Un Barça entre dos caminos

UNA HERIDA, UNA SOLUCIÓN

Ernesto Valverde aterrizó en verano de 2017, y mientras le hacían la sesión de fotos protocolaria delante del escudo preguntó, con inocencia, “¿tengo qué hacer algo?”, una frase que ha sido rescatada por alguna alma endemoniada para sacarla a relucir cada vez que el FC Barcelona navegaba en la miseria. Y han sido unas cuantas veces. La foto tenía toda la mala leche que uno pueda imaginar, sacada de contexto y expuesta solo para criticar a un entrenador que, en su larguísima trayectoria en la Liga, ha demostrado ser muy bueno. Todo lo que ha rodeado a su figura ha sido siempre agresivo, violento y, sobre todo, desde la ignorancia. Todos nos hemos sentido entrenadores, menospreciando el trabajo ajeno, pontificando desde el sofá y arguyendo saber más. Por eso, ayer, Valverde salía sonríendo como si fuese el Joker. Porque se sabía liberado. Libre. Se guardó su única sonrisa para el día en el que lo despidieron.

El Real Madrid y el FC Barcelona, como señala siempre Miguel Quintana, son vasos comunicantes. Explicar la historia de uno obviando la otra es dejarse media novela en blanco. Cardiff, 2017, el cenit futbolísitco del Madrid de Zidane. La sublimación de un proyecto que convergía en un extasis colectivo, en Cristiano, Zidane, Marcelo y Modric. Al otro lado, un Barça en descomposición, sometido a la tiranía engañosa de la MSN y con un Luis Enrique ya demasiado desgastado como para poder cambiar nada. Cara y cruz. La llegada de Valverde coincidió con el Adiós de Neymar Jr, probablemente la salida más dolorosa desde la de Figo al Real Madrid. Significaba una pérdida de talento y jerarquía de calibre histórico, la necesidad imperiosa de reordenarse bajo un nuevo modelo. La MSN no volvería, y Leo y Luis tenían una primavera más. Y, mientras, el Real Madrid ganó la Supercopa de España con un partido de superioridad apabullante, que amagaba con dejar al FC Barcelona sin voz en Europa y en la Liga. El pánico carcomió a un Bartomeu obsesionado con replicar el tridente. Llegó Dembélé. Llegaría Coutinho. Pero nada saldría como uno se imaginaba. Y Ernesto Valverde hizo magia.

Porque el FC Barcelona 1.0 de EV fue un pequeño milagro. Quizás el bloque con menos talento bruto desde la era Pre Pep Guardiola. Sin Dembélé durante casi cinco meses, con Coutinho a partir de enero y sin poder jugar la Champions, con Paulinho siendo muy importante, y un elenco de suplentes formado por Denis Suárez, Aleix Vidal, André Gomes o Lucas Digne. Y, aquel Barça, funcionaba. Valverde entendió que, sin tanto talento y con las expectativas más rebajadas, el Barça debía crecer por otros caminos. Los exploró y encontró una solidez impresionante a partir de un bloque medio/alto que blindó hasta convertirse en un equipo que jugaba para presionar. Aquel Barça presionaba porque solo desde la presión se encontraba. Y funcionaba.

El mérito inicial de Ernesto consistió en potenciar a un equipo muerto anímicamente a partir de ideas muy concretas, de decisiones que podían parecer contraculturales viniendo del Guardiolismo, pero que logró venderlas como necesarias. Copa y Liga, títulos más que sólidos, le avalaron. Pero Roma, ay… Roma le mató. Abrió una herida que, aunque el propio Messi se encargó de paliar en el discurso del Gamper de 2018, jamás sanó. De hecho, se multiplicó. Una metástasis dolorosa que aparecía siempre en Abril, como si se tratara de una maldición. Y, entre tanto, el FC Barcelona perdió a Andrés Iniesta. La pérdida del manchego, que aunque ya maltratado por la edad, seguía siendo el mejor lector entre líneas del primer equipo. Sin él, Valverde se encontró huérfano. Ni la aparición milagrosa de Arthur en Wembley pudo ser un bálsamo para el Barça.

