El partido de la confirmación

Como en casa, en ningún sitio. Demasiado al pie de la letra se ha tomado esta frase el FC Barcelona que parece no reconocerse, diluirse, barrerse, lejos de su feudo. Dos derrotas y un empate en Liga son el tétrico legado de los pupilos de Valverde que volvieron a estrellarse en Granada. El Barça juega como si siempre fuera a perder, aturdido y buscando respuestas mientras las preguntas caen sin cesar. No ha respondido una que ya le vienen dos más. El que fuera el alumno más aventajado es ahora un mediocre con dotes de genialidad, mucha genialidad. Pero, ay, la rutina exprime el talento, lo embrutece. Solo el trabajo, la idea, dan resultados.

Irrumpió el Barça ya perdiendo por culpa de/gracias a un gol que tuvo todos los males posibles para los visitantes. El error de Júnior Firpo, al que le cayó la espada de Damocles al descanso, la mala suerte, qué casualidad que siempre sea mala, y la poca tensión defensiva pusieron al Granada en una situación privilegiada. No estaban Arthur, ni Busquets, ni Messi, ni Ansu Fati – quién iba a decirlo- y el Barça lanzó sobre el verde un XI extraño, con un centro del campo que salvo el neerlandés, con Rakitic y Roberto, jamás generó una sola ventaja para sus compañeros. Sergi, el eterno cumplidor, volvió a demostrar que su papel en este equipo es el de todoterreno, lo que no queda claro es que tenga la ITV en disposición; torpe en el pase, desacertado en la conducción y perdido cuando el equipo lo necesitaba.

A partir de ahí, la nada. El Barça buscó adueñarse del partido sin saber cómo. Porqué los interiores parecían hacerle la cama a un De Jong obsesionado con el equilibrio, con que todo esté en su sitio, y nada estaba quieto. Una vez la bola llegaba arriba, moría por sofocamiento. Nadie le daba salida y/o continuidad. Griezmann se diluyó con el confeti en el Camp Nou, como si con él se hubiera ido una parte del francés, incomunicado en su celda en el flanco izquierdo – derecho en el segundo tiempo- participando solo muy de vez en cuando y jugando con una terrible ansiedad. La delantera del Barça era, como dice nuestro amigo Albert Rivera del pasado gobierno español, “una delantera Frankenstein”. Luis Suárez juega desmontándose, cayéndose. Hasta hace poco era imparable, resultaba fascinante. Pero la diferencia entre  lo brutal y lo grotesco es ínfima, y Suárez hace tiempo que sabemos en qué lado está cada vez que acelera.

El desbarajuste, dicho sea de paso, viene motivado por una extraña nostalgia hacia el Camp Nou, como si en esa hierba y no en ninguna otra, los jugadores pudieran ser felices. En Granada, nadie lo fue. Como en el filme de Álex de La Iglesia, Balada triste de trompeta, el Barça se ha autoimpuesto una sonrisa a base de productos químicos y quemaduras graves; todo es fachada, todo es griterío. La película azulgrana es tarantiniana, o por lo menos así se presume su final.

El segundo acto el 4-2-3-1 que puso en liza Valverde a costa del señalado Firpo fue solo eso, un cambio de esquema. Ni Messi ni Fati lograron meterle el miedo a un Granada que dormirá líder. El Barça, dirigido por un Valverde apurado, medio perdido en sus cábalas, cambió cromos y esquemas, movió piezas y movimientos, pero al final se tradujo en que cambió a un lateral izquierdo (Firpo) por uno de derecho (Semedo), lo que le restó muchísima profundidad al equipo, que pegó a Messi con Suárez y volvió a entregarle una esquina a un Griezmann aburrido y gris, que se pasea como una nube cargada de agua, atormentado. Arturo Vidal es un pulmón, sí, pero con pneumotórax. Su penalti al minuto de entrar no hizo sino acentuar la sensación de disfunción nerviosa del equipo.

Para el escritor rumano, Mircea Cartarescu, escribir es entrar en un estado de trance. El fútbol, debería asemejarse, por lo menos tener un trasfondo como de cierta evasión, conexión contigo y el grupo. El Barça es incapaz de escapar de sus problemas, que le recuerdan cada día sus debilidades, que jugando ya no son los mejores y están lejos de serlo. Y el fútbol, si algo no es, es mentiroso. Le espeta al mejor de todos los tiempos, en su cara y en Granada, que el bloque en el que está lleva tiempo alardeando más que jugando. El Barça ya no juega, sufre. Y del sufrimiento siempre se pueden sacar lecciones de vida que se pueden apuntar en una tarjetita de presentación o, por el contrario, normalizarlo e introducirlo en tu ADN. Le tocará decidir al FC Barcelona qué hacer con tanto sufrimiento.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s