De Jong ilumina el camino

Hay cierto consenso en el Aplauso como modo de distinción. Un aplauso es, a veces, algo más reconfortante que un trofeo. Es el título más democrático. El talento de Frenkie De Jong irrumpió con brillantez en Ipurua, estadio hostil para cualquier jugador de pie fino, dejando su mejor partido desde que es jugador blaugrana. Dominó en salida de balón y fue determinante en tres cuartos, dejando pases afilados como señuelos por todo el verde. El neerlandés, que recibió los halagos de Messi esta semana, recogió los aplausos del tortuoso estadio vasco como sencillo modo de reconocimiento a un partido maravilloso.

Empañado el partido, casi invisible, ante tantos días sin fútbol y con la convulsión política poniendo en jaque el Clásico, Ipurua parecía nada más que un trámite a ojos de muchos. Nada más allá de la realidad. El Eibar de Mendilibar salió a morder, presionando arriba y buscando ganar cada segunda jugada. Pero el FC Barcelona, con un Samuel Umtiti titular en partido oficial después de 5 meses, planetó el partido como el alumno reincidente que ya sabe la lección. Valverde pinchó a Griezmann y Messi abiertos en salida de balón para que, cada vez que Arthur o De Jong recibieran, se cerraran ganando la espalda del doble pivote. La clarividencia y jerarquía de los interiores visitantes dejó sin respuesta a los locales. Anta cada presión, un pase filtrado o una conducción que anestesiaba al Eibar.

Ernesto Valverde descubrió la espalda de la defensa y encontró en Lenglet el mejor lector. Su envío en largo buscando a Griezmann enseño el camino a seguir ante un Eibar que no tiene ni la solidez ni la agresividad de otros años. Lo que antaño era una pesadilla cosida a base de centros laterales hoy es un pequeño susto que requiere de alguna intervención puntual. Arthur y De Jong iban creciendo, multiplicando sus prestaciones y haciendo daño con cada envío. En diagonal para rajar o en horizontal para alargar a un Eibar que se perdía. Messi, que siempre recibía con ventaja, activó a sus compañeros de delantera.

Luis Suárez necesitaba descansar. Por lo menos así lo testificó su partido, que fue atinado lejos del área, tocando siempre con acierto y generando superioridades con sus descargas. Suárez lleva unos partidos que pueden ser un repunte fantasioso o un miraje terrorífico. El tiempo, y las sensaciones, dictaran sentencia. No hubo minutos para Ansu Fati, al que todos esperamos cada partido como si se tratase de una especie de fenómeno, como si el partido estuviera justificado por su vigorosa presencia. Sí para Rakitic y Arturo Vidal, que han quedado tapados, casi olvidados, por la eclosión del talento generacional de Arthur y De Jong. Valverde, a quién le pronosticaban un uso casi residual de ambos jugadores, está demostrando que su equipo necesita un lavado de cara.

El Barça vuelve del parón con fuerza, haciendo su mejor partido lejos de casa que, casualmente, es con el centro del campo que más garantías ofrece. 90 minutos para que la MSG, el nuevo tridente, se vaya amoldando. Hubo goles para todos, se asociaron y dejaron sonrisas y abrazos de cara a la galería, por si a caso. No vaya a ser que la gente les mire mal. El Barça hace muestra de su poder en una semana raruna, donde el fútbol nunca estuvo en el campo sino en los despachos, donde nada se decide y todo se estropea. Los aplausos a De Jong son la mejor de las noticias.

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