Hay muertes que te hacen pensar

En estos tiempos de zozobra colectiva, en la cual la sociedad tendrá que aprender de errores pasados, de centrarse en absurdeces que no conducen a nada, de intentar tener más en lo individual que en lo colectivo, en estos días de angustia para muchos, de reflexión para otros, ha llegado una noticia que ha hecho temblar algunos cimientos de mi infestado cerebro.

Por desgracia en el mundo y a nivel más local en España estamos conociendo muchas muertes tan solo con poner TV, radio o internet, eso simplifica las muertes a cifras y estas se utilicen al antojo de cada uno.

Uno no ve el peligro hasta que lo tiene enfrente, por eso en medio de todas las cifras que nos hacen temblar pero, son números sin rostro (los más afortunados), pero entre toda esa amalgama de cifras, que repito, nos han de hacer reflexionar, nos ha llegado la triste noticia de la muerte de Don Radomir Antić.

Y esta muerte me ha dejado una sensación de deuda, una sensación a la que no estoy acostumbrado e intento saldar el desplante con esta sensación. Siempre se ha comentado que el gran Sócrates poco antes de morir dijo
“Critón, debemos un gallo a Esculapio, no te olvides de pagar esta deuda”.

Con Radomir, creo que los aficionados de los tres grandes del fútbol español tenemos una deuda, un perdón por no haber tratado a Antić de la mejor manera.

Radomir Antić. | Foto vía: Eurosport.

Antic que tras haber tenido una trayectoria aceptable como jugador en equipos como el Partizán, Fenerbache, Zaragoza o Luton (con el que ascendieron a la First Division), decide a los 35 años poner punto y final a su trayectoria como defensa central. Solo un entorchado con la selección yugoslava en la longeva trayectoria nos puede hacer ver que Antić no era un privilegiado en el fútbol, pero si un hombre que quieres tener en tu plantilla.

Un año después, en 1985 empieza como ayudante de Nenad Bjeković en su Partizán y en dos años, gana dos ligas yugoslavas. Allí se toparía con uno de los hombres que le han hecho sonreir más, Milinko Pantić, que tenía tan solo 18 añitos. Tras la marcha de Bjeković a Francia entrenar al Niza, Radomir se queda en Belgrado y continúa en el equipo del Ejército como asistente ya que la directiva aún no confía en él para hacerse cargo de la plantilla.

El nuevo entrenador, Jusufi, no acepta algunas ideas de Antić, tienen diferencias y acaban enfrentados, obligando a que la directiva tercie y se posicione en favor de Jusufi, una de las leyendas del club en su etapa de jugador.

Llegamos a 1988 y se marcha al Zaragoza, esta vez sí, para ejercer de primer entrenador y tras clasificar a los maños para la UEFA en su primera temporada y estar en la parte media de la tabla en la 89/90 acaba su periplo en la Capital del Ebro y está a la espera de alguna llamada.

Tarda en llegar, pues Radomir nunca ha tenido agente y ha podido perder ofertas por ello, pero llega en marzo de 1991 y es ni más ni menos que el Real Madrid que vive desahuciado tras ser eliminado en cuartos de final de la Copa de Europa por el CSKA de Moscu. Esa derrota provoca la dimisión de Alfredo Di Stéfano, que había reemplazado en noviembre a Toshack.

Radomir Antić en un entrenamiento del Real Madrid junto a Míchel González. | Foto vía: Twitter de Míchel.

Las aguas bajan turbias en el Bernabéu, ya que, tras 5 Campeonatos de Liga seguidos, los blancos van quintos en Liga a falta de 11 jornadas y a 15 puntos del Barça. Su contrato está claro, será solamente hasta final de temporada y ha de clasificar al club para entrar en la UEFA.

A pesar de perder sus dos primeros partidos (ante Burgos en el Bernabéu y el Español en Sarrià) consigue hacer un buen final de Liga con 8 victorias y tan solo un empate en Pamplona. En la última jornada de Liga, se da el lujo de ganarle 1 a 0 al Barça después de hacerle los blancos el pasillo de campeón a los culés.

Butragueño consigue marcar 9 goles en las últimas 7 jornadas y se alza con su único Pichichi, con 19 dianas en todo el Campeonato. Antić, en una controvertida situación táctica libera al Buitre de hacer ninguna presión, porqué le quiere fresco allí arriba. También le da más libertad a Hagi, que hasta ahora había jugado escorado en banda y libera a Spasić de tener que jugar el balón, cosa que el yugoslavo agradece y hace unos últimos partidos dignos de elogio por parte del público del Bernabéu, que aplaudía entre la sorpresa y la chanza al central calvo del Real Madrid.

Aún así, su futuro está en el aire, porque nadie esconde en Concha Espina, que él ha sido traído simplemente para acabar esa temporada con dignidad. Ramón Mendoza, máximo mandatario del club blanco negocia primero con Arrigo Sacchi sin llegar a un acuerdo económico y finalmente logra atar al colombiano Pacho Maturana para que el entrenador cafetero dirija al Real Madrid en la temporada 91/92.

Antić se muestra combativo y con un firme “Yo he cumplido” , aspira a seguir en el banquillo blanco. Sin embargo, son los jugadores los que dan el espaldarazo definitivo a Radomir Antić ya que hablan con Mendoza y le exponen la situación favorable que viven con el serbio, que  es llamado a última hora para que sea entrenador del Real Madrid

Ese verano le llegan jugadores de la talla de Luis Enrique, Villarroya, Ricardo Rocha y el gran Robert Prosinečki, cuyo fichaje se convierte en el culebrón del verano. Con esos mimbres y cuidando mucho a Sanchís, Hierro y Michel, las trillizas, como las llamaba José María García en sus azotes nocturnos consiguió un inicio de temporada de récord.

En las primeras 13 jornadas, el equipo blanco lideraba la clasificación con 12 victorias y un empate, sacándole 8 puntos al Barça de Cruyff. A pesar de tener una media goleadora cercana a 3 y recibir tan solo 0,5 goles por partido, Johan Cruyff, que, en el juego de la vida siempre fue el más listo, empezó a hacer declaraciones contra el juego del equipo blanco.

Frases como “el Madrid gana, pero aburre”  se empezaron a hacer frecuentes en las ruedas de prensa del Flaco y consiguiendo Johan el efecto que tenía, que en Madrid se las creyesen. Antić se defendía “Me gusta jugar mal y llevarle 8 puntos al campeón”, pero los dos últimos partidos del año 91 jugaron en su contra, ya que los blancos no pudieron pasar del empate en La Romareda ni ante el Oviedo en Madrid.

En la primera jornada del año 92, los Reyes Magos llegaron un día antes para los culés y trajeron una derrota del Real Madrid en el derbi del Calderón. Los goles de Vizcaíno y Manolo fueron un jarro de agua fría en los aficionados del Real Madrid, que no veían ganar a su equipo desde el Puente de la Constitución y repetían cada vez más las consignas dadas desde Barcelona.

Este equipo no juega a nada, se repetía una y otra vez en las emisoras de radio, en los periódicos, en las tertulias improvisadas en una cafetería e incluso en el palco del Santiago Bernabéu.

Tras vencer con una exhibición de Hagi al Osasuna en el Bernabéu, el equipo blanco tenía que ir a Valencia. En el Lluis Casanova el Real Madrid ganaba por 0 a 1 gracias a un penalti transformado por Míchel y tan solo quedaban 3 minutos para el final del partido. En dos minutos locos Fernando y Robert dieron la vuelta al marcador y la distancia en puntos sobre el Barça se acortaba hasta tres.

El discurso sobre el mal juego del Real Madrid ya se había instaurado en todo el país y Antić no tenía ya fuerzas para excusarse en los puntos de ventaja. La temporada llegaba a su ecuador con la visita del Tenerife al Bernabéu y en un partido donde los blancos sudaron sangre (incluso acabaron con Míchel bajo palos tras la expulsión de Buyo) consiguieron ganar por 2 a 1, pero Ramón Mendoza tras los 90 minutos sentenció diciendo a la prensa: “Me ha gustado mucho más el Tenerife”.

Al día siguiente Benhakker, que ejercía de Director Deportivo y uno de los que más había envenenado a Mendoza tomaba el banquillo dejando para Antić el puesto que ocupaba el holandés antes. El Real Madrid despidió a Antić yendo líder y vivo en las tres competiciones en las que particiba, 6 meses después, todos sabemos cómo acabó la historia.

Radomir Antić en el Santiago Bernabéu. | Foto vía: ABC.

Nos dejó un récord y una enseñanza táctica, poniendo a Hierro en tareas más ofensivas. El malagueño acabó la Liga con 21 goles, segundo en la tabla de goleadores esa temporada. Tras esto, decide probar como Director Deportivo en el Oviedo, pero una mala temporada de los carballones, que están en puestos de promoción, obligan al club a destituir a Irureta en febrero del 93 y se coloca el yugoslavo en el banquillo.

Con jugadores como Jerkan, Janković, Jokanović, Carlos, Rivas o hasta el mismísimo Robert Prosinečki, con el que el croata nos hace volver a soñar con ese jugador que maravilló a toda Europa jugando en el Estrella Roja de Belgrado. Antic consigue llevar al Oviedo a puestos más cómodos en mitad de tabla y declara que se va para conseguir nuevos retos

En el verano del 95 coge el banquillo más difícil del Mundo, ya que la Espada de Damócles la sostenía Jesús Gil. El serbio coge a un equipo que había luchado seriamente hasta la última jornada en las dos últimas temporadas para evitar el descenso, un grande que solo tenía el nombre como tal, con un presidente solo apto para oligofrénicos que se había cargado a 14 entrenadores en tres temporadas y una plantilla que, si alguna vez tuvo magia sobre el verde, la había olvidado completamente.

Se les da la baja a muchos jugadores y hace un equipo nuevo con descartes de aquí y allá. Trae al búlgaro Penev gratis, se  ficha a Molina y Santi, que habían descendido esa temporada con el Albacete y a Roberto Fresnedoso del Espanyol. Sin embargo, Antić, sabía que le faltaba algo y se acuerda de aquel jovencito que chutaba tan bien en los entrenamientos con el Partizán. Ni corto ni perezoso, preguntó el club de