Noche redentora

No fue una semana sencilla en can Barça. Con la angustia que provoca ver a Leo maltrecho, el circo alrededor de Neymar Jr y la derrota plomiza en Bilbao las tuercas apretaban a Valverde y el equipo estaba bajo sospecha. Por eso la victoria frente al Betis tiene, ante todo, un halo de redención, de calma mentirosa. Los de Valverde pasaron por encima del Betis en el primer partido de Antoine Griezmann en el Camp Nou; los que no lo quieren deberán aprender a perdonar. O no, como Minguella. Pero a los del Barco Antoine nos da igual. Dos goles y una asistencia y un sinfin de movimientos acompasados. Como en “Érase una Vez en… Hollywood”, Antoine (Brad Pitt) convirtió en suyo el Camp Nou a falta del actor principal, un Leo Messi que hacía de papá en la banda (Leonardo Di Caprio). EL partido era de alto riesgo, y el galo de los rizo obró en consecuencia.

El partido transcurrió siempre hacia la misma dirección. El campo parecía inclinado hacia la portería bética que, a pesar de alinear a Canales, Fekir y Guardado, apenas tuvo un par de opciones de salir de su área más por calidad que por sistema. El Barça, herido, empujaba con firmeza, con un Busquets que volvió a demostrar porque es el mejor pivote que ha visto el fútbol en los últimos años. Convirtió la frontal del Betis en su particular camilla donde iba poniendo a todos los jugadores verdiblancos; Ni uno pasó por la zona del de Badia sin terminar anonadado. El ejercicio de Busi fue mayúsculo, más aún tras su suplencia en San Mamés. El Barça voló durante el primer tiempo por dos cosas: la primera es Antoine Griezmann. El galo es un jugador que tiene el partido en su mente, cartografiado. Entiende qué necesita cada jugada y agiliza el flujo ofensivo. Nunca le sobran toques. El segundo es la presión, tremendamente agresiva y acompasada, que impidió- salvo en una genialidad de Fekir- salir a los de Rubi de su campo. Ahí, Busi hizo suyo el partido.

Ayer vimos las intenciones de Valverde con sus interiores, que no son pasajeras y ya en Bilbao parecían apuntar la tendencia que se va a ver: avanzan muchos metros y buscan llegar al área rival mucho más. Esto convirtió el partido de Frenkie De Jong en una especie de quimera, porque el neerlandés jamás entendió qué querían de él tan arriba, escorado como un falso extremo. Roberto, sí estuvo cómodo, soltado y alejado de la primera fase del juego, presionando como un poseso y rajando la defensa rival. Pero dónde marcaron las diferencias fue arriba, con tres zurdos que entendieron siempre el partido. Destacar a Carles Pérez, académico, que encontró su particular regalo en un gol muy suyo. Control orientado y latigazo. Rafinha, jugando de nuevo de extremo izquierdo, pareció flotar más que correr: no jugaba, disfrutaba. Debemos creernos su talento, aún estamos a tiempo.

La mejora del FC Barcelona no impidió que, al descanso, las tablas estuvieran igualadas. Pero en la represa los locales se desataron. Busquets subió sus metros y demostró que el fútbol es contexto, que ningún jugador se escapa de él. Si le acercas a la frontal te da una clase magistral; robo, pase. Robo, pase, Y siempre con sentido. Si lo obligas a vestirse de Arturo Vidal, amante de las refriegas y la locura, parece otro. Tarea del equipo es lograr que Busi sea Busi. Hubo tiempo para el gol de Carles Pérez y el debut del jovencísimo Ansu Fati. La bisoñez de su rostro solo para tapar el descaro en sus movimientos. Su padre avisó que llevaba toda la semana sin comer ni dormir, y es normal. La gente tiene ganas de construir a héroes, para luego aniquilarlos. Las prisas, en el fútbol, nunca son buenas. El debut de Antoine Griezmann, quién ya avisó que tenía pensada su primera celebración emulando a Lebron James, y su confeti fueron la otra cara de la moneda. Ivan Rakitić, suplente y sin minutos. Primera vez que no es titular en dos partidos consecutivos desde 2017, antes de Valverde. Confeti y lágrimas.

Cerró un partido -casi- perfecto el FC Barcelona haciendo gala del sello de Ernesto Valverde; presión. Hasta en el minuto 85 seguían apretando. Tras el mal partido en Bilbao el equipo pareció entender que la pretemporada ya había acabado. Quizás lo único que faltaba era el confeti que Antoine nos tenía preparado. Noche redentora en el Camp Nou. Ya habrá tiempo para volver a subirse al carro.

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