Empate justo con sabor agridulce

La 3ª jornada del campeonato de Liga, me pilló sumido en medio de un último fin de semana largo en la playa antes de retomar la monótona rutina laboral que nos llevará ya hasta Navidad, en un año en el que el calendario de festivos no es especialmente amable para este último trimestre. Estando en territorio amigo, en Cambrils, contrariamente a mi situación habitual, tuve que buscar acomodo en un hotel para poder ver el partido en la sobremesa de la última paella chiringuitera del verano, y rodeado de guiris.

El Barça visitaba, tras el ilusionante triunfo ante el Betis, un estadio de infausto recuerdo infantil: El Sadar. Terreno donde uno veía caer de niño repetidamente a los proyectos del primer nuñismo. Derrotas asociadas la preciosa, pero gafé camiseta amarilla de Meyba. Esta vez, otra preciosa camiseta amarilla nos trasladaba a aquellos tiempos pretéritos, junto con el campo lleno y ensordecedor y la agresividad local.Valverde repitió alineación, como premio a la buena actuación del partido anterior, con De Jong y Sergi Roberto de interiores muy adelantados, y con Rafinha y Carles Pérez abriendo el campo para dejar espacio a las emboscadas de Griezmann. Sin embargo, el partido empezó en campo azulgrana, y casi en la primera ocasión, un error en salida de Alba, obligó a bascular a toda la zaga, dejando a Roberto Torres solo en el segundo palo, y empalmar de manera precisa e imparable un centro desde casi la esquina. 1-0, y cada vez más pinta de partido de la década de los 80, pues el Barça no se aproximaba siquiera a la portería de Rubén. Tan solo en los últimos 10 minutos de la primera parte, la entrada en juego de manera más continuada de De Jong consiguió asentar el equipo unos metros más adelante, pero cerrando la primera parte con una nula producción ofensiva con la que siquiera inquietar a la parroquia local.En el descanso, Valverde intervino, dejando en el banquillo a un desafortunadísimo Semedo, bajando a Sergi Roberto al lateral, y a Rafinha al interior izquierdo, y saliendo al campo el jovencísimo Ansu Fati, que tan buenas sensaciones dejó en el partido anterior. Y en apenas 5 minutos, el chico dejó claro que tiene algo especial. En una situación comprometida que bien podría haberle dejado incluso marcado, ante la dicotomía enfermería o puerta grande, Ansu cabeceó de manera magistral un centro de Carles Pérez para empatar el partido. Ya se había visto desde el comienzo de la segunda parte que el partido cambiaba, pero con el gol, y la siguiente introducción del debutante en la temporada Arthur, el partido terminó por virar completamente. Jugando en campo contrario permanentemente, con Busquets y De Jong hartándose a robar tras pérdida, se olía la llegada de la remontada, y lo hizo además de la mano de Arthur, que además de un gran gol, ofreció ese atrevimiento y verticalidad que a veces echamos de menos en su gran primera temporada. Se había hecho lo más difícil, darle la vuelta al marcador, y todavía más a las sensaciones. Fue quizás algo menos de media hora, pero fue una gozada ver ese Barça que anhelamos, muy posicional, muy agresivo y muy rápido en la circulación y la presión.Pero, sin saber muy bien por qué, pasada la media hora de juego, el equipo perdió el control del juego que casi “manu militari” había ejercido desde el descanso y el Osasuna pudo avisar, primero con un disparo bien despejado por nuestro teutón, y después con una mano inocente, puede que involuntaria, pero clara de Gerard Piqué que habilitó a Roberto Torres para hacer doblete desde el punto de penalti. Tras el empate, el Barça quiso volver a dominar territorialmente, y hasta tuvo Carles Pérez una oportunidad clarísima para ganar el partido, pero al final, el empate a mi modo de ver refleja con mayor justicia lo vivido durante los 90 minutos, con dominio alternativo que dirían los clásicos, y un equipo local que de ninguna manera se hizo acreedor a la derrota, no rindiéndose nunca a lomos de una afición que lo llevó en bolandas en los mejores y sobre todo en los peores momentos y que sin duda puede ser un activo para conseguir hacer de El Sadar un bastión sobre el que edificar la permanencia.El Barça, ante la falta de Messi, debemos reconocer que ha aprovechado la adversidad, para, al menos, dejar un par de posibles refuerzos puntuales o no, como Carles Pérez y Ansu Fati, y en una primera media hora del que esperemos sea el centro del campo titular del equipo esta temporada, aunque con el cierre de mercado y la permanencia de Rakitic, todavía está por ver. Ahora se nos viene un parón de selecciones, y podremos recuperar elementos, sobre todo a la Bestia Parda. Sin él, 4 de 9.

