Año nuevo, vicios viejos

El año nuevo no ha traído vida al Barcelona. Avanza el 2020 y el equipo catalán mantiene los vicios del pasado. Sobre el césped y en los despachos. Los primeros resultados del año preocupan a la afición barcelonista, y la errática gestión desde la directiva no ayuda a generar tranquilidad.

La cuesta de enero se le está haciendo empinada al Barça. La vuelta al trabajo venía con un calendario exigente. El derbi  contra el Español, la polémica Supercopa de España en Arabia Saudí… Y los resultados no están acompañando.

En Cornellá, el Barça fue incapaz de darle una cornada que podría haber sido defintiva al eterno rival de la ciudad. Más bien al contrario. El combinado de Valverde fue un equipo apático, sin alegría y sin voracidad, solo espoleado por los fogonazos de Suárez y agitado por Arturo Vidal. De nuevo, en el caos, y ante la falta de energía de sus compañeros, el chileno volvió a ser de lo más destacado del Barcelona. Una tendencia preocupante, si nos atenemos a precedentes como el de Liverpool.

Contra el Atlético sí que se vio a un Barça confiado con el balón, más vistoso y con brío, dispuesto a martillear una y otra vez la portería colchonera. Oblak evitó una goleada, y la endeblez defensiva condenó al Barcelona a la eliminación. Lesionado Ter Stegen, los problemas defensivos de la escuadra que entrena Valverde vuelven a saltar a la vista. Sin el ángel de la guarda alemán, el Barça ha recibido cinco goles en dos partidos.

Durante sus dos primeras temporadas, Valverde podía presumir del armazón que había construido, muy fiable, prácticamente sin derrotas en Liga, con la portería bien protegida y con una regularidad destacable. Los borrones en Champions deslucieron los méritos en Liga. El Barça, a falta de juego, era una máquina competitiva.

No recuperó el juego esta temporada el Barcelona y se dejó por el camino la fortaleza defensiva. El Barça sigue anclado en la debacle de Liverpool, no levanta cabeza como se vio en la final de Copa contra el Valencia, y se desmorona con cualquier contratiempo. A los culés les domina el Liverpool, pero también el Borussia, el Granada o el Español, y ahora es indistinto que se juegue fuera o en el Camp Nou, como demostró el Real Madrid en el último Clásico, en el que sacó los  colores al equipo de Valverde.

Sin juego, ahora sin resultados, y desacreditado por una directiva que gestiona de forma nefasta la continuidad del entrenador. Nadie comprendió que el entrenador extremeño mantuviese su cargo después de la goleada de Anfield y de la final de Copa de Sevilla. La eliminación en la Supercopa dejó en la estocada a Valverde, al que desde los despachos del Camp Nou se humilla manteniéndolo como segundo plato.

El Barça busca sustituto, pero nadie quiere hacerse cargo ahora del banquillo del Camp Nou. La gestión del intento de contratación de Xavi Hernández fue tan desacertada que, la noticia más esperada por el barcelonismo en años, el regreso del hijo pródigo, terminó por convertirse en un sainete. El viaje de Abidal y Óscar Grau a Qatar se filtró a los medios, mientras que desde el club trataron de poner paños calientes argumentando que el motivo era la visita al lesionado Dembélé.

Se mantiene a Valverde como si fuese un cualquiera mientras que dan calabazas técnicos como Koeman, se habla de Pochettino – el mismo que dio que se volvería a su granja de Argentina antes que entrenar al Barça -, no quiere firmar ahora Roberto Martínez y aparecen en la lista de espera Quique Setién y García  Pimienta. A Valverde se le falta al respeto manteniéndole en el cargo mientras se descartan alternativas, y se borra de un plumazo la poca autoridad que le quedaba en el vestuario.

Un vestuuario de jugadores acomodados, que cierran filas alrededor de su entrenador. Después de las vacaciones, dos partidos, ninguna victoria y cinco días más de fiesta. Mientras, Suárez vuelve a pasar por el quirófano, cuatro meses de baja, que le harán perderse prácticamente lo que resta de temporada para llegar, una vez más, a la Copa América.

Por segundo año consecutivo el uruguayo vuelve a priorizar jugar con su selección a hacerlo con el Barça, dejando al equipo sin un nueve puro, evidenciando que la plantilla estaba mal confeccionada. En verano la directiva no quiso fichar a un recambio de garantías para no irritar a Suárez, pero gastó tiempo en intentar traer de vuelta a Neymar para regocijo del uruguayo y de Messi.

Mientras, trasciende la noticia de que el Barça no quiso fichar a Haaland el pasado invierno y se decantó por Kevin Prince Boateng. El 2020 trae una nueva década pero los mismos vicios en el Barça de Bartomeu.

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