases para un extraordinario periplo por España en el que se ganaría el sobrenombre de ‘Don Patricio’.

Su paso al continente también implicó que O’Connell se alejara de su esposa y de sus cuatro hijos. Se cree que vio su nuevo desafío en España como una manera de escapar de un matrimonio que consideraba agotado. Su esposa dejó su vida en Irlanda para acompañar a O’Connell en Inglaterra, y ahora su marido la había abandonado sin dejar dinero para que su familia sobreviviera en tiempos difíciles.

Mientras su familia pasaba apuros por la pérdida de su marido y padre, O’Connell disfrutó de una etapa exitosa en España. Comenzó con un paso por el Racing Club de Santander, donde ganó cinco títulos regionales y vio cómo su equipo se convertía en uno de los miembros fundadores de La Liga en 1928. Lo siguió un periodo de éxitos en el Real Oviedo antes de pasar en 1932 al Real Betis, donde sus éxitos harían que finalmente fuese homenajeado en 2017.

Sus triunfos con el Betis llamaron la atención de clubes más grandes, llegando a Barcelona en 1935. Ya había pedido el trabajo años antes, pero esta vez tuvo éxito. De la misma forma en que la Primera Guerra Mundial había puesto fin a sus progresos tras fichar por el Manchester United, en Cataluña la Guerra Civil cortaría su buen comienzo con el Barcelona.

La falta de partidos en 1936 llevó al Barcelona a una crisis financiera, haciendo difícil equilibrar las cuentas durante un periodo de agitación que pudo, sin exagerar, haber acabado en la quiebra del club. Si O’Connell no hubiese aceptado la oferta del empresario Manuel Mas Serrano para viajar a México y a Estados Unidos para una serie de partidos muy lucrativos, podría haber ocurrido lo peor. O’Connell supervisó la gira y ayudó al equipo a sobrevivir ingresando unos $15.000 gracias a sus esfuerzos, lo suficiente para saldar las deudas del club.

Sin embargo, la gira tuvo un precio y O’Connell volvió a España con solo cuatro jugadores al decidir el resto exiliarse en México y Francia. A pesar de la pérdida de jugadores, sus esfuerzos en Norteamérica aseguraron la supervivencia del club. No debe pasarse por alto lo crucial que fue aquella gira; sin ella, el club catalán quizás no habría existido años después para ver a iconos como Johan Cruyff o Lionel Messi entre muchísimos otros.

Se le incluyó en el Salón de la Fama del FC Barcelona en 2015. El presidente Josep María Bartomeu dijo de su ex entrenador: “Puede que Patrick O’Connell no sea tan conocido entre las generaciones más jóvenes, pero fue un entrenador valiente y leal que se entregó al club en una época muy complicada aquí, una época de guerra civil. Dejó una marca imborrable en cada club en el que estuvo, contribuyendo enormemente a la popularización del fútbol.”

Más tarde el irlandés volvería a entrenar tanto al Betis como al Racing, con un paso intermedio por el Sevilla. Sin embargo, no pudo repetir los logros de su primera etapa en España. Volvió a Londres y sobrevivió en base a ayudas públicas mientras vivía con su hermano. No pudo levantar cabeza sin el fútbol, se entregó al alcohol y acabó mendigando en las calles.

Murió de neumonía a los 71 años en 1959 y fue enterrado en el Cementerio Católica de St Mary en Kensal Road, al noroeste de Londres. Su hermano fue el único que acudió a su funeral. Yació en una tumba sin nombre durante más de cinco décadas. El hecho de que pidiese ayudas estatales sugiere que no volvió de España siendo un hombre rico. El Betis jugó un partido benéfico en 1954 para ayudar a su antiguo entrenador con sus dificultades financieras, pero sus penurias no acabaron.

La Fundación para la Memoria de Patrick O’Connell fue fundada para honrar al hombre que hizo tanto pero fue olvidado por todos. Atribuyen la escasez de archivos relacionados con O’Connell y su vida en España a la difícil relación del país con su historia moderna, donde incluso leer ciertos periódicos era peligroso en la época de Franco.

El Betis, sin embargo, siempre recordó a su antiguo entrenador además de cuidarlo con el partido homenaje. En el 75 aniversario de su título de liga invitaron al nieto de Patrick, Michael, y a su mujer Sue a España para las celebraciones. El jefe de comunicaciones del Betis, Julio Jiménez Heras, reiteró que el irlandés siempre será recordado con cariño en Sevilla: “Los aficionados del Betis saben quién es O’Connell,” dijo. “Las nuevas generaciones de aficionados no recuerdan a los jugadores de aquel equipo, pero saben quién era O’Connell. Era un hombre al que le gustaba la calle, que cogió cariño a la ciudad. Tenía una frase muy bonita sobre Sevilla – la ciudad ‘donde la gente vive como si fuese a morir esta noche’.”

El busto que se inauguró en Windsor Park en Belfast y que más tarde le regalaron al Betis en el Benito Villamarín fue un gesto para recordar los logros de O’Connell. Tendrá un lugar de especial orgullo en su museo, junto al trofeo de la única Liga ganada por los verdiblancos. La Fundación también restauró el lugar de descanso de O’Connell y finalmente su nombre luce en la lápida de su tumba.

Aunque los detalles sobre la vida de Patrick O’Connell, tanto el futbolista como el hombre de familia, siguen siendo escasos, la fundación aspira a conocer la verdad y contar la extraordinaria historia del irlandés, además de darle la decencia de que su nombre sea recordado a pesar de sus evidentes pecados.

No muchos irlandeses han dejado un legado tan duradero en el fútbol europeo, y es por eso que debe ser recordado con cariño. Que una figura que logró lo que logró O’Connell no sea recordada como uno de los hombres de fútbol de mayor calibre es una vergüenza, y es contando la maravillosa historia de Patrick O’Connell como su nombre logrará el respeto que merece.

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