El Barça visitaba, tras el ilusionante triunfo ante el Betis, un estadio de infausto recuerdo infantil: El Sadar. Terreno donde uno veía caer de niño repetidamente a los proyectos del primer nuñismo. Derrotas asociadas la preciosa, pero gafé camiseta amarilla de Meyba. Esta vez, otra preciosa camiseta amarilla nos trasladaba a aquellos tiempos pretéritos, junto con el campo lleno y ensordecedor y la agresividad local.

Valverde repitió alineación, como premio a la buena actuación del partido anterior, con De Jong y Sergi Roberto de interiores muy adelantados, y con Rafinha y Carles Pérez abriendo el campo para dejar espacio a las emboscadas de Griezmann. Sin embargo, el partido empezó en campo azulgrana, y casi en la primera ocasión, un error en salida de Alba, obligó a bascular a toda la zaga, dejando a Roberto Torres solo en el segundo palo, y empalmar de manera precisa e imparable un centro desde casi la esquina. 1-0, y cada vez más pinta de partido de la década de los 80, pues el Barça no se aproximaba siquiera a la portería de Rubén. Tan solo en los últimos 10 minutos de la primera parte, la entrada en juego de manera más continuada de De Jong consiguió asentar el equipo unos metros más adelante, pero cerrando la primera parte con una nula producción ofensiva con la que siquiera inquietar a la parroquia local.

En el descanso, Valverde intervino, dejando en el banquillo a un desafortunadísimo Semedo, bajando a Sergi Roberto al lateral, y a Rafinha al interior izquierdo, y saliendo al campo el jovencísimo Ansu Fati, que tan buenas sensaciones dejó en el partido anterior. Y en apenas 5 minutos, el chico dejó claro que tiene algo especial. En una situación comprometida que bien podría haberle dejado incluso marcado, ante la dicotomía enfermería o puerta grande, Ansu cabeceó de manera magistral un centro de Carles Pérez para empatar el partido. Ya se había visto desde el comienzo de la segunda parte que el partido cambiaba, pero con el gol, y la siguiente introducción del debutante en la temporada Arthur, el partido terminó por virar completamente.

Jugando en campo contrario permanentemente, con Busquets y De Jong hartándose a robar tras pérdida, se olía la llegada de la remontada, y lo hizo además de la mano de Arthur, que además de un gran gol, ofreció ese atrevimiento y verticalidad que a veces echamos de menos en su gran primera temporada. Se había hecho lo más difícil, darle la vuelta al marcador, y todavía más a las sensaciones. Fue quizás algo menos de media hora, pero fue una gozada ver ese Barça que anhelamos, muy posicional, muy agresivo y muy rápido en la circulación y la presión.

Pero, sin saber muy bien por qué, pasada la media hora de juego, el equipo perdió el control del juego que casi “manu militari” había ejercido desde el descanso y el Osasuna pudo avisar, primero con un disparo bien despejado por nuestro teutón, y después con una mano inocente, puede que involuntaria, pero clara de Gerard Piqué que habilitó a Roberto Torres para hacer doblete desde el punto de penalti. Tras el empate, el Barça quiso volver a dominar territorialmente, y hasta tuvo Carles Pérez una oportunidad clarísima para ganar el partido, pero al final, el empate a mi modo de ver refleja con mayor justicia lo vivido durante los 90 minutos, con dominio alternativo que dirían los clásicos, y un equipo local que de ninguna manera se hizo acreedor a la derrota, no rindiéndose nunca a lomos de una afición que lo llevó en bolandas en los mejores y sobre todo en los peores momentos y que sin duda puede ser un activo para conseguir hacer de El Sadar un bastión sobre el que edificar la permanencia.

El Barça, ante la falta de Messi, debemos reconocer que ha aprovechado la adversidad, para, al menos, dejar un par de posibles refuerzos puntuales o no, como Carles Pérez y Ansu Fati, y en una primera media hora del que esperemos sea el centro del campo titular del equipo esta temporada, aunque con el cierre de mercado y la permanencia de Rakitic, todavía está por ver. Ahora se nos viene un parón de selecciones, y podremos recuperar elementos, sobre todo a la Bestia Parda. Sin él, 4 de 9.

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