El termómetro del Barça

Para adivinar el estado de salud del FC Barcelona no hace falta nada más que mirar a Busquets. Si Sergio sonríe, al Barça le va bien. Cuando el ‘Quitanieves de Badía’ disfruta, el barcelonismo puede sentirse seguro. Pero cuando al mediocentro se le tuerce el gesto, se encienden todas las alarmas. No hay nada como analizar un partido de ‘Busi’ para entender cómo ha sido el partido de equipo catalán. Busquets es el termómetro del Barça.

Lo lleva siendo prácticamente desde que Guardiola le dio las llaves del centro del campo. Un espigado jugador, de cara alargada, delgaducho. Con el 28 a la espalda. ‘Escondiendo’ el apellido de su padre. Para que nadie empezase a sospechar de él antes de empezar. Se sabe que la parroquia culé es muy nociva, especialmente autodestructiva con los suyos. Especialmente cuando pintan bastos. Y cuando Sergio se hizo con la titularidad, en Barcelona seguían las aguas revueltas. Acababa de terminar de mala manera la etapa de Rijkaard y de Ronaldinho. La de Guardiola empezaba con un tropiezo en Los Pajaritos. Y Busquets, con apenas 21 años, se hizo paso entre Touré y Keita para acompañar a Xavi e Iniesta y dar origen a la etapa más gloriosa de la historia del club.

Más allá de Messi, que come en una mesa aparte (que Griezmann me perdone), Busquets, una vez retirados Xavi e Iniesta, es el jugador más importante del Barcelona. Alrededor del mediocentro gravita absolutamente todo: la salida de balón, la construcción en fase ofensiva, la transición defensiva… Busquets es el faro, el que ilumina al Barcelona y el que da sentido y continuidad al juego del equipo.

Un juego que, desde tiempos de Martino, empezó a prescindir de los centrocampistas, para desesperación de Busquets, elevado con Luis Enrique, fiado al tridente y al juego de contrataque. Sergio no es el jugador más rápido, pero sí el más listo de la clase. Por eso sufre a campo abierto, expuesto cuando el equipo se descose como pasó en París, Turín o Liverpool, e imperial cuando trabaja en bloque y sus compañeros se mueven a su compás.

Que el Barça haya renunciado al juego de posesión (y de posición) en las últimas temporadas no ha ayudado a que Busquets pueda disimular el paso de los años y le ha convertido en uno de los señalados en ese entorno tan dañino del barcelonimso, potenciado ahora con Twitter. Muchas veces se habla de cómo será el Barça sin Messi, de la necesidad de construir un Barça sin Leo. Pero se tiende a olvidar en que no puede haber Barça sin Busquets. Ahora ha llegado Frenkie De Jong para ponerle solución a un futuro que pintaba negro.

Más allá de Messi, que come en una mesa aparte (que me perdone esta vez Cristiano), no hay un jugador que sea más irremplazable que Busquets. Fueron los únicos capaces de sostener al Barça en la infausta noche de Liverpool. A la que bajaron un poco sus prestaciones, uno y otro, el equipo se derrumbó, frágil, como un castillo de naipes.

No es de extrañar, pues, que el mejor partido del Barça en la época Valverde, haya sido, precisamente, uno de los mejores de Busquets en años. Con el borrón del pase falto de tensión que provocó el error de Rafinha, el partido de Sergi fue cum laude. Los niños sueñan con meter muchos goles, pero a los niños habría que enseñarles a entender el fútbol como lo hace Busquets.

Un partido que quedará eclipsado porque Griezmann metió dos goles y emuló a LeBron James en la celebración; porque Carles Pérez metió su primer gol y porque Ansu Fati debutó con 16 años. Pero si el Barça enganchó al Betis a pie cambiado, saliendo, fue porque, una y otra vez, Busquets usó sus tentáculos para recuperar infinidad de balones.

¿La receta? Un equipo que presionó muy arriba, que lo hizo en bloque, perfectamente acompasado, y que apenas se deshilachó, solamente en el gol de Fekir, en el que los centrales quedaron vendidos.

Sergi Roberto, De Jong, Rafinha, Carles Pérez y Griezmann hicieron sonreír a Busquets. Y cuando Sergio sonríe, el barcelonismo respira aliviado y disfruta. Porque no hay más que mirar al espigado mediocentro de Badía para descifrar el estado de salud del Barça. Por algo Sergio Busquets es el termómetro del Barcelona.

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