EL motín del Hesperia

Tenemos que remontarnos al final de los años ochenta. Un Barça errático, apocado, entristecido y dolorido aún tras el histórico revés de los nefastos penaltis ante el Steaua de Bucarest, tocaba fondo. También en cuanto a la imagen que exponía a la opinión pública. En el Hoter Hesperia, la plantilla al completo, con notables salvedades, denunciaba una situación insostenible y exigía la dimisión del presidente Núñez. El llamado Motín del Hesperia, a la postre, sería la rampa de despegue para uno de los mejores Barça que se recuerda.

El Barça en la temporada del Motín del Hesperia

Corría el año 1988. El Barça estaba entonces presidido por Núñez, aunque no es menos cierto que ya se forjaba una oposición inagotable a su estilo de ordena y mando. El presidente llevaba el club con mano de hierro, de forma casi familiar, como si el club fuese suyo, en derecho y responsabilidad. A su espalda, un “Entorno” que bautizaría Johan Cruyff que aún hoy se deja sentir en el seno del barcelonismo. Con Núñez llegan los ismos, al menos se hacen públicos, y de ellos tendremos que hablar en otro momento. Sea como fuere, la presidencia del club jugó un papel fundamental en aquellos años ochenta.

El Barça era entonces un club bipolar. Capaz de hacer soñar a toda su masa social para, en una mala noche, estampar todas sus ilusiones contra una realidad tan dura como injusta. El reguero de títulos no alcanzaba para hacer soñar al socio. Básicamente porque llegaban a cuentagotas. La tradición de contratar a las estrellas del momento, contrastaba con la necesidad urgente de trazar una línea, un patrón de juego, duradero en el tiempo. Se ganaba una Liga y se naufragaba en la siguiente. El Barça funcionaba a bandazos. Del todo a la nada. Del sumun de la ilusión al derroche de indolencia y mala fortuna combinadas. Estos años, entre otros, forjaron el histórico complejo de muchos culés que aún es visible hoy día. Era un Barça de peros. Ganaba, pero no brillaba. Brillaba, pero no ganaba. Perdía, pero emocionaba. Rozaba la gloria pero la esquivaba.

Núñez llegaría al cargo en la temporada 1978/79 y con él el baile de entrenadores. Hasta 13 entrenadores ocuparon el banquillo culé desde el 79 hasta su dimisión en el año 2000. Y con todo, el Barça parecía naufragar. El lector más joven creerá que el Barça siempre fue lo que hoy es, un equipo hegemónico, sin embargo, las ligas llegaban casi cada 8 años. Los trofeos europeos eran casi una quimera. Muchas temporadas se salvaron a última hora con la consecución de la Copa del Rey. El Barça era ese eterno candidato que no terminaba de posicionarse en la élite del fútbol mundial. Poderoso en lo económico, y sumamente pobre en juego y resultados. Un rédito de una liga en 10 años, no se sostenía así como así.

Los años ochenta, en clave culé, casi pueden resumirse como una ocasión perdida. Un naufragio de una nave construida a base de talonario, pero nada más. Inmensos y fabulosos materiales de última generación para una nave sin rumbo, sin brújula ni noción alguna de navegación. Jugadores de la talla de Krankl, Quini, Simonsen, Schuster, Maradona, Archivald, Linekear, Mark Hughes… casi un entrenador por año (Lucien Muller, “Rifé”, Helenio “H.H.” Herrera, Ladiszlo Kubala, Uddo Lattek, César Menotti, Terry Venables y Luis Aragonés). Al final, en esa década, dos Copas, una Liga y dos Recopas. Inmensamente celebradas. Pero poco bagaje para una inversión económica muy elevada. ¿A que les suena la historia de cierto equipo de la actualidad? Si no se lo parece, cambien Recopas por Champions y verán. Tarde o temprano, se haría historia, o todo saldría por los aires, como así ocurrió en 1988. Pero para entenderlo, hay que remontarse unos años en el tiempo.

TERRY VENABLES. DEL TODO A LA NADA.


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El recogepelotas Guardiola, con 15 años, aplaude a Terry Venables, el día que el Barça ganó las semifinales de la Copa de Europa, en 1986.

Prácticamente un desconocido en España, Terry Venables sería la extraña apuesta de Núñez para suplir la marcha de dos genios que dejarían un profundo vacío en el club, como Menotti y Maradona. Venables está reconocido como otro de esos entrenadores que modernizaron el fútbol del F.C. Barcelona.

Con él, llegaría al Camp Nou el delantero escocés Steve Archibald. Desde su llegada al primer equipo, la presión incesante en todo el campo sería una máxima del F.C. Barcelona. Y resultaría. Tanto que tras la Liga de Johan Cruyff (como jugador azulgrana) por fin se alzaría el Barça como campeón del torneo de la regularidad.

Sería la Liga, también, de Urruti, que detuvo un penalti a Mágico González que coronó al Barça, y recordada por el inmortal e inolvidable golpe radiofónico de Joaquim María Puyal, al grito de:

“Urruti t’estimo; Urruti t’estimo; Urruti t’estimo…”

La liga fue dominada de principio a fin. El Barça sacaría 10 puntos al segundo clasificado, y dejaría para el recuerdo victorias como el 0-3 del Bernabéu.

Momento justo en que Urruti detenía un penalti, gracias a eso se proclamaría el Barça campeón de Liga

Sin embargo aquel arrollador Barça liguero mostró otra cara muy distinta en Europa y en Copa. La Recopa de Europa, supuso un estrepitoso fracaso. Los azulgrana caería a las primeras de cambio. El Barça perdería 1-4 en el Camp Nou, frente al F.C. Metz pese a haber ganado en Francia 2-4. En Copa del Rey, el Betis dejaría fuera a los de Venables en cuartos de Final. A la misma altura, en cuartos, caería el Barça en la Copa de la Liga, esta vez frente al Real Madrid. El Barça se había montado en un vaivén continuado, capaz de lo mejor y del más estrepitoso fracaso. Pero una Liga, tras 10 años de dolorosa sequía, sabía a gloria.

El título liguero dio cierta estabilidad al Barça en lo institucional. Y también a Venables para entrenar. Sin embargo, la competición liguera ya no sería igual en su segunda temporada. El Barça naufragaba en la competición doméstica. Acabaría en sexto lugar con casi tantas victorias como derrotas, ganando 15 partidos y perdiendo 14. En Copa del Rey volvería a fracasar, por segundo año consecutivo. Pero en Europa, esta vez, el Barça pisaba fuerte. Tanto es así que tras eliminar a Porto, Juventus y Góteborg (este último remontando un 3-0 histórico en el Camp Nou) los azulgrana se plantaron en la final de Sevilla, frente a un rival bastante asequible a priori, el Steaua de Bucarest. La cercanía de la primera Copa de Europa zanjaba cualquier atisbo de autocrítica. La afición estaba dispuesta a todo. Abarrotó las gradas sevillanas, rebosando ilusión y alegría. Y llegaría uno de los episodios más crueles, lamentables y recordados por la memoria colectiva del barcelonismo. La derrota en una tanda de penaltis patética, generó, aún más, un profundo sentimiento de apatía que acompañaría al Barça largo tiempo.

Zubizarreta, Lineker, Roberto y Hughes fueron fichados a golpe de talonaria. Más de 1200 millones de pesetas en unos refuerzos destinados a olvidar el fracaso europeo. Sin embargo el golpe fue tan grande, que todo era ya pesadumbre en can Barça. El Camp Nou se iba vaciando. Venables perdía crédito en cada partido. En Liga, la más larga de la historia, pues fue la Liga del Play-off, se jugaron 10 partidos tras las 34 jornadas, el Barça acabaría segundo a 3 puntos del Real Madrid. En Copa del Rey, el Osasuna eliminaría a los azulgrana en Octavos de Final, y en la copa de la UEFA, el Dundee United eliminaría a los culés en cuartos de final. Acabaría la temporada sin títulos y con un Camp Nou rendido y semivacío.

Sin fichajes, y sumidos en un caos absoluto, el entrenador, Venables, sería cesado recién estrenada su cuarta temporada en el club. El varapalo de Sevilla seguía coleando. El club daría el banquillo a Luis Aragonés, dejando, dicho sea de paso, a Javier Clemente con la miel en los labios, cuando parecía hecho ese mismo verano.