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

A partir del segundo año, se le pedía un paso hacia delante, una mejora en consonancia con el talento que atesoraba la plantilla azulgrana. Tener a Messi es suerte infinita, pero a veces, es condena. Es imposible descansar, imposible no estar bien. ¿Cómo vas a ser mediocre si ante ti está Él, La Bestia, Lío? Messi te empuja hacia una excelencia obscena, casi imposible. Y el FC Barcelona ya no le respondía igual. No le devolvía el reflejo en el espejo, estaba cansado, perdido, aturdido. Messi siguió siendo Messi, pero el Barça dejó de ser el Barça. Un equipo a medio camino entre lo que fue en la primera campaña y lo que se presuponía que sería. Valverde no logró asentar un estilo o un modelo reconocible, quizás motivado por la ausencia de un tercer delantero que fuera soporte y facilitara la vida a un Suárez cada vez más pesado pero, paradójicamente, más necesario. Sin ese tercer atacante (a veces Ousmane, a veces Coutinho), el Barça debía navegar sin vela.

Liverpool fue la reconfirmación. Fue morir después de ya haber muerto, si es que eso es posible. Anfield aniquiló el sueño europeo y dejó al equipo en un estado de shock que le condenó también para la final copera. Incomprensiblemente, Valverde siguió un año más. Como una película que acaba mal, muy mal, de forma que casi te hace sentir vergüenza por haber pagado religiosamente y, cuando crees que van a salir los créditos, te sorprende con otra escena más. Así ha sido este (medio) año de Valverde. Marcado de muerte, aún con las llegadas de De Jong y Griezmann, dos jugadores que hasta la fecha no han terminado de soltarse, bien porque la posición no les ha favorecido o porque lo que se les ha pedido no ha encajado. Lo cierto es que salvo Jordi Alba, Rakitic y Lenglet, pocos futbolistas han logrado mejorar de forma sensible bajo Ernesto Valverde. Lo cierto es que la plantilla del Barça presenta unas deficiencias estructurales demasiado graves, sobre todo unas incoherencias entre lo que es y lo que pretende ser que lo hacen muy difícil de gobernar.

El Barça es “Més que un club”, para lo bueno y para lo malo-. Últimamente para lo malo. Si no entiendes sus mecanismos internos, sus lógica, te expulsa, te tritura. Es totalmente compatible ser un gran entrenador y terminar no comprendiendo el club. Valverde no lo logró salvo en el primer tramo de la 17/18.

MUCHOS CAMINOS, DISTINTAS SOLUCIONES

Una crisis es también una ventana para la oportunidad. Depende de cómo se gestione,, se puede cambiar. O se puede seguir igual, incluso peor. Quique Setién tiene 61 años y viene de acabar su aventura de forma prematura como entrenador del Betis. Con esta carta de presentación, los resultadistas (que son muchos) se echarán a llorar. Y antes, UD Las Palmas, Lugo o Logroñés en su palmarés como técnico. El cántabro es un entrenador declarado abiertamente, por activa y por pasiva, cruyffista, y nunca ha escondido su deseo por entrenar al FC Barcelona. Setién, es, en cierto sentido, recuperar algo que creías haber perdido, ya sin saber dónde ni cómo. Quizás ya lo habías olvidado. El cántabro, con todo, tiene una hoja de ruta que no engaña a nadie, y una forma de trabajar conocida de sobras por todos. Ahora, ¿Qué Barça se va a enocntrar? ¿Qué jugadores van a ver su rol más cambiado? ¿Qué piezas puede potencias? ¿Qué Barça vamos a ver?

Para hablar de Setién tomaré como ejemplo, aunque difícilmente trasladable, su última experiencia en el Betis. Probablemente no hubo técnico que levantase más críticas y a la vez más alabanzas. Era un todo o nada. Blanco o negro. La ortodoxia, llevada hasta el límite, que demostró en el Villamarín, terminó por ahogar a un Betis que, siendo un muy buen equipo, le faltaban ciertas piezas y dosis de talento individual para poder ejecutar un plan tan ambicioso. Sin un mediocentro que entendiese el juego como Setién lo pedía, Setién potenció hasta la saciedad la pierna izquierda de Sergio Canales en esa especie de “interior adelantado”, un motor que aceleraba y giraba al rival. Canales era el núcleo. Un jugador de arrancadas portentosas (ejem, De Jong) que vio como sus rodillas maltrechas pasaban a ser solo un recuerdo. Le redescubrimos. Digo Canales porque no encuentro mejor jugador para explicar quién es Setién, qué hace con el futbolista. Probablemente, lo mejor en Quique sea su capacidad para sacar el potencial del jugador y darle un contexto en el que brille. Lo hizo también con Loren, con un Mandi que subió tres peldaños como central, con Junior Firpo, redescubrió y reubicó a Joaquín y todo su talento, vimos a un gran Andrés Guardado… en definitiva, Setién convence. Y lee el talento, lo sabe encauzar.

