Urgencia creativa

Setién Fase 0: Convencimiento. El otro día leí en diagonal una noticia que me hizo arquear una ceja como Ancelotti en rueda de prensa: resulta que según un estudio el 40% de la gente conserva recuerdos falsos de su infancia. Pero cómo, me dije. La solemne alusión científica y el combo estadístico anularon cualquier intento por rebatir el enunciado, así que me quedé con mal cuerpo. Pensé entonces en el dogmatismo tierno que destiló Setién nada más ser presentado, cuando confesó que a menudo recuerda lo que sentía en el patio del colegio. Es más, que esa profunda convicción ha guiado siempre su carrera. “Yo quería el balón, no correr detrás de él”, explicó el cántabro ante los periodistas y se supone habrá repetido a sus nuevos pupilos en esta fase inicial de convencimiento. Todos creemos recordar nítidamente un gol decisivo en un fatídico clase contra clase de recreo, pero según un estudio sólo el 60% de nosotros está en lo cierto. Según un estudio, claro. ¿De qué lado estará Setién? Apetece ver el vaso medio lleno y confiar en que la plantilla no haya leído la misma noticia que yo. Por suerte, según un estudio es poco probable que lo haya hecho.

Setién Fase 1: Caricatura. Apuntaba esta semana Rafa Cabeleira en El País que aunque es pronto para juzgar el trabajo del míster, “al ritmo que se desarrollan los acontecimientos en el fútbol, quizás la semana que viene nos parezca demasiado tarde”. El tiempo vuela en can Barça y las hojas del calendario caen por su propio peso. Paciencia, ¿eso qué es? Han bastado dos datos extravagantes de posesión y un par de actuaciones de aprobado justito frente a Granada e Ibiza para caricaturizar la propuesta de Quique, a quien esperaban con el mazo tanto desde fuera —y hasta aquí todo normal— como desde dentro de ese animal mitológico llamado entorno. Me pasé de optimista en mi diagnóstico inicial de la era Setién; reconozco que esperaba mayor tolerancia en la opinión pública, aunque fuese de fachada, aunque hubiese que contar hasta diez (artículos, partidos) antes de condenar. Y sin embargo lo que se cuenta con maldad son los pases y ya hemos leído sentencias catastrofistas como empacho de balón, aburrimiento o bochorno. Como esos jefes autoritarios de dedo acusador, bigote y puro —sí, estoy pensando en Peter Parker sin mallas—, el fútbol parece gritarnos lo quiero para ayer.

Setién Fase 2: Fútbol. Hay ganas de ver más al equipo. Y curiosidad por el rodaje. Y expectación táctica. Quienes apostábamos por un cambio de registro o quienes simplemente no guardamos esqueletos en el armario apreciamos ya en los azulgranas una mayor intención por mover la bola y por recuperarla. Atacar y defender con orden está en la lista de la compra del técnico, que tiene ante sí la preciosa tarea de contagiar su amor por el balón sin olvidarse de la portería rival. Violín y colmillo. Me gusta la consciencia que desprende Setién cuando afirma que “sigo jugando mis pachangas y tengo un temor enorme a lesionarme y no volver a jugar”. Me gusta que utilice el término pachanga, una palabra bien bonita según un estudio. Me gusta que Setién tenga miedo a no poder jugar más porque me transporta a mi yo de dentro de 30 años y a la vez al patio del colegio. No en vano se intuye ya en su Barça una suerte de urgencia creativa, una prisa bien entendida. Pero vísteme despacio, pensará Quique. Como siempre, que la pelotita entre delimitará la finísima línea entre obra maestra y caricatura.

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