El plan para activar a Semedo

Después de la derrota contra el Granada, el FC Barcelona ha cambiado su disposición cuando le toca alejarse del Camp Nou que, en este comienzo de temporada, se ha convertido en un generador de espejismos. Pero, a partir de este cambio de paradigma, los dirigidos de Ernesto Valverde consiguieron sus únicas tres victorias como visitantes en lo que va de temporada y en escenarios complicados como el Coliseum Alfonso Pérez e Ipurua, lo que no es casualidad analizando las derrotas previas y lo que se sufrió en cada desarrollo.  En Praga la intención fue la misma pero, a diferencia de esos dos partidos antes mencionados, el Slavia fue superior y sometió al campeón español hasta el final del encuentro.

El plan de Valverde, más allá de no tener el impacto necesario para dominar el desarrollo del encuentro, tuvo tres puntos claves: la presión en el inicio de juego del rival, el repliegue en 4-4-2 y la profundidad de Nélson Semedo, en lo que vamos a hacer un énfasis superior porque, este mecanismo, se diferencia a la dinámica natural que muestra el Barcelona cuando está en campo rival y busca ejecutar su “jugada de gol” (pase de Lionel Messi a la proyección de Jordi Alba).

Pese a que ninguno de los goles llegara por este camino, el portugués se convirtió en la única certeza ofensiva blaugrana en la primera pitad, todo a partir de su velocidad, agresividad para atacar el espacio y, al mismo tiempo, por el contexto que confeccionaban sus compañeros para que él siempre pudiera llegar con ventajas a esa zona. La idea tenía en Gerard Piqué, Arthur Melo, Frenkie de Jong y Lionel Messi como constructores intelectuales, cumpliendo cada uno un rol importante en la ejecución. Primero, entre el argentino y el holandés, intercambiaban su altura para que uno fijara a Jan Boril (lateral izquierdo del Slavia) y liberar la zona a atacar, después aparecería la figura del lanzador quien, cualquiera de los cuatro nombres antes mencionados, tenía que activar la proyección del lateral derecho. Semedo, con sus cualidades ofensivas, velocidad y capacidad de desmarque, siempre superó a Peter Olayinka, quien hacía los retrocesos en ese costado para doblegar y darle apoyo a su compañero. El portugués no se mantenía posicionado arriba, sino que decidía atacar la zona cuando veía esa oportunidad para romper.

Pero, más allá de la buena elaboración de las ventajas, el portugués estuvo bastante impreciso en ese último tramo, fallando en ese toque final para conectar con Luis Suárez o Antoine Griezmann, quienes cerraban en el área. Pese a que son pocos los rasgos positivos que se pueden sacar del triunfo en Praga (el rival fue superior a través de su presión media-alta y su buena circulación de la pelota), el Barcelona mostró un nuevo mecanismo ofensivo que puede servir en diferentes escenarios del resto de la temporada,  aprovechando de que tienen un lateral con rasgos ofensivos de un nivel superior y que puede ser como una vía de escape cuando sea Jordi Alba quien no pueda marcarla diferencia en su costado.

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