Setién tiene medio año para intentar adivinar qué necesitan sus jugadores y, pensando de cara la temporada que la precede, qué FC Barcelona se imagina. Coger a un equipo que viene trabajando de una forma determinada para cambiarlo por completo del día a la mañana es imposible. Setién deberá mirar, observar mucho, analizar, y elegir. Ser valiente. ¿Va a ser súper ortodoxo? ¿Qué sistema va a utilizar?

Las ideas del técnico son muy claras

Una de las grandes obsesiones del técnico cántabro es la amplitud; dar con la tecla en un equipo que, precisamente, viene echándola de menos puede que sea el gran reto. En el Betis usaba defensa de 3, con carrileros muy profundos (sobre todo Junior) y extremos que fijasen la línea de cal. En este Barça, aceptando que Setién buscará abrir el campo, y con la baja de Suárez como alivio que motiva la flexibilidad a la hora de tomar decisiones y ajustar el equipo, tiene distintas opciones. Más que comentarlas, lo que me gustaría es poner la lupa sobre algunos nombres a los que les puede cambiar la vida en el primer equipo.

¿Qué pasará con Ousmane Dembélé? Al francés le podría cambiar la vida. Para mí, enseñarle a jugar al fútbol al galo es el gran teto de Setién. El bisoño extremo, lesionado hasta febrero encierra en sí mismo, en un lenguaje hasta la fecha desconocido, un potencial tremendo. Jugador de jugadas, que no de fútbol, ha ido acumulando highlights sin asentarse. Si Setién, con su metodología testaruda, es capaz de “meterle en la cabeza” el jugar de una determinada forma, es decir, abriendo el campo, buscando el 1×1, teniendo paciencia, sabiendo dónde colocarse y, sobre todo, pulir la toma de decisiones, el crecimiento del francés va a ser bestial. Con Griezmann, Messi, Ansu y él como atacantes disponibles, no extrañaría ver a Ansu crecer en su juego. Porque el niño, aun tierno en todo lo que rodea el fútbol adulto, ya ha demostrado ser, a veces, adulto. Y tener un mentor experimentado y obsesivo como Setién a la hora del “dónde” y el “cómo” puede beneficiarlo de forma exponencial.

Setién sobre la paciencia (Vía Ecos del Balon)

En el Betis venía jugando con sistema de tres, y la salida de balón era el elemento más característico de aquél Betis, que fue el equipo con más posesión de la Liga, aunque en el útlimo año fue totalmente improductiva. Setién trabaja minuciosamente ese apartado, dedicando enormes esfuerzos a la construcción de la jugada. Con Ter Stegen Lenglet, Busquets, Piqué y De Jong, no parece tener mala materia prima. Gran reto devolverle una salida decente a un equipo que viene siendo incapaz de juntarse desde el pase y de superar presiones agresivas. La falta de mecanismos y la estrechez en el campo, por jugar sin extremos abiertos, han condicionado todo el plan azulgrana. Por eso, en este apartado, será realmente interesante ver cómo usa a De Jong y a Arthur Melo cuando se recupere. Cómo se reparten las alturas en salida de presión, los roles y las responsabilidades. Una tarea pendiente fue, precisamente, esta. Adecuar el centro del campo para que los dos jugadores con más energía y vigorosidad de la primera plantilla, además de un talento descomunal, pudiesen hacérselo suyo.

El culé se hace, además de estas, muchas otras preguntas. ¿Qué hará con Griezmann? ¿Con Messi? La trampa de Messi es pensar que no hace falta pensar en él, porque es tan bueno que lo resuelve todo, pero es precisamente pensar en él y potenciarlo hasta el máximo inimaginable lo que acerca al Barça a la victoria. A corto plazo, sin Suárez, juntar a Messi con Griezmann, no suena mal. Ambos son milimétricos en la asociación, y a ambos les gusta tener jugadores por delante (Ansu, Ousmane) que les faciliten lo que no pueden ni quieren hacer. Y, si Setién logra crear una estructura sólida en salida de balón para que en campo contrario tanto De Jong como Arthur y, sobre todo, Busquets, estén en contacto directo con Leo, el Barça habrá ganado mucho, muchísimo. Fue lo que, precisamente, el Barça de Valverde hizo poco, demasiado poco, solo en días contados.

De Ernesto Valverde a Quique Setién. Una película sin guion, sin nada más que la inspiración (no divina) de un presidente a la deriva. Uno que promulga el cruyffismo como escudo y no como herramienta. Un truco para acontentar al público y librarse de una gestión nefasta. Setién, toma el relevo de un Valverde que no supo descifrar el enigma.

Tras irse del Betis a finales de la pasada temporada, el Barça le contrata. La vida puede ser maravillosa, que diría Andrés Montes.

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