SCHUSTER Y DUCKADAM


Bernrd Schuster sería figura del F.C. Barcelona en una época tan complicada.Su extraordinaria calidad le convertiría en el motor del Barça durante casi una década. Era sin duda un jugador portentoso. De los mejores centrocampistas que han pasado por el Camp Nou. Un trabajo incansable, un potente disparo, un pase largo teledirigido. El alemán, ficharía por el F.C. Barcelona en 1980, tras haber alcanzado el éxito con su selección, ser denominado el jugador revelación de la Eurocopa y haberse alzado también con el Balón de Plata. Con Maradona formaría una pareja de extranjeros sin igual en el fútbol.

Goikoetxea, igual que con Maradona, le lesionaría de gravedad en 1981. No volvería a jugar hasta 1982, y hasta 1984 hizo las delicias del barcelonismo. Sin el astro argentino, tomó la batuta, llevó al Barça a conquistar la Liga de 1985. Mandaba, controlaba, chutaba, marcaba y era un referente sobre el campo para sus compañeros.

Un imprescindible para todos los técnicos que lo han dirigido (pese a su chulesca actitud), Schuster tenía además un carácter fuera de lo común. Era tan inmenso jugador como caprichoso (Sus celos con Maradona al lado fueron un quebradero de cabeza). Tan talentoso sobre el césped como indisciplinado en las concentraciones (Eran comunes sus “huidas” a Alemania e incluso dejaría la selección con 21 años, tras sólo 23 partidos por negarse a aceptar un castigo de la federación germana por ausentarse sin permiso de una concentración). Tan contundente dominando el fútbol culé como mostrando su mal humor con la parte noble del club (Su mala relación con el presidente Núñez es un caso digno de estudio). Pese a sus éxitos, sus demandas siempre cayeron en saco roto para una directiva hastiada de sus excesos. Y su carácter, fuerte, las veces grotesco (llegaría a llamar borracho a Udo Lattek y protagonizar una estruendosa incompatibilidad pública con él resuelta a bombo y platillo ante las cámaras), terminó por llevarle al eterno rival, dicen las malas lenguas, que incluso renegando de mejores ofertas en Italia. Como quien dice, sólo por incordiar.

Helmuth Duckadam, una pesadilla culé

Como comentábamos, tras la Liga del “Urruti t’estimo” el Barça naufragaba en la competición doméstica. En Europa iba pisando fuerte. Y Schuster sería uno de los causantes de aquel éxito momentáneo. Sin embargo su actitud ya irritaba a muchos. Públicamente, otra vez, el jugador había sido incapaz de morderse la lengua. Acusaría al club de tratar a las estrellas como trozos de basura, a causa del reparto de primas. Pese a todo, seguía siendo una pieza fundamental de aquel Barça y pese a las cada día mayores rigideces de Venables, era indiscutible. Corría 1986, el Barça había alcanzado la finalísima de Sevilla, la que debía ser la primera orejona del club. El rival, un desconocido Steaua de Bucarest, saltó al campo dispuesto a frenar al Barça. Lejos de lo esperado, los azulgrana no tenían su noche. El partido era espeso y sin espacios. El propio Schuster parecía estar jugando a medio gas mientras estuvo en el campo. Aún hoy muchos aficionados y socios culés ponen en entredicho que Schuster jugase a tope aquel partido. Y es que, con 0-0 en el marcador, en el minuto 85, y pese a ser el mejor lanzador de faltas y penaltis de la plantilla catalana, Venables decidió arriesgar y sacar al alemán del partido. El alemán se tomó aquel cambio como la gota que colmaba su vaso (debía ser un pocillo) y abandonó el campo con una mirada fulminante. Se fue a vestuarios sin esperar más, se duchó y se marchó del estadio mientras sus compañeros se jugaban tan vital encuentro. Ni siquiera se quedó cerca. Con su pareja, iría al aeropuerto y cogería el primer avión a Barcelona y de ahí a Mallorca.

El partido siguió sin Schuster. Pero nada cambiaría el resultado inicial. Ni siquiera la prórroga, donde apenas hubo juego ni ocasiones. Los penaltis decidirían el campeón. Empezarían disparando los rumanos. Majaru vería como el héroe Urruti, pararía su penalti. El público se vino arriba mientras el meta vasco pedía calma. Alexanco pudo adelantar al Barça, pero Duckadam pararía el lanzamiento de forma magistral. Incredulidad en el Pizjuán. Urruti volvería a parar el segundo. La afición respiraba y celebraba. Pero Duckadam no iba a quedarse atrás y pararía el lanzamiento de Pedraza. Abajo, pegado al palo, bien lanzado, pero el meta rumano era más largo que un día sin pan. Lacatus marcaría el primer de los rumanos. Pichi Alonso, el héroe de la remontada al Goteborg, también vería como Duckadam pararía su lanzamiento. La afición no daba crédito y Duckadam que parecía dar gracias a la providencia, tampoco. Era el turno de los rumanos. Balint engañaría por completo a Urruti y marcaría el segundo. Seguir vivos, tras el 2-0, dependía de Marcos Alonso. Preparó el esférico sobre el punto de penalti y miró al meta rumano. Se le hizo tan inmenso, tan largo, tan zurdo, que al contrario que sus compañeros lanzaría a la izquierda de Duckadam. El disparo fue flojo, no muy escorado, fácil para el guardameta del Steaua de Buscarest , que detendría su cuarto penalti y daría el título al equipo rumano. Pocos culés que lo viviesen no sienten cómo les tiemblan las piernas al oír la palabra clave de aquella funesta noche: Duckadam. Berna y Sevilla. Lugares que pocos culés pueden guardar con el cariño debido, tras perder de forma increíble dos finales de Copa de Europa.

DE JUZGADOS, SANCIONES, HUIDAS Y ESCÁNDALOS


Portada Mundo Deportivo tras la debacle de los penaltis en Sevilla

El golpe a todo el barcelonismo al perder aquella final Europea resultó inmenso. Habían esperado 25 años para volver a soñar con aquel momento. Y una tanda de penaltis sin un solo acierto, colmaría la paciencia y los ánimos de todos los culés. Sólo los más grandes se levantan tras acariciar la gloria con la yema de los dedos y caer en el último suspiro. Y por aquel entonces, no sólo el Barça, todo el fútbol español, era una liga menor. Y de ella, el Barça, pese a las figuras que venía fichando año tras años, no alcanzaba la dimensión de club inalcanzable que se le exigía. La apatía se hizo cargo de todo el club. El desconcierto reinaba en can Barça al tiempo que el máximo rival gozaba de otra época dorada. La búsqueda de culpables de aquella pesadilla europea en Sevilla, fue tan sencilla como injusta.

El propio Presidente del F.C. Barcelona, Josep Lluis Núñez, echaría más leña aún a la pira culé, al decir a la prensa, a su llegada al aeropuerto del Prat procedente de la malograda final en Sevilla:

“Schuster, no volvera a jugar más en el Barça”

para matizar a posteriori:

“Es una impresión personal, porque hablo como socio del club. Como presidente tengo que esperar la decisión que tome el entrenador. El Barça necesita jugadores íntegros y motivados que sientan los colores del club. Aunque el Barcelona está por encima de estas cosas, ahora que ha finalizado la temporada es el momento de tomar decisiones, y las tomaremos. ¿Cuándo? Los directivos también necesitamos descansar. Conviene actuar con calma.”

Otro, el Vicepresidente Nicolau Casaus, se sumaría a la persecución al declarar acto seguido que Schuster como operación económica, estaba “amortizado”. Para añadir, al serle comentado el incidente con los seguidores:

“¿Expediente? Claro que sí, el más amplio y severo que pueda llevarse a término”.

