Bellas artes

6 de mayo de 2015. Aproximadamente 22:20hs en Barcelona, España.

Messi tuvo -otros- tres minutos de gloria y selló un extraordinario doblete, en literalmente 202 segundos, para poner una ventaja de dos en el marcador y que el Camp Nou se ilusionara con el pase a la final de Berlín. Porque sí, esto fue en una semifinal de Champions y ante el Bayern de Pep.

El primer golazo lo dibujó desde afuera del área, con dos toques previos y acomodando la pelota donde fuera inalcanzable para el arquero. Un tal Manuel Neuer. Volviendo hacia su campo con el trabajo hecho, el diez pidió una pelota, la puso bajo su remera blaugrana y se llevó el pulgar derecho a la boca: anunciaba al mundo que estaba esperando a su segundo hijo; junto a Antonela, que observaba desde un asiento cercano -como pocas veces- al campo de juego.

El 2–0 no se hizo esperar. Recibió la pelota cara a cara con Boateng y lo sentó en el césped como si en frente tuviera un jugador amateur. De antología. Y no es que el alemán sea malo, es que Lionel es un fuera de serie. Entre sonrisas, manos en la cabeza y gritos en forma de alabanzas, la gente en el estadio -y por televisión, y quizás hasta con una radio- disfrutaba un nuevo espectáculo del futbolista que llevó al deporte a merecer un lugar entre las siete bellas artes. «¡Quítense el sombrero, levántense de la silla, Leo Messi acaba de bordar una obra de arte!» se deleitó Carlos Martínez. El mismo relator español que segundos después contaría que a su lado, en la cabina del canal Sky Sports, estaban Jamie Carragher y Thierry Henry de pie y aplaudiendo. Privilegiados protagonistas.

Poco menos de quince minutos más tarde, Neymar puso el 3-0 tras un pase-gol de Messi. Y es que la cita no se dio por terminada hasta ese momento, cuando el 10 y el 11, revolcados en el pasto como nenes que sus padres perdieron de vista en un parque, se reían sabiendo que tenían un pie en la final.

Todo era alegría, todo marchaba bien. Una noche de las que extraña el pueblo culé, y de las que -confían y confiamos- pueden volver en cualquier momento. Por una sola razón: Lionel Messi.

Leo y Ney antes de revolcarse en el césped (by Vladimir Rys Photography).

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