Barça Interruptus

Aburridamente imprevisible, el Barça 3.0 de Valverde es un oxímoron. Pocas contradicciones técnicas están a la altura de una sala de máquinas compuesta por De Jong y Arthur —esta es la tecla, Ernesto, sigue probando— que es incapaz de dominar los partidos. Una locura. Y la paradoja se completa cuando un relevo de antagonistas como Busquets y Vidal deja mejor parado al chileno, cuyo aporte enérgico salvó la papeleta en el único partido gordo disputado hasta la fecha, la sufrida victoria ante el ejército de Antonio Conte.

Saltándose deliberadamente y a menudo el centro del campo en la construcción, el Barça también es un hipérbaton. Y no es cuestión de integralismo, ya en tiempos de Luis Enrique se alteraba (con excelso resultado y gran diversión, añado) el orden tradicional de la creación de juego azulgrana; la situación actual deja un sabor bien diferente y desprende un peligroso aroma a improvisación y acaso pereza en los intérpretes. La consigna parece ser que la bola llegue cuanto antes a los de arriba y ver qué pasa.

Además, con un chico de 16 años que copa portadas y concentra elogios, el Barça vive en medio de una hipérbole constante. La exageración ni es nueva ni sorprende, pero impacta la mentalidad fast food de prensa y afición para con dos piezas contrastadas del ataque culé como Griezmann y Dembélé. El primero carga aún con una mochila demasiado pesada y sus actuaciones no logran quitar aquellas piedras que se puso él mismo antes de llegar —empiezo a dudar que un simple corte de pelo resuelva el marrón—, mientras el segundo se va librando con innegable maestría de broncas públicas por simple incomparecencia. Temporada guadianesca del mosquito, y van…

Al Barça 3.0 de Valverde le falta ritmo y no parece existir recurso estilístico que revitalice la propuesta futbolística de esta plantilla, que avanza a trompicones por la temporada. Una de cal. Dos de arena. Las interrupciones en forma de lesión, conflicto geopolítico o parón de selecciones han impedido que el discurso fluya, que los metrónomos De Jong y Arthur encadenen pases con rima asonante y que las musas visiten al genio argentino que lleva la 10. De momento.

A este Barça interruptus de la 2019/20 le sentó de maravilla apretar el botón de pausa mediática y darle al play vestido de corto en Ipurúa, se le atragantó después la excursión a Praga y tiene hoy la oportunidad de demostrar ante el Valladolid que el libretto del buen juego está aún abierto de par en par. No será desde luego por falta de recursos, también estilísticos.

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