El Discurso Del Rey

Se reengancha uno a la Liga algo despistado, confiando en que antes de que el Barça vuelva a competir ante un turbulento Valencia la realización televisiva nos ayude a ponernos al día con una selección de imágenes al más puro estilo Netflix: y es que “en capítulos anteriores” Aduriz nos mandó a la lona con un gol que fue difícil no aplaudir, Griezmann nos recordó que no estamos tan mal a ritmo de confeti y El Sadar nos devolvió a nuestro lugar, confirmando la (ya insoportable) sensación de provisionalidad en este arranque titubeante.

Cuatro puntos de nueve no dan ni para sacar pecho ni para abrir una crisis, y precisamente en esa tierra de nadie tan peligrosa se mueve últimamente el barcelonismo. Por suerte la resaca del mercato se diluye progresivamente con el paso de las semanas y cada jornada liguera representa un trago largo a esa botella de agua que el día después de habernos deshidratado en algún bar nos sabe a remordimiento.

Tras haber contado hasta 100 concluimos que el Dossier Neymar no ha contentado a nadie, y eso que había un gran reparto de actores implicados; quienes no querían ver al brasileño ni en pintura andan enfadados por habernos metido en semejante fregao televisado y quienes anhelábamos su vuelta —con elasticidad ética y cabeza loca propias de un adolescente— dudamos de las intenciones de la directiva.

Lo malo es que el CEO del club, un argentino de Rosario, tampoco parece tenerlas todas consigo y esta semana se encargó de poner sus puntos sobre las íes de todo el barcelonismo en una jugosa entrevista que en algunos barrios se ha interpretado como positiva y ambiciosa y en otros como beligerante e incendiaria. In medio stat virtus, supongo.

Messi, que tiene la edad, la personalidad y la repercusión suficientes como para hablar cuando de verdad tiene algo que decir, mandó un mensaje universal alto y claro a propósito de Ney: “obviamente nuestro equipo hubiese aumentado las posibilidades de conseguir los resultados que todos queremos”, confesó el argentino a tumba abierta.

De sus declaraciones me llamó la atención un aspecto fundamental, la repetición intencionada de un concepto poderoso, sincero y cristalino: la duda. Como cuando preparas un par de frases de efecto —ocurre a menudo bajo la ducha— antes de una entrevista de trabajo, una cita o la discusión de una tesis, Messi tenía muy claro el mensaje que iba a lanzar: “no sé si el club realmente quería o no. Por lo que yo sé, Ney tenía muchas ganas de venir”. Por volver a la terminología Netflix: Continuará…

Así las cosas, no tenemos claro si a Leo le duele algo más que el sóleo y por cuarta jornada consecutiva se ha hablado poco o nada del partido de esta noche ante los de Marcelino, perdón, Celades, que visitan el templo de la provisionalidad blaugrana en medio de la enésima guerrilla interna, mal endémico valencianista.

Mucho ruido institucional, poco foco deportivo. Antes de medirnos a Osasuna os prometí que sería la última previa acompañada por un post-it en la nevera que recordase que hay partido y tres puntos en juego, que eso ya lo pone en todas vuestras apps. Y sin embargo me equivoqué y hoy vuelvo a sentir, en medio del fuego cruzado, que es necesario acabar el texto recordando que hoy se disputa un Barça-Valencia.

Jueguen, jueguen.

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