Mediapuntas y virólogos

En condiciones normales. Antesdeayer completé mi cuarta semana de teletrabajo y pecaría de optimista si creyese haber superado el ecuador de este privilegio tan codiciado cuando era excepción pero tan superfluo ahora que es norma. Va para largo, me digo. Mis días se parecen tanto como Robinho y el primer Marcelo y aún así fantaseo con la rutina perdida. Paseando por casa he cruzado ya varias miradas con el badge que cada mañana me abría las puertas de la normalidad y de la oficina, por ese orden. Lo he confesado más veces: experimento cierto alivio al encender el ordenador en el trabajo de regreso de un puente o unas vacaciones e intuyo que sucederá algo parecido cuando escuchemos el pitido inicial de un árbitro que nos devuelva a la ansiada normalidad de un partido de fútbol, el que sea. Sólo entonces nos sentiremos y nos sentaremos cómodos.

Ahora que sabemos que Messi también sería el mejor si se jugase a esto con rollos de papel higiénico, imploramos que vuelva a rodar un balón. A ver si alguien propone el #rutinachallenge y salimos de esta. Pues claro que deseábamos tiempo para nosotros mismos, pero no tanto. Y claro que apetecía quedarse en casa cuando confinarse no suponía una cesión con opción de compra obligatoria —se la robo a Enrique Ballester— como el cerrojazo voluntario y responsable que ahora toca. De la rutina lo que más echo en falta es el fútbol. Y viceversa.

Once tíos detrás de un balón. No necesitaba una suspensión global sine die para valorar su capital importancia, pero si algo enseña la cuarentena —además de que hay más virólogos que mediapuntas— es que nunca más pediremos perdón por depender del fútbol. A ti qué te importa lo que a mí me importa, responderé alto y claro cuando todo esto acabe. Un pasatiempo tan irracional como para que mi momento preferido sea un gol de puntera en el descuento que (algunos ilusos creen) no sirvió para nada. Ya, ya. El siempre lúcido Sergio Vázquez describe este tinglao como una droga que “primero excita, luego se rutiniza, cuanto menos queda más nerviosismo provoca y al final el síndrome de abstinencia es devastador”. En esas estamos, con mono balompédico. Es jodido desconocer cuándo nos volveremos a enganchar. Resulta frívolo e irresponsable barajar fechas, sería como meterle prisa a Fabio Grosso antes de su penalti que valió un Mundial.

Uno no sabe si es ético comprarse esa camiseta que nos guiña el ojo desde hace tiempo o si es aberrante y pueril ilusionarse con un fichaje de verano en esta situación sin precedentes. ¿Habrá acaso fichajes y verano? Hay que pensar que sí. Lo esencial hoy es convivir con la certeza de que nuestra redonda adicción regresará. Pero que nadie se confunda, ni habremos aprendido nada ni falta que nos hace. Los volátiles cabreos cotidianos nos seguirán quitando el sueño y las genuinas alegrías cuando el cuero besa la red harán que nos creamos invencibles. Vivos, en una palabra. Será como siempre; volveremos a quejarnos del parón de selecciones. Qué tiempos.

Qué alegría más tonta. A este Barça interruptus que llevamos todo el curso intentando descifrar —con escaso éxito— la pandemia le pilló líder por sorpresa. Sin comerlo ni beberlo. Como si en uno de mis paseos por casa me encuentro diez euros en el bolsillo de esa chaqueta primaveral confinada en el armario hasta nueva orden. Y es que a veces una alegría tonta te cambia el día: el ascensor que te espera en tu piso, el metro que llega contigo al andén o el rechazo del portero que te la deja para empujar como Buffon a Suárez en Berlín. Instantes rutinarios de sonrisa mecánica que ahora, en medio de esta anómala pausa que ni recogían los estatutos de nuestra existencia, recordamos como pequeñas enormes victorias. Creo que me compraré esa camiseta que me guiña el ojo.

¿Y el Barça qué? Le suelto al espejo mientras me lavo los dientes y me encojo de hombros. Cortos de efectivos y de frescura, quiero pensar que a los de Setién les sentará bien esta obligatoria paradinha que aún no tiene fecha de caducidad. Los azulgranas pasearán como yo por sus inmensas casas-gimnasio y ojalá en algún inmenso cajón encuentren las respuestas que buscan o la motivación perdida. El otro día leí que cuando la vida regrese le pediremos menos cosas. No tengo ni idea del devenir de la temporada porque soy mediapunta pero no virólogo.

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