La afición no tardaría en obtener el cabeza de turco perfecto para su cruzada. Casi todos, entrenador, público y directiva, tomaron a Schuster y su espantada como cabeza de turco. Pero los ismos que iba dejando Núñez a su paso por la presidencia, tenían también su propia versión de los hechos. Tanto es así, que en medio de todo el follón, se produjeron incluso ciertas y menguadas manifestaciones, y exposición de pancartas, donde podía leerse “Schuster si. Núñez no”

El Alemán sería sancionado con varias multas y apartado de la disciplina del primer equipo. El propio Venables, del que a posteriori, años más tarde, Schuster diría:

“… le gustaba más la fiesta que el trabajo”

Ya no podía seguir soportando a Schuster. Se le dio manga ancha para fichar y no dudó en ocupar la plaza de extranjero que venía ocupando el alemán. Mientras, el entrenador británico trataba de torear a la prensa como buenamente podía:

“Para hablar de un futuro sobre este caso es muy pronto, pero sí puedo decir que se le ha abierto un expediente por haber abandonado el vestuario de Sevilla sin que hubiese finalizado el encuentro, que habrá, una multa y, que el mejor castigo me lo callo y me lo llevo en la cabeza”

El jugador denunciaría ante las cámaras que se le prohibió entrar a los vestuarios en día de entrenamiento. Preguntado sobre ello, Venables dejó clara su posición:

“¿Qué quería, que le diéramos una medalla?”Insistiría Venables tras dejarle entrenar:“… pensé que lo mejor es que no estuviera con sus compañeros, pero los abogados del club se reunieron y decidieron que lo más conveniente es que se reincorporara a los entrenamientos. Tampoco le quiero dar una recompensa y que, mientras sus compañeros estén entrenándose, él, se encuentre tomando el sol en Ibiza”

Así las cosas, el rubio alemán pediría ser traspasado, algo a lo que el club se negó rotundamente, alegando que aún le quedaban dos años de contrato por cumplir. El sainete culé estaba en pleno apogeo. No querían a Schuster en el equipo, al tiempo que no querían venderlo. Querían cederlo, a lo que el jugador se negaba abiertamente. El presidente de la entidad azulgrana, personalmente, caldeaba el ambiente siempre que le era posible. Schuster creía poder controlar su destino. Una venta y todo solucionado. Pero la determinación de la junta directiva, terminó por obligar a un proceso judicial, con la Federación Española de Fútbol, la Asociación de Futbolistas y el propio club de por medio.El ambiente era tal que los compañeros de Schuster empezaban a posicionarse con el alemán. Publicaba el diario El País, en 1986:

“… los jugadores del Baça preparaban una nota a favor del jugador en la que iban a solicitar la inmediata reincorporación de Schuster a los entrenamientos porque él no era el único culpable de la derrota de Sevilla.”

La prensa, preparada, asistía a la auto aniquilación del enésimo proyecto culé, a veces con sorpresa y otras con el famoso “Se veía venir”. Muchos desde la propia ciudad de Barcelona, como hiciera Mundo Deportivo, alimentaban la hoguera culé con gasolina, utilizando simbología del club en su travesía por el desierto, como el “Aquest Any Si” de cada año en el Gamper, titulando con letras inmensas en sus diarios:

“Aquest Any Tampoc”.

Venables veía peligrar el banquillo. No obstante, Núñez, con una nueva inversión multimillonaria, trataría de hacer reaccionar a equipo y afición. Hughes, Linecker, Roberto y Zubizarreta llegarían a la ciudad condal a cambio de un total de 1200 millones de pesetas. Toda una declaración de intenciones. Especialmente en la portería. Núñez pasaría de la inmensa alegría del “Urruti t’estimo” a traer un portero que sentaría a Urrruti, a petición de Venables. Se organizaba así un nuevo follón en el equipo. Urruti, otrora héroe del barcelonismo, se veía relegado al Banquillo. Era una petición expresa de Venables. Así mismo, la plaza de extranjero de Schuster la ocupada un nuevo jugador. Venables argumentaría:

“No tengo prisa en resolver este caso porque, para mí, no tiene la misma trascendencia que otros. Si él quiere marcharse, me vale; si quiere quedarse, también me vale. Cuantos más jugadores de calidad tenga, mejor para el equipó”

Aquel inicio de temporada parecía ser bastante aceptable. Aunque el pesimismo inundaba cada estancia culé. Urruti enfadado, Schuster apartado, los nuevos fichajes no terminaban de superar lo que ya había en plantilla. No obstante el Barça disputaría la Liga hasta el final. El Real Madrid fue inalcanzable. En Copa el equipo volvió a hacer aguas al caer en cuartos de final. En Copa de la UEFA, fue incapaz de pasar de octavos. El juego tampoco encandilaba a la afición. Venables estaba cada día más y más cuestionado.

Al tiempo, Schuster inicia su propia cruzada en los juzgados. Al margen de todo lo anterior, casos acontecidos desde su incorporación en 1980, el jugador y el club se envuelven en un conflicto que traerá de cabeza a todo el barcelonismo.Esta es la cronología que de tales acontecimientos, realizaría el diario LA VANGUARDIA el lunes 23 de Marzo de 1987:

7 DE MAYO DE 1986: el Barcelona pierde, por penaltis, la final de la Copa de Europa ante el Steaua de Bucarest. Bernd Schuster es sustituido por Moratalla (m. 83) y se marcha del estadio Sánchez Pizjuán antes de que finalice el encuentro.

8 DE MAYO DE 1986: Schuster abandona la cóncentración de Sevilla y viaja a Barcelona en compañía de su esposa Gaby. En el aeropuerto de El Prat, Josep Lluís Núñez anuncia que “Schuster no jugará nunca más en el Barça”

9 DE MAYO DE 1986: el Barcelona prohíbe a Schuster que acceda a los vestuarios del Camp Nou.

13 DE MAYO DE 1986: la directiva azulgrana suspende el pago del contrato de imagen de Schuster y le abre un expediente.

14 DE MAYO DE 1986:Venables declara que “es igual que Schuster decida quedarse o marcharse”.

20 DE MAYO DE 1986: el jugador alemán rechaza una oferta del Olympic que de Marsella.

2 DE AGOSTO DE 1986: Schuster juega el partido amistoso que el Barcelona disputa en Andorra.

12 DE AGOSTO DE 1986: Schuster declara que “mi única preocupación es prepararme a fondo para disputar el Campeonato de Liga con el Barcelona”.

13 DE AGOSTO DE 1986: Venables anuncia que Lineker y Hughes serán los dos extranjeros para la temporada 1986/87.

14 DE AGOSTO DE 1986: el Barcelona remite una carta a Schuster en la que le comunica su baja federativa y en la que le desea “una pronta recuperación”.

18 DE AGOSTO DE 1986: los abogados de Schuster piden al Barcelona que recapacite su decisión.

20 DE AGOSTO DE 1986: la FEF no permite a los representantes legales de Schuster que vean el expediente sobre la baja de su cliente.

21 DE AGOSTO DE 1986: el Barcelona interpone una demanda de resolución del contrato de imagen de Schuster ante los tribunales civiles. Jacint Soler Padró, abogado del jugador, remite un escrito a la Fiscalía General del Estado.

24 DE AGOSTO DE 1986: la directiva resuelve abrir otro expediente a Schuster por “conducta irregular Continuada”.

26 DE AGOSTO DE 1986: «La Vanguardia publica parte del informe del club sobre el caso. Dice que “el jugador no está en condiciones Sociales ni psíquicas”.

27 DE AGOSTO DE 1986: Schuster recurre al Consejo Superior de Deportes (CSD).

28 DE AGOSTO DE 1986: los abogados de Schuster requieren notarialmente a los médicos del club para que justifiquen la baja.

29 DE AGOSTO DE 1986: Soler Padró pide que intervengan la UEFA y la Asociación de Futbolistas.

1 DE SEPTIEMBRE DE 1986: los representantes legales de Schuster presentan ante Magistratura de Trabajo la demanda de resolución de contrato.

5 DE SEPTIEMBRE DE 1986: los abogados de Schuster presentan una querelle criminal ante el Juzgado de Guardia contra Núñez, Antón Parera y el doctor Bestit. Al tiempo, el Barcelona desvela la existencia de una segunda demanda civil del club contra Schuster, “por reclamar que el contrato de imagen sea libre de impuestos”.

9 DE SEPTIEMBRE DE 1986: Schuster y el Barcelona cierran sin avenencia el acto de conciliación que se celebra en el instituto de Mediación y Arbitraje de la Generalitat.

10 DE SEPTIEMBRE DE 1986: en sorteo realizado mediante computadoras, la demanda laboral recae en la Magistratura número 20.

15 DE SEPTIEMBRE DE 1986: el Barcelona decide pagar las mensualidades del contrato de imagen y abona a Schuster los atrasos correspondientes. La Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) condiciona su intervención a que Schuster se afilie.

21 DE SEPTIEMBRE DE 1986:Venables convoca a Schuster para el encuentro amistoso que cierra los festejos del centenario del Gimnástic de Tarragona.

22 DE SEPTIEMBRE DE 1986: el magistrado-juez Luis Gómez Vizcarra no admite la querella interpuesta por Schuster contra el presidente, el gerente y el médico del Barcelona, bajo los argumentos de que “no está probado el ánimo de injuriar” y que “la medicina no es una ciencia exacta”.

23 DE SEPTIEMBRE DE 1986: Schuster levanta de sus asientos al público de Tarragona. Marca tres goles y arranca gritos de “Schuster, Sí; Núñez, no”

20 DE SEPTIEMBRE DE 1986: Soler Padró presenta una demanda civil de conciliación contra la FEF y el Barcelona. Venables da a entender en sus declaraciones que el alemán jugó ante el Gimnástic de Tarragona por orden de la comisión jurídica del club.

1 DE OCTUBRE DE 1986: Schuster solicita la intervención de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social. Por la noche, en el Camp Nou, un sector del público grita “Schuster, sí; Núñez, no” al término del encuentro ante el Flamurtari.

2 DE OCTUBRE DE 1986: el magistrado-juez Sebastián Huértas señala el día 26 de marzo como fecha para la celebración del juicio laboral.

4 DE OCTUBRE DE 1986: los abogados del jugador Interponen una demanda civil contra la FEF en el Tribunal de Primera Instancia de Madrid. Piden la nulidad de la baja federativa de Schuster.

9 DE OCTUBRE DE 1986: La Vanguardia publica una fotocopia de las hojas de salario que Schuster recibe desde la final de la Copa de Europa.

13 DE OCTUBRE DE 1986: en el Juzgado de Distrito número 26 se celebra, sin acuerdo, la vista de la demanda de conciliación. Ese mismo día, el Barcelona presenta un escrito ante el Juzgado de Primera Instancia número 10 pidiendo que sea la Magistratura de Trabajo quien se declare incompetente para resolver el caso.

15 DE OCTUBRE DE 1986: Schuster presenta un recurso de reposición en el que pide un adelanto de la fecha del juicio laboral.

17 DE OCTUBRE DE 1986: María Mercedes Ercilla. titular del despacho número 18 de la Inspección de Trabajo, requiere al Barcelona para que justifique la baja.

20 DE OCTUBRE DE 1986: en Madrid se asegura que Schuster fichará por el Real Madrid.

24 DE OCTUBRE DE 1986: los representantes legales de club y jugador vuelven a comparecer ante la Inspección de Trabajo. El Barcelona no aporta los documentos de la baja de Schuster.

26 DE OCTUBRE DE 1986: con unas declaraciones exclusivas a La Vanguardia, Schuster rompe su silencio para culpar de su situación a Núñez y Venables.

26 DE OCTUBRE DE 1986: Joan Gaspart afirma que “si Schuster tiene ganas de que esto acabe, el Barcelona también”.

30 DE OCTUBRE DE 1986: Venables reconoce que quiso traspasar a Schuster pocos días después de que se ganara la Liga 84/85.

14 DE NOVIEMBRE DE 1986: se presenta la Penya Schuster, con más de 300 afiliados. El Barcelona se opone, en un escrito al magistrado-juez Sebastián Huertas, a un adelanto del juicio.

18 DE NOVIEMBRE DE 1986: Schuster rechaza cobrar en metálico y sin recibo, como el Barcelona pretende pagarle las dos últimas mensualidades.

19 DE NOVIEMBRE DE 1986: Núñez concede una entrevista a La Vanguardia, en la que declara que “Venables tiene la palabra sobre si Schuster tiene o no puesto en el equipo”.

28 DE NOVIEMBRE DE 1986: Soler Padró vuelve a requerir la intervención del CSD.

30 DE NOVIEMBRE DE 1986: el Barcelona deposita en el Juzgado de Primera Instancia número 10 los contratos de Schuster.

10 DE DICIEMBRE DE 1986: Schuster declara en Alemania que existe la posibilidad de que el juicio laboral no llegue a celebrarse.

11 DE DICIEMBRE DE 1986: la FEF cumpIe el trámite de contestación a la demanda civil presentada por Schuster ante el Juzgado de Primera Instancia número 12 de Madrid, asegurando que la baja transitoria del jugador se ha concedido por motivos técnicos y no médicos.

24 DE DICIEMBRE DE 1986: la lnspección de Trabajo resuelve el expediente de Schuster a favor del Barcelona.

8 DE ENERO DE 1987: la FEF dice en el Juzgado de Primera Instancia número 12 de Madrid, ante la juez Lourdes Ruiz de Gordejuela, que considera incompetente a la jurisdicción civil para este caso. El Secretario de Estado para el Deporte, Remé Cuyas, remite una carta al Barcelona exigiéndole que justifique la baja.

10 DE ENERO DE 1987: Schuster solicita la intervención del Departament de Treball de la Generalítat.

26 DE ENERO DE 1987: el jefe de la inspección Provincial de Trabajo, José Vicente Marsal afirma que la baja de Schuster es irrelevante y asegura que el artículo 9. 1 del Real Decreto 1006/85 no dice lo que sí dice.

5 DE FEBRERO DE 1987: Agustín Ferrer Barriendos, titular del Juzgado de Primera Instancia número 10 de Barcelona decide que el casó compete sólo a la Magistratura, por entender que el contrato de imagen de Schuster es un complemento del contrato laboral.

10 DE FEBRERO DE 1987: los medios informativos recogen de Efe los textos de los contratos que mantienen Schuster y el Barcelona, por un importe de 45 millones de pesetas anuales.

18 DE FEBRERO DE 1987: los abogados del Barcelona recurren contra la decisión del Juzgado de Primera Instancia y piden que el contrato de imagen se resuelva en un procedimiento civil.

19 DE FEBRERO DE 1987: el Grup d’Opinió Barcelonista manifiesta que “el Barcelona ha afrontado el caso Schuster del peor modo que podía hacerlo” y propone la búsqueda de “una fórmula de conciliación para evitar que Schuster firme contrato con el Real Madrid”.

24 DE FEBRERO DE 1987: la Federación Alemana de Fútbol remite una carta a Schuster, a quien expresa el criterio de que una baja transitoria sólo puede concederse por lesión o enfermedad.

26 DE FEBRERO DE 1987: los representantes legales de Schuster y la FEF comparecen ante el Juzgado de Primera Instancia número 12 de Madrid.

2 DE MARZO DE 1987: Núñez y Venables reciben una citación para comparecer el día 26 en el juicio laboral, como testigos requeridos por la parte demandante.

3 DE MARZO DE 1987: La Vanguardia desvela que Gaspart intenta llegar a un acuerdo con Soler Padró para evitar que se celebre el juicio de Magistratura.

6 DE MARZO DE 1987: Schuster declara que no descarta “la posibilidad de continuar en el Barcelona”.

9 DE MARZO DE 1987: en carta publicada por La Vanguardia, Schuster pide a los seguidores del Barcelona que ayuden al equipo a salir del bache de juego en el que ha entrado y recuerda que si se ve obligado a dejar el club “no será por sus socios”. Se asegura que el Real Madrid esperará a que se celebre el juicio de Schuster para cubrir la baja de Valdano, afectado de hepatitis.

12 DE MARZO DE 1987: la FIFA contesta a una carta de Soler Padró, a quien señala que “no podemos entrar en el fondo de la cuestión, por haber actuado el jugador de forma improcedente al acudir a los tribunales de justicia”.

18 DE MARZO DE 1987: el Barcelona resulta eliminado de la Copa de la UEFA ante el Dundee United y se escuchan nuevos gritos de “Schuster, sí; Núñez, no”.

El lector podrá imaginarse, en un momento en que el más mínimo problema suponía un auténtico cisma, la repercusión de esta batalla judicial en can Barça. Y lo que es peor, de ella, surgiría el origen inicial del tema que nos ocupa, el Motín del Hesperia.

Leíamos en La Vanguardia que se hicieron públicos los contratos de Schuster con el F.C. Barcelona. Ante esa publicación, en relación a los derechos de imagen del jugador, Hacienda se da cuenta de la ausencia de legislación y gravamen sobre tales derechos que cobraban todos los jugadores de fútbol, ante lo cual decide ponerse en marcha y reclamar las cantidades debidas a los profesionales.

Es aquí donde una plantilla, cada vez más alejada del Presidente Núñez, decide emprender acciones internas en el club para negociar su situación ante el fisco. Los jugadores solicitaban a la directiva que se hiciese cargo de dichas deudas con hacienda. Ante estas peticiones, la directiva, más bien Núñez, que solía encargarse de estos pormenores personalmente, deciden dar largas a los jugadores con intensas pero improductivas reuniones entre abogados, consejeros y otros empleados a sueldo del F.C. Barcelona.

Mientras unos alzaban la voz por primera vez, el fútbol seguía su rumbo. El Barça, inconscientemente, era incapaz de olvidar el varapalo de Sevilla. Pese a disputar la liga casi hasta el final, el equipo ni encandilaba ni conseguía aunar esperanzas del espectador, que cada día era más pesimista respecto al futuro inmediato del club. La temporada finaliza sin títulos. Y ese verano, unos y otros pactaban el final del problema Schuster. Reunidos en las oficinas del club, aquellas viejas oficinas, repletas de trofeos, con más aspecto museístico que espacio laboral, Núñez, Gaspart y los abogados del jugador pactarían con el alemán volver a integrar el equipo la próxima temporada y renovar su contrato por el F.C. Barcelona o ser traspasado. Todo se daba en un momento en que Schuster aparecía ya vestido con la camiseta del Real Madrid en las portadas de diarios, se decía que ligados a Joan Gaspart, como Sport. Núñez dejaba claro ante los medios, el acuerdo alcanzado:

“El Barcelona cree que la única forma de que Schuster se integre totalmente en el club es asegurando su continuidad”

“Yo no puedo decirle a la afición que Schuster vuelve para jugar a medias”

Es por ello que el club ofrecería al jugador alemán la renovación de su contrato con el F.C. Barcelona, por tres años, por un monto económico de 240 millones de las antiguas pesetas. Cuestionado sobre las informaciones que le situaban ya en el Real Madrid al término de su actual contrato, en 1988, preguntándole si su deseo era seguir en Barcelona, Schuster respondería:

“Por eso estamos aquí”

“… el problema era dejar las cosas pasadas atrás y ver qué es lo que puede ocurrir la próxima temporada. Me gustaría terminar este próximo año jugando en el Barcelona, comprobando hasta qué punto se puede volver a coger la confianza necesaria para seguir y, si las cosas van bien, luego no tendría inconveniente en volver a hablar sobre mi futuro. Por lo tanto no voy a pensar lo que voy a hacer; sólo tengo, decidido que intentaré seguir un año más”

A Núñez no le agradaría esa respuesta. Pero aun así seguiría tratando de asegurar la continuidad de Schuster, un jugador que sabía de sobra, era pretendido, casi públicamente, por Ramón Mendoza, presidente del Real Madrid, para asestar otro golpe a su eterno rival.

EL BARÇA. UN BARCO A LA DERIVA


Un horrendo inicio de temporada llevaría a Luis Aragonés al banquillo del F.C. Barcelona

Tras otro año en blanco, Núñez se pasó el verano buscando solución al problema Schuster, mientras negociaba a escondidas contratos de un año de duración con entrenadores como Javier Clemente. La cuantía económica del último mercado estival había puesto en serio riesgo el equilibrio en las arcas del club. Tanto es así, que de cara a una nueva temporada, la junta directiva, pese a no haber levantado ningún título en el último curso, decidió no realizar ningún fichaje, argumentando que la plantilla confeccionada con tanto esfuerzo económico hacía solo un año, debía ser suficiente para el nuevo ciclo. Al mismo tiempo, la estrella inolvidable del barcelonismo, Johan Cruyff, ya sonaba en todas las redacciones como posible heredero del banquillo. Las malas lenguas, los amigos de las conspiraciones, cuentan que para hacerse cargo, el propio Cruyff habría exigido a Núñez una limpieza profunda de la primera plantilla. Aunque nada de esto se puede siquiera demostrar, de hecho uno de los primeros enfrentamientos del míster holandés con la junta directiva fue la permanencia de algunos jugadores, si existen aún hoy voces, que consideran que fue Cruyff, desde la sombra, quien forzaría la situación para hacerse con el banquillo culé.

El horrible inicio de la temporada 87-88, con hasta 4 derrotas en 5 partidos, precipitó los acontecimientos. Venables sería destituido. Se abría así manga ancha para la reincorporación de Bernd Schuster en la disciplina del equipo. La urgencias deportivas eran ya alarmantes. Tanto es así, que supusieron una serie de medidas del Presidente Núñez, que dejaron a todos boquiabiertos. Especialmente a los afectados, como Javier Clemente, que asistió incólume a su no contratación, tras un verano de negociaciones en can Barça, porque al presidente se le antojaría sustituir a Venables con un entrenador que había llevado al Atlético a la final de la Recopa. Luis Aragonés era el hombre adecuado, a su juicio, para lidiar con Schuster. No fue el único caso. El lamentable desempeño de Hughes, supuso su venta al Bayern de Munich y la reincorporación de otro apartado del equipo, Archibald, que había decidido personalmente, jugar en el filial a la espera de una noticia federativa que ampliase el cupo de extranjeros. No se daría tal circunstancia. Archibald, un profesional inmenso, regresaría a Gran Bretaña, al saber que Schuster sería reintegrado al grupo.

En aquellas circunstancias, nadie en can Barça esperaba el más mínimo éxito. Los inicios del Sabio de Hortaleza no fueron nada sencillos. La deriva derrotista inundaba todo. La clasificación liguera pesó como una losa desde el comienzo (Aragonés arrancaría en el banquillo culé con el Barça en penúltimo lugar) y las rachas nefastas de juego y resultados frenaban cualquier aspiración. El Camp Nou asistía prácticamente vacío a los encuentros. Las sonoras pitadas al equipo en cada jornada, empezaban a ser demasiado para todos, jugadores, técnico y también directivos.

El duro camino en Liga hacía inalcanzables los puestos europeos. Y como era la única meta que se había fijado aquel año, las competiciones coperas, Copa del Rey y Copa de la UEFA, eran una prioridad absoluta. Un clavo ardiendo para no hacer historia quedando, por primera vez, fuera de Europa. Y para alcanzar algún éxito en aquel objetivo, Luis Aragonés, de escuela atlética, especialista del contragolpe, pondría especial hincapié en Carrasco y Lineker para que aprovechasen su velocidad y definición.

Schuster realizando una de sus especialidades

La Copa de la UEFA había sido bastante benevolente con el Barça. En los sorteos tuvo que enfrentarse, a rivales flojos, que eliminaría sin problema. Hasta que en cuartos de final, la mala fortuna, que se estaba cebando con la entidad, le enfrentase a un poderoso como el Bayer Leverkusen. Nadie apostaba por los azulgrana. En tal situación era impensable superar aquella eliminatoria. Acudieron a Alemania para disputar la ida y contra todo pronóstico, lograron un empate a cero, si bien tuvieron ocasiones suficientes para haber ganado. Otro buen partido en Barcelona y habrían logrado la machada. Pero este Barça era muy distinto al actual. Un padrastro que afectase a un utillero, era suficiente para modificar el estado anímico y difundir el nerviosismo y el derrotismo. Y así fue. En el partido de vuelta, el Barça que regalaría esperanzas de la ida se había diluido. Tita, otro nombre maldito, anotaría el 0-1 que sería definitivo. Pero la bomba aún no había explotado. Lo hizo cuando el colegiado señaló penalti a favor de los catalanes. Schuster, especialista, se disponía a lanzar para empatar el marcador. Pero su disparo se iría altísimo, a la grada. El escaso público que acudió al encuentro no pudo reprimir su enojo. Enfurecidos le gritaban “Nazi” al jugador alemán, que respondería con otras de sus especialidades, una peineta a la afición. Iría aún más lejos respondiendo en los medios:

“seré feliz cuando pueda irme de Barcelona”

El nuevo desprecio de Schuster parecía determinar su “huida”. Todos los medios vendían su segura marcha al equipo de la Quinta del Buitre. Y mientras unos y otros llenaban páginas y horas de radio con el jugador alemán, Núñez seguía dando largas a la plantilla azulgrana en sus aspiraciones económicas, más aún, con el argumento inquebrantable de los malos resultados.

Los jugadores se iban encendiendo más y más contra la directiva. Núñez, desesperado, llegó a amenazar al equipo con una severa restructuración, o lo que es lo mismo, con poner de patitas en la calle al que no aceptase su listón. Las reivindicaciones de los jugadores pasaron a un nuevo plano al introducir a las negociaciones con el club a distintos representantes legales. El club haría lo propio, en una situación que parecía irse de las manos de la directiva.

El presidente del F.C. Barcelona insistía a los jugadores que para sentarse a negociar requería resultados. Salvar la temporada era la única vía para que Núñez se sentase, siquiera, a debatir cualquier petición de la plantilla. Y los resultados seguían sin acompañar. Para el escaso público del Camp Nou ya no existían vacas sagradas. Cualquiera, con el más nimio de los motivos, sería señalado y silbado por una afición tan desencantada como enrarecida.Para mayor escarnio, Hacienda recordaba al club, y a los jugadores, que existía una deuda que debía ser abonada o se tomarían medidas legales. Los abogados que representaban a la plantilla urgían al club a sentarse a negociar. Sin embargo, lo que antes eran excusas e inoperantes reuniones, se había convertido abiertamente en una negativa firme. Núñez no estaba dispuesto a negociar. Así las cosas, los futbolistas decidieron insistir, por el bien de todos, y del club, llevando al Vicepresidente Joan Gaspart sus demandas. El escarnio fue aún mayor para la plantilla del primer equipo, cuando el club, Núñez en concreto, pactó con total normalidad, satisfacer el nuevo impuesto a medias entre entidad y jugador con el resto de las secciones profesionales. El fútbol, que tantas penurias estaba reportando, era para el presidente un mundo aparte.

El Barça continuaba a la deriva. El esfuerzo de Luis Aragonés, sabiéndose itinerante, sólo de paso por el banquillo, ya que la cercanía de unas nuevas elecciones, señalaban a Cruyff como entrenador del nuevo proyecto de Josep Lluis Núñez, no era suficiente para enderezar el rumbo. El Barça alternaba momentos de fútbol muy resultadista y efectivo con bajones que le devolvían a la realidad del derrotismo. El propio Aragonés se desmoronaría a mitad de temporada, aquejado de una depresión, y durante dos jornadas sería Rexach, su segundo, el entrenador del equipo. La Copa del Rey, era una prioridad para el equipo. Impotentes en las demás competiciones, salvar el año pasaba por llegar lejos en el torneo del K.O. Así, el equipo iniciaría la Copa eliminando con solvencia al Real Murcia por un global de 0-5. En octavos, depararía un derbi con el Espanyol de Barcelona. También se solventó con cierta facilidad, por un global de 1-4. Pero el Barça no estaba para muchas alegrías. Mientras iba superando eliminatorias, los rumores, las trifulcas internas y el ambiente enrarecido seguían encendiendo los ánimos. Schuster aparecía en prensa, cada día, un paso más cerca de vestir de blanco. Y la plantilla al completo seguía tratando de solucionar su entuerto con el club y con hacienda, pese a las reticencias de Núñez. En Cuartos de Final, el Castellón, que caería con un resultado final de 1-3, tras regalar un susto con un empate a un gol en la ida. Y las semifinales ya eran casi una quimera. Un Osasuna en plena forma, con Goikoetxea y Michael Robinson como referentes, y otros conocidos por el barcelonismo como Juan Carlos Unzué, disfrutaba en una posición liguera superior al Barça. Terminaría quinto aquella temporada.

Sería un hueso duro de roer para el conjunto azulgrana. Y el partido de ida sería feo, duro, poco vistoso para el aficionado. Acabaría con un 0-0 que no daría muy buena espina al barcelonismo. Sin embargo, en el partido de vuelta, un mágico Bernd Schuster llevaría al equipo a la victoria con dos goles de Lineker y uno de Clos. Tocaba esperar rival. Y fuese cual fuese, sería una pesadilla. El campeón de Copa, la Real Sociedad de Toshak (con jugadores como Arconada, Bakero, López Rekarte o Beguiristain) o el Real Madrid de la Quinta del Buitre.

Pese a haber alcanzado la final de Copa, pocos, muy pocos culés, creían en la victoria. Se agravaría aún más aquella sensación al contemplar cómo aquella Real Sociedad golearía sin piedad al Real Madrid, alcanzando la final con un global de 5-0. Y entre tanto, los jugadores cada vez más hastiados de la directiva, que tan sólo les ofrecía largas y prolongaciones a sus demandas. El común de los periodistas del momento daban a la Real Sociedad como máxima favorita. Era comprensible, dado el estado autodestructivo del F.C. Barcelona. Y es en esas circunstancias cuando, como si a nadie se le hubiese ocurrido, y como si tuviesen que venir de fuera a recordarlo, salió la figura del entrenador. Luis Aragonés saldría a la rueda de prensa previa a la final copera exultante. Interrogado por las circunstancias que acompañaban aquel duro envite, Aragonés recordaría para asombro de propios y extraños:

“Quien tiene el peso de la historia y los jugadores capaces de ganar cualquier trofeo es el Barcelona”

Aquellas declaraciones eran un respaldo más a la misión fundamental de convencer a sus jugadores que olvidaran el pasado y pensasen únicamente en el presente. Y tuvo que ser él, un tipo de Hortaleza, el que recordase al Barça, precisamente eso, que son el Barça. Así bajaban las aguas por la Diagonal de Barcelona…

Llegaría el gran día. Pocos medios harían caso de Aragonés, pero si lo harían los jugadores. También, pese al derrotismo, hasta tres mil aficionados acudieron a la Final. Un número que contrastaba con los 30.000 aficionados donostiarras que abarrotaban las gradas. Buena muestra del estado del barcelonismo entonces.

Comenzaría la final. Desde el comienzo Schuster se adueñaría de la medular. Urbano y Víctor dejarían secos a López Rekarte y Zúñiga. Migueli y Alexanco no permitirían a Bakero y Lauren acercarse al arco de Zubizarreta. Lineker y Carrasco gozaban de numerosas ocasiones sin el premio del gol. Arconada, el histórico guardameta txuri urdín, se desesperaría, entre paradón y paradón, al ver a su defensa desbordada. En el minuto 15 Schuster centraría al área para Alexanco, que las ganaba todas. El balón caería en botas de Calderé en el otro costado, centra al área y un desbarajuste de la defensa realista deja sólo a Lineker que forzado remata para que Arconada se luzca una vez más. El rechazo cae a pies de Alexanco que anotaría el gol decisivo de aquella final. La Real lo intentaba estrellándose una y otra vez contra la defensa azulgrana, mientras los catalanes llegaban cada vez con más peligro. Arconada sacaría varios balones más que bien pudieron acabar en gol antes que el colegiado, hoy famoso por sus apariciones televisivas de dudosa imparcialidad, Joaquín Ramos Marcos, señalase el final del encuentro.

Los catalanes desplazados no se lo creían. Aragonés hizo gestos de enfrentarse a algún periodista que a punto estuvo de hacerle comer el micro. Y Schuster resumiría a pie de campo la importancia de aquel título:

“Un título muy importante para el Barcelona. Era la única manera de jugar una competición europea el año que viene”

Los jugadores sí celebraron aquella victoria como se merecía. Varios periodistas, a pie de campo, señalaron la importancia y el significado de aquellos abrazos entre los jugadores culés. Sin embargo, el club se negó a ninguna celebración oficial. Las relaciones eran tan malas, estaban tan caldeados los ánimos, que al contrario de lo que había sido habitual en pasadas celebraciones, el Presidente Núñez no aparecería por los vestuarios para festejar el título, o si acaso la clasificación europea. La irrisión fue mayor cuando se negó ningún festejo oficial, en el Camp Nou o en las calles de Barcelona, argumentando que se estaba disputando la Liga, cuando no existía opción alguna para pelearla. Simplemente era un mensaje más, de una directiva irritada y acalorada contra una plantilla que seguía reclamando lo que consideraba suyo.

EL GOLPE Y LA CATARSIS.


Aspecto de la sala que albergaría lo que se llamó “El Motín del Hesperia”
El conflicto entre club y plantilla surgió cuando el contrato de Schuster fue filtrado a la prensa y Hacienda decidió legislar los hasta entonces “libres” derechos de imagen. Los contratos entonces, comentaría Antón Parera, gerente del F.C. Barcelona, estipulaban una cantidad de la ficha federativa, sujeta a una retención del 56%. Otra cantidad, eran “derechos de imagen” cuya tributación era menor. Aún hoy, club y ex jugadores no se ponen de acuerdo. Unos dicen que la tributación era de un 5% mientras otros llegan hasta un 35%, lo que hace pensar que como decía Ramón Calderé, efectivamente existían dos contratos distintos. Perera, Gerente del club, recordaría en su día a la prensa, que en aquellos años no existía un tope en el dinero que los jugadores podían percibir como derechos de imagen. Un jugador de entonces, que no se atrevió o no quiso desvelar EL PERIÓDICO, contaría:

“Llegó un día que el club me planteó: ahora pagaremos así porque nos beneficia a todos. Me aseguraron que era legal o que lo iba a ser ya. A mí me pareció bien. ¿Y si hay problemas, pregunté? No te preocupes, no habrá, y si hay, nos haremos cargo”

El monto reclamado a los jugadores, la plantilla entendía que debía ser abonado por el F.C. Barcelona, ya que fue el club el encargado y el promotor de elaborar dos contratos a cada jugador, uno profesional y uno de imagen. El club, sin embargo, que ya había pactado con las demás secciones la resolución de la trifulca, decidió que cada jugador debería hacerse cargo.

Hasta mediados de abril, y creyendo haber relajado la tensión con la junta directiva, tras la victoria copera, los jugadores insistieron en tratar de una vez por todas su problema con hacienda. Pagar a medias con el club sus derechos de imagen, supondría para los jugadores cobrar menos que hacía dos años, cuando hacienda no tocaba ni un céntimo de sus retribuciones en este ámbito. Ramón Calderé explicaría en su día:

“… los futbolistas tenían dos contratos, uno federativo y otro de imagen, porque el club nos decía que esto tenía ventajas fiscales para todos”

Los jugadores trataron de presentar el caso colectivamente. Antes las negativas continuas de Núñez, los futbolistas buscaron en Gaspart el remedio a sus males. Cualquier acuerdo al que accediese el vicepresidente, por lógica, tendría que ser refrendado por todo el club. Tras varias reuniones con él, según contaría Joan Gaspart:

“Les dije que transmitiría sus preocupaciones al presidente Núñez. A lo mejor me expresé con optimismo pero en ningún momento les garanticé nada”

Recuerda Moratalla, ex jugador del F.C. Barcelona, que los comunicados de Hacienda empezarian a llegar en enero. Y ese mismo mes empezaron las reuniones. Como contábamos con anterioridad, los jugadores trataron de resolver el asunto como colectivo. Formaron así una comisión (Alexanco, Víctor, Zubizarreta y Moratalla fueron los representantes). Contrataron dos asesores fiscales para que negociasen con Joan Gaspart y Anton Parera. Las reuniones llevaban tanto tiempo sin que se solucionase nada, que hasta empezaron a molestar al cuerpo técnico. Luis Argonés, que sabía en todo momento sobre esas tertulias, llegaría a mofarse ante las repetidas demoras de los “comisionados” de la plantilla a los entrenamientos:

“¿Otra vez en el gimnasio?”

Calderé y otros tuvieron siempre su propia versión de los hechos. Según contarían en diversos medios, el común de la plantilla llegaría a alcanzar acuerdos con Joan Gaspart, vicepresidente primero del Barça, en ese momento, representante legal del club.

“Llegamos a un acuerdo con él –comenta Calderé- pero Núñez desacreditó todo pacto y esto nos sentó muy mal”

Y es que en abril, los representantes de la plantilla fueron llamados a la sala de juntas en las instalaciones del club. Allí se presentaron, Luis Aragonés incluido, para escuchar lo que había que decir, ya que el problema afectaba seriamente, no sólo a la moral del equipo, también a su rendimiento. Pero cuando llegaron, algo había cambiado apareció Núñez, pero había desaparecido Joan Gaspart.

Los jugadores comentarían, que tras alcanzar un acuerdo, que Gaspart niega, con el vicepresidente del club, Núñez los reuniría, y a gritos, en una sala de juntas, les diría, aludiendo al propio Joan Gaspart:

“De todo lo que habéis negociado con este, nada de nada”

Ante el estupor de la Comisión y los asesores fiscales, Alexanco trato de mediar con el Presidente:

“Pero si tenemos un acuerdo”

Urruti también se despacharía en radio con estas palabras:

“Que me hagan esto a mí, que he callado después de todo lo que ha pasado y he sangrado y he muerto en el campo por el Fútbol Club Barcelona. Y yo que quería morir aquí como futbolista. Y que dijeran que lo arregláramos nosotros cuando el problema era común…”

Y se le encararía entonces Josep Mussons, otro vicepresidente del Barça, que acusó al jugador diciéndole:

“Esto, Javier, es un problema de menopausia deportiva”

El conflicto volvía a estallar, una vez más, de cara a la opinión pública. Según contó La Vanguardia, los jugadores, hartos de Núñez, plantearon varias alternativas para hacerse escuchar.

“Los miembros del primer equipo habían planteado varias fórmulas de protesta. Algunos propusieron una sentada, otros querían hacer pancartas y camisetas y alguno apostó por pedir la dimisión del presidente. Los presentes votaron a favor de esta última opción. Se redactó el texto definitivo y, uno por uno, los futbolistas firmaron la nota.”

El follón estaba servido. El lugar para la protesta también. Y el momento, sin duda alguna, el más adecuado para llamar la atención. El lugar elegido fue el Hotel Hesperia, curiosamente, propiedad del Vicepresidente Joan Gaspart. Alexanco hablaría con el director de hotel y Víctor reservaría la sala. Era un recinto conocido y habitual de las concentraciones azulgranas. Los jugadores conocían el recinto y al personal, y estaban cómodos en aquel espacio. El momento, tras ganar la Copa del Rey, el 28 de abril de 1988, a sólo dos días de un Barça-Madrid. Era evidente fuera cualquiera la clasificación, que un partido así captaba toda la atención deportiva del país. Un momento inmejorable si se pretende hacer mucho ruido, especialmente tratándose de uno de los contendientes.

Pero no fue una sorpresa para el club. Que el hotel fuese propiedad de la cadena hotelera de Joan Gaspart, vicepresidente del Barça, hace pensar que el club sabía a qué punto había llegado el conflicto. Más aún.El mismo día de haber convocado a la prensa en el Hesperia, Gaspart llamaría por teléfono al hotel para preguntar cómo marchaba todo, en palabras del director del recinto.

El víspera del estallido público del conflicto, el propio Gaspart recibiría una llamada de alguien que sabía bien qué se cocía en el vestuario. Luís Aragonés descolgaría el teléfono para pedir consejo. Demostrando una vez más su profesionalidad, el Sabio de Hortaleza telefoneó al Vicepresidente para preguntarle qué creía que debería hacer. En palabras del ex vicepresidente:

“Me llamó para preguntarme qué debía hacer. No sabía si ponerse del lado de la plantilla o mantenerse al margen. Me decía ‘Joan, si no voy, no ganaremos ningún partido más. Pero, si estoy a su lado, vosotros me veréis culpable y me echaréis”

Al parecer, Aragonés albergaba cierta esperanza de mantenerse en el banquillo culé. No obstante, lejos de tener alguna opción, representantes del club viajarían a Holanda, tan sólo unas horas después de ganar la final de Copa del Rey, para reunirse con Cruyff en el hotel Richmond y firmar allí su primer precontrato como entrenador del F.C. Barcelona. ¿Será, leyendo lo anterior, cierto que era Cruyff el que exigió para firmar una “limpieza” profunda de la plantilla?

Sea como fuere, reunida casi toda la plantilla, y el entrenador, en una gran sala preparada para la ocasión, con dos capitanes (Alexanco y Víctor Muñoz) y el míster, Aragonés, en el centro, rodeados de los demás integrantes del primer equipo, con lujosas y notables excepciones (López López, convaleciente, Gary Lineker, con su selección y Bernd Schuster), se convocaría a la prensa, que iría llegando hasta abarrotar el salón. Alexanco, sin ser uno de los partidarios de aquel despropósito, tomaría la palabra como capitán y portavoz de sus compañeros.

En cuanto empezó a hablar, el ajetreo entre los integrantes de la prensa se hizo notable. Esperaban explicaciones sobre los conflictos con la directiva, en absoluto lo que estaba aconteciendo. Carreras, telefonazos de fondo, puertas que se abrían y cerraban al tiempo que iban llegando y saliendo redactores. Flashes continuos. Nadie, de ningún medio, podía pasar por alto lo que estaba leyendo Alexanco. La oscuridad del salón era suplida por los focos y las cámaras. La ausencia de luz natural daba a la escena una dimensión más preocupante aún para cualquier barcelonista. Al tiempo que los periodistas corrían, y alguno quedaba con la boca abierta escuchando a los jugadores, las llamadas a los futbolistas se iban sucediendo. Las preguntas se aglutinaban en la mente de todos los redactores, así como en el corazón de muchos culés. También entre los profesionales del primer equipo el nerviosismo se hacía patente. Unos tartamudeaban, otros se quedaban en blanco, algunos miraban al techo y otros tenían la mirada perdida, seguramente recapacitando aquello en lo que, en ese mismo instante, estaban tomando parte. Un hecho inédito en el mundillo del fútbol profesional, al menos en España, e extraño también en el Barça, pese a las corrientes derrotistas que lo venían acompañando. La voz del capitán culé rompía el silencio que abrumó el salón:

Tras el comunicado, los jugadores atendieron algunas preguntas de la prensa. Explicaban sus motivos, al tiempo que iban encendiéndose los ánimos. Cada vez más, los jugadores hablaban abiertamente, como si de una reunión se tratase y no ninguna conferencia de prensa. A medida que expresaban sus motivos, sus declaraciones se tornaban en anecdotarios sobre la relación de la directiva y la plantilla. Todos querían contar su versión. Incluso Luis Aragonés dio la suya, aunque sin duda, era el más comedido:

“Sé lo que le puede costar y no me importa”

Si tal afirmación era la comedida, puede hacerse una idea el lector de por dónde iban los tiros en aquella sala del ya clausurado Hotel Hesperia. Aunque se esperaba algo similar, la dureza del comunicado y la naturalidad con la que se estaban expresando los futbolistas, que contrastaba claramente con cualquier rueda de prensa o entrevista habitual, había cogido a todos los medios, propios y extraños, por sorpresa.

No obstante, el comunicado de la plantilla escondía el verdadero motivo de su protesta. El problema económico surgido con Hacienda, a raíz de sus contratos de imagen. Ni una mención, si no es por alto, a dicho inconveniente.

Comentan varios futbolistas que toda la plantilla estaba de acuerdo con el comunicado y lo habían firmado. Schuster, uno de los ausentes, aseguraría a posteriori que nunca aceptó acudir a la cita. No obstante, una anécdota de aquel intenso momento, deja retratado al alemán. Calderé contaría:

“Schuster le aseguró a Alexanco que vendría al hotel. Sonó el teléfono para Luis (Aragonés). -¿A que es el Alemán?- Preguntaría alguien. -No, hombre. Ha dicho que vendría. -le respondieron. No era Schuster. Era su abogado para informar que no acudiría al Hesperia. Aquello nos hizo mucho daño”.

De todas formas, pasado el trago, un veterano que no ha querido ni quiere ser nombrado le hizo pagar al Alemán, así llamaban a Schuster sus propios compañeros, aquel plantón. Antes del partido frente al Real Madrid, en un entrenamiento, se organizaría un partido entre jóvenes y veteranos. Uno de los veteranos se cambiaría el peto con un joven sin que Aragonés se diese cuenta, e intencionadamente, a la primera oportunidad, solmenaría a Schuster un golpe que seguro hizo acordarse al germano de aquella bajeza. Cuentan las malas lenguas que Charlie Rexach si vio aquella acción, si se dio cuenta del cambio de equipo de aquel veterano, y estuvo callado en todo momento, sabiendo lo que había.

Aquel no fue el único resultado del motín. Ni mucho menos. Unas palabras de Josep Lluis Núñez resumen la postura del club:

“En el Barça yo administro el dinero de los socios, que es sagrado, y no el mío”

Estas palabras del presidente, terminaría, sin duda, por dar la puntilla a unos jugadores que quedarían señalados como peseteros e incluso mercenarios. El siguiente partido en el Camp Nou sería un reguero de insultos, cánticos, pancartas y carteles de la grada a los jugadores. “Jugadores peseteros” o “no merecéis vestir esa camiseta” fue lo más bonito que escucharían aquella noche, amén de un sonora pitada cuando saltaron al campo. Pero el rival era el Real Madrid. Los culés se impondrían 2-0 y los pitos, pese a todo, tornaron en aplausos.

Pero como le espetase Calderé a Róbert Fernández al salir del Hesperia, “Niño, la hemos cagado”, para el club la suerte estaba echada. La directiva comenzaría inmediatamente la remodelación de aquella plantilla. La suerte de los integrantes de aquel “motín” sería dispar. Pese a que muchos, arrepentidos, quisieron hablar con Núñez para seguir en el club, las decisiones estaban tomadas. Y es que, como Alexanco, no todos estaban de acuerdo en aquella medida extrema e inaudita, que hoy reconocen como un error, al pedir la dimisión del Presidente. El entonces abogado del club, José María Antrás, sería el encargado de tratar las bajas:

“Núñez me llamó a su despacho. Quería que rescindiera todos los contratos y me puso tres condiciones: que no costara nada, que no hubiera escándalos y que todo se resolviera en un terminio breve. Yo le dije ‘para lo que tú quieres, tendrías que ir a Lourdes o a Fátima”

La técnica utilizada fue ir uno por uno, hablando con los jugadores, para gestionar su salida del club y el fichaje por otros clubes. Ilustres como Alexanco, se salvaron de la quema. Dicen que gracias a la insistencia de Cruyff y Rexach, aunque protagonizaría una escena el verano siguiente en Holanda, que para muchos fue una pequeña venganza de la junta directiva. 14 jugadores fueron despedidos, pacto mediante, a saber: Urruti, Calderé, Rojo, Clos, Manolo, Covelo, Pedraza, Gerardo, López López, Víctor, Moratalla, Nayim, Schuster y Amarilla.

Los jugadores cedidos, Hughes, Archibald, Fradera, Carlos, Martín, Vinyals y Villarrolla, no volverían jamás al club como futbolistas. Sólo diez jugadores consiguieron mantenerse: Migueli, Alexanco, Zubizarreta, Roberto, Urbano, Julio Alberto, Salva, Cristóbal, que sería cedido, Carrasco y Lineker. No obstante, también de ellos, más de uno caería tras la primera temporada de Cruyff. Es el caso de los capitanes Migueli y Alexanco, así como Carrasco y Salva.

Urruti dejaría el fútbol profesional y dedicaría su vida a la venta de automóviles. Moriría a los 49 años en un trágico accidente de tráfico.

Calderé ficharía por el Betis, y años después por el Sant Andreu. Tras su retirada se formaría como entrenador y tras varias experiencias en Tercera y Segunda B, hoy entrena a la Unió Esportiva Olot.

Rojo, como Calderé ficharía por el Betis y posteriormente acabaría su carrera como jugador en el Palamós. Se dedica al fútbol formativo. Entrenó al Juvenil A del F.C. Barcelona, al Terrassa y al F.C. Santboiá.

Clos se iría al Murcia dos años, y acabaría su carrera en Orihuela Deportiva.

Manolo también iría al Murcia y acabaría su carrera en el Granada.

Covelo se iría al Mallorca, donde jugaría hasta 1992. Acabaría su carrera en el Atlético Marbella en 1994.

Pedraza también saldría destino Mallorca, donde se retiraría como profesional en 1995.

Gerardo se iría de regreso a su club de origen, Las Palmas hasta 1990.

López López estaría en activo hasta 1996, jugando en el Oviedo, Figueres, Levante, Ávila, Cacereño y Huesca.

Víctor sería el más afortunado. Demostraría su talento en la Sampdoria hasta 1990 y después regresaría a su club de origen, el Real Zaragoza.

Moratalla se iría al Figueres, donde se retiraría en 1991.

Nayim estaría activo hasta 1999. Se marcharía a Inglaterra, al Tottenham para fichar después por el Zaragoza en la temporada 1992-93. En 1997 ficharía por el Logroñés, donde se retiraría dos años después.

Schuster ficharía ese mismo verano por el Real Madrid. Estaría dos años donde coincidiría con la Quinta del Buitre y se alzaría con dos ligas, una copa y dos supercopas. Ficharía por el Atlético de Madrid en 1990 y jugaría hasta 1993, ganando dos copas más. Volvería entonces a Alemania, donde jugaría en el Bayer Leverkusen hasta 1996.

Amarilla dejaría el fútbol tras su marcha del F.C. Barcelona.

Aún a día de hoy, los integrantes de aquel equipo rara vez han querido volver a hablar de aquella oscura etapa del barcelonismo. Si bien todos, o casi todos, coinciden en la figura de Núñez como resorte para estallar aquel bochornoso espectáculo. La mayoría reconocería como un error haber pedido, en vez de sus reivindicaciones iniciales, la dimisión de Núñez. Hecho que además, generaría en el socio la sensación de estar asistiendo a un conflicto entre los ismos del Barça. Esos mismos que se sienten a día de hoy y tienen declarada una guerra fratricida entre ambos. Pese a todo, ninguno de los jugadores firmantes de aquel comunicado, ha reconocido nunca haber sido utilizado para desestabilizar a la directiva de entonces, con Josep Lluis Núñez y Joan Gaspart a la cabeza. Esa misma directiva, que aún aguantaría 12 años en el club, si ha repetido en más de una ocasión esa teoría.

Luis Aragonés sería fulminado al instante. Su puesto, pese a las preferencias de Núñez, que había llegado a pactar con Javier Clemente, lo ocuparía una opción más atractiva e ilusionante para el socio, como era Johan Cruyff. Las elecciones presidenciales tendrían mucho que ver en esta decisión. No obstante, cuentan que antes de traer a Cruyff, se encargarían de fichar a los jugadores que el propio Clemente les había pedido fichar. Así es como llegarían al Barça los Unzué, Aloisio, López Rekarte, Soler, Serna, Manolo Hierro, Bakero, Eusebio, Txiki Bergiristain, Julio Salinas y Ernesto Valverde. Más tarde llegaría Koeman, y Cruyff haría de aquel grupo el que fue conocido como Dream Team. Pero esa ya es otra historia.