Hablemos de fútbol

El mercado de fichajes suele ser una época ilusionante. Suenan grandes nombres para reforzar las plantillas. Unos llegan, otros no, y siempre hay alguna sorpresa. Sin embargo, el último verano en Can Barça ha sido un despropósito, y lo mejor que le ha podido pasar al club es que se haya cerrado sin males mayores. Todo por el empecinamiento de fichar de nuevo a Neymar, a cualquier precio. El Barça se quedó sin el brasileño y, entre idas y vueltas a París a ofrecer casi hasta el Camp Nou, se dejó también la dignidad.

Un periodo en el que antaño se bajaba al kiosko para leer en los diarios deportivos cuáles eran los últimos rumores. Si a alguno interesaba, se compraba el periódico de camino a la playa para leerlo con calma en la arena, embadurnarlo con crema y arena, y pensar en cómo encajaría esa pieza en el equipo y qué podría aportar.

Hoy también hemos perdido ese romanticismo, con la llegada de internet y de Twitter. El ‘humo’ que se vende es constante, 24 horas al día, siete días a la semana. Los episodios que se han dado durante las negociaciones por Neymar son ejemplos de por qué la profesión, especialmente en la parcela deportiva, está tan denostada por parte de la sociedad. En apenas una semana hemos podido leer al mismo periodista decir que el fichaje estaba hecho al 99%, que estaba imposible, que entrábamos en el ‘día D’, o que no, que habría que esperar un año más.

Un mes entero de rumores sobre la vuelta de Neymar Jr. El mismo jugador que dejó plantado al Barcelona en un momento crítico hace dos veranos, y que tiene interpuesta una demanda contra el club. El mismo jugador que ha flirteado con el Real Madrid sin ruborizarse, consciente de que la jugada le salió mal, que escapó del Barça para salir de la sombra de Messi  para acabar ensombrecido por Mbappé, mientras que sus errores capitales volvían a repetirse, especialmente con lesiones en los momentos más importantes de la temporada, siempre alrededor del cumpleaños de su hermana, con unos toiss que siguen ejerciendo sobre él una influencia, cuanto menos dudosa.

Un mes entero en el que en Barcelona no se habló de fútbol, más allá de para destacar la irrupción de Ansu Fati, mientras que el primer equipo se dejaba cinco de los primeros nueve puntos de la competición, a más de un partido del Atlético de Madrid, que sí que ha hecho sus deberes en verano.

El Barça jugó muy bien contra el Betis, hizo un partido mediocre en San Mamés y una primera parte para el olvido en El Sadar. Valverde no parece tener claro qué quiere mientras gestiona las bajas de Messi y Suárez, es incapaz de sacarle todo el jugo a De Jong y Griezmann, y no ha utilizado más que 45 minutos a Rakitic, su principal soldado, aún cuando el partido lo demandaba, no fuera a ser que una lesión dificultase todavía más la operación Neyback.

En Barcelona se olvidaron de que lo importante era el fútbol porque para la Junta Directiva hace tiempo que el fútbol es lo de menos. No hay proyecto. No hay contiuidad y no hay una senda que seguir. La prueba es que la gran mayoría de los fichajes de las últimas cuatro temporadas ya no están en Barcelona. Unos fueron estrepitosos fracasos, como el de André Gomes, otros fichajes fueron absolutamente injustificables, como Boateng o Murillo, y otros no tuvieron las oportunidades que hubieran merecido, habida cuenta de su juventud: Paco Alcácer o Malcom.

El Barça ha movido cantidades ingentes de dinero, se ha endeudado, ha engrosado la masa salarial de una forma desorbitada, de modo que ha tenido que hacer movimientos de trilerismo, como con la venta de Cillessen, o regalar a jugadores, como fue Rafinha, aún cuando el centrocampista estaba siendo una de las mejores noticias del decepcionante arranque liguero. Todo esto no ha servido para que el club se hiciera grande en Europa, más bien al contrario, con cuatro humillaciones en rondas prematuras en las últimas temporadas: en 2017 le pintaron la cara al Barça de Luis Enrique el PSG (4-0) y la Juventus (3-0); ya con Valverde hubo dos goleadas que escocieron al barcelonismo: la de Roma (3-0) y la de Liverpool (4-0).

Durante el proceso para traer a Neymar de vuelta, el Barcelona rozó el ridículo con ofertas desquiciadas y desorbitadas, para diversión del jeque. Todibo, el central al que tan buen futuro pintan; Umtiti; Rakitic, el jugador más importante después de Messi y Ter Stegen en los últimos años; el díscolo Dembélé; Arturo Vidal… a Bartomeu solamente le faltó ofrecer el Camp Nou para tratar de cerrar una operación que cree que le puede reconciliar con el barcelonismo.

Pídale usted ahora compromiso a los jugadores a los que se ha utilizado como moneda de cambio. A los que se ha faltado al respeto tratándolos como mercancía, devaluándolos para traer a un jugador que no sentía la camiseta ni la mitad de lo que han demostrado jugadores como Rakitic.

El Barça perdió el tiempo todo el verano buscando a Neymar mientras que los jóvenes De Ligt y Jovic se decantaban por reforzar a la Juventus o al Madrid, y se quedó atado de pies y manos con Griezmann mientras que el Atlético se frotaba las manos para pescar a su sucesor en Lisboa.

Solo De Jong genera unanimidad en la afición culé y parece ser la mejor noticia de un mercado que, afortunadamente para el Barça, acabó sin males mayores. Ahora, y tras el parón de selecciones, toque volver a centrarse en lo que realmente importa. Toca volver a hablar de fútbol.

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