Mejor gritar

Marcar en rojo en el calendario el partido que se disputa a la vuelta del parón de selecciones carece de originalidad y no tiene mérito alguno; existe además en los últimos años un singular interés por subrayar los kilómetros realizados por los internacionales durante la pausa —nota del autor: no los recorren andando— y hasta se ha acuñado un alarmista término ad hoc para definir esta pandemia deportiva conocida como virus FIFA.

Lo innovador, sin embargo, sería afrontar el choque ante el Sevilla con máxima tensión y piernas en alerta roja para poder retirarse con buenas sensaciones al rincón de pensar de los próximos 13 días, en los que la maltrecha columna vertebral azulgrana —los Piqué, Alba, Messi o Suárez— podrá llevar a cabo una segunda pretemporada sin moverse de Barcelona para tranquilidad de los cuentakilómetros del análisis.

El Barça ha firmado un arranque de temporada distraído, sinuoso y trastabillante, mirando de reojo al mercato primero y al sóleo de Messi después sin lograr encadenar pequeñas alegrías en el césped —una buena presión coral, un abrazo efímero entre primeros espadas— que reforzasen la autoestima de un grupo humano de rendimiento irregular. Tras las victorias heterogéneas frente a Villarreal, Getafe e Inter, es hora de cerrar un capítulo turbulento e irse a casa pensando que no estamos tan mal.

Valverde, para quien un tropiezo esta noche supondría un par de semanas en el centro del Purgatorio de las críticas, presentó el duelo ante los de Lopetegui citando sin querer a Dante y su Divina Comedia: “aquí se toca fondo un lunes y el miércoles estás en el Cielo“. El extremeño ya celebró con inusitada expresividad el segundo gol de Suárez en Champions, ¿quizá por haberse visto en el Infierno después de un primer tiempo dantesco frente a los hombres de Conte?

Al fin y al cabo no pedimos tanto

En cualquier caso, el reciente atisbo de liderazgo y emotividad por parte del técnico sorprende y es bienvenido; llegados a este punto de no retorno en su proyecto, algunos nos conformamos con que a alguien desde la banda le importe —o nos lo escenifique, así de simplones somos— lo que sucede en el campo tras dos temporadas y pico de inmovilismo que ya no toleramos.

El míster vuelve a disponer de su divinidad argentina a pleno rendimiento y espera doblegar al Sevilla para respirar durante unos días; al fin y al cabo el propio Dante tituló su obra maestra sencillamente Comedia porque, de acuerdo con el esquema clásico, no podía tratarse de una tragedia al ofrecer un final feliz. Fue Boccaccio quien años más tarde completó el título nombrándola Divina, adjetivo que de momento no parece atribuible al 11 de Valverde.

A ese tenue resplandor de optimismo se aferra el Txingurri, consciente de que si bien ganar esta noche no enviará al Barça al Paraíso, una X o un 2 en la quiniela garantizan Purgatorio y runrún. Victoria y aire, tres puntos que permitan mirar hacia adelante.

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