Mensaje de la indecencia

Si alguien pensaba que un asunto de salud pública como es el Coronavirus, que no solo amenaza la integridad económica de los clubes, sino de la gente que permite que estos clubes y estos jugadores tengan el status que tienen, haría que el FC Barcelona demostrase algo de lo que es ya solo un eslogan gastado y humillado, ese “Més que un club” que sirve para hacer pancartas y poco más, se equivocaba. El Barça, en medio de una crisis global, vuelve a quedar como una institución débil, que trabaja mal y a destiempo. Como con el cese de Ernesto Valverde y la llegada de Quique Setién, ha tenido que ser primero Leo Messi y después la resta de jugadores, los que pusiesen sentido común ante tanta mentira y especulación.

El club, cada vez más, responde como si fuera un animal bicéfalo. Los jugadores por un lado y los directivos y la prensa afín, por otro. Estos días saltaron chispas en la sección de baloncesto, con mensajes de Ante Tomic, Nikola Mirotic o Alex Abrines en los que dejaban entrever que dentro del club hay quiénes quieren que todo salga mal, como si atacar al jugador fuese una muestra de poder ridícula, como si atacar al que te hace ganar te permitiera reproducirte en un cargo que hace tiempo que no mereces. El Barça de Bartomeu, en una huida hacia adelante, ya no le importa atropellar a quién sea con tal de continuar mandando. El despotismo cutre de esta directiva, que creaba perfiles falsos en Twitter y difundía bulos, no encuentra la paz ni en tiempos en donde se requieren muestras de humanidad y, sobre todo, sentido común. El Barça lo ha perdido en pro de un solipsismo envenenado en el que los directivos, asustados, solo se miran su ombligo.

La rebaja del 70% del sueldo por parte de los jugadores del primer equipo, además de donaciones individuales, no solo permitirá al club cierta flexibilidad, sino que asegurará el sueldo a los trabajadores que permiten que esta enorme institución siga funcionando. Un detalle que cuando el Barça se iba a fichar en Brasil vía comisiones astronómicas, poniendo en jaque la economía del club, parecía no importarle demasiado. En su afán por tiranizar todo lo que se decía de ellos mismos, la junta del Barça se asemeja cada vez más a la película alemana “El Hundimiento”, con los altos cargos hundidos en sí mismos, haciendo oídos sordos ante lo inevitable, enterrados en sus convicciones que se han demostrado inútiles.

Leo Messi siempre responde. Lo hace con firmeza. A él, se le suman los jugadores del primer equipo en un mensaje consensuado y compartido por todos. Pagaría por leer el grupo de Whatsapp del primer equipo. Hace unas semanas, en una entrevista concedida a Mundo Deportivo, Leo Messi ya se mostraba frío ante las explicaciones de Josep Maria Bartomeu, cada vez más acorralado. Ahora, el daño parece ya irreparable porque no solo se pone en duda la profesionalidad de este grupo, sino que se les cuestiona su actitud en tanto que figuras públicas. Ayer, el periodista de Mundo Deportivo, Marçal Lorente escribía lo siguiente: “se les pidió a los jugadores profesionales una rebaja salarial mayor a la que marca la ley dado que son los que más cobran. Los multimillonarios deportistas no han hecho el gesto”. Leo Messi, menos de 24 horas después, responde. En la soledad y en la miseria, solo nos queda acudir al regazo de Leo.

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