Venid a por ella

Son cosas del directo. Alguien decidió llamarla semana limpia porque semana sin competir tras haber caído en Copa quedaba un tanto aparatoso. El caso es que por primera vez desde que asumió el mando Setién ha podido preparar el que será su quinto partido liguero con el Barça —tres victorias y una derrota en su arranque— sin la interferencia de un compromiso infrasettimanale. Porque hasta ahora el equipo se ha visto obligado a asimilar conceptos sobre el verde, a mutar jugando, a poner en práctica las nociones del nuevo maestro en exámenes de verdad. De los que cuentan para nota, como preguntábamos en el cole para sopesar si llevarnos el libro a casa y estudiar o dejarlo en el pupitre y que Dios reparta suerte al día siguiente. Sería estúpido ocultar que la eliminación en San Mamés dejó un regusto a “nos estamos conociendo. Y mira el Madrid”.

Venid a buscarnos. En siete partidos de la era Quique hay quien ha querido ver una revolución copernicana estilística y quien alude a los once cabrones de Toshack para defender que esto es más de lo mismo. Hombre, ni lo uno ni lo otro. Si Aristóteles pudiese twittear un diagnóstico de este Barça intervenido a mitad de curso diría que la virtud está en el término medio (del campo). Reconozco que es un alivio que se haya descaricaturizado la propuesta arriesgada del cántabro, tan válida como cualquier otra y en pocos meses sabremos si además eficaz. Se ha apagado la llama irónica de los cuentapases y se valora que el equipo intente —en ocasiones con peligrosa aunque admirable terquedad, hay que decirlo— construir desde atrás. Como venimos de semana limpia he tenido tiempo para decidirme: el rasgo distintivo durante este primer mes de pruebas es la querencia por atraer al rival hacia zonas de todo o nada.

Funambulismo del bueno. La invitación casi patosa a la presión alta del contrario no deja de ser un recurso astuto ya que combate la tendencia histórica del Barça a estrellarse ante defensas numantinas. Me refiero al partido de balonmano que en numerosas ocasiones no han sabido resolver los azulgranas en la última década; los centrales y mediocentros de Setién ponen ahora cara de póker al recibir el balón donde más quema, como ese ciclista pícaro que arruga el gesto antes de un demarraje épico que deja clavados a sus rivales. Se intentó con cabezonería en Bilbao rozando el éxito y se volvió a proponer en el Villamarín con mejor suerte. Los partidos del Barça se irán al cara o cruz. Mentalicémonos. La ruleta rusa en el inicio de la jugada es la tecla elegida por Setién para triunfar en su semestre express en can Barça y ganarse tiempo y fichajes en verano. De esto habrá hablado con los suyos en la semana limpia que precede un choque de estilos ante el Getafe que se antoja mucho más… sucio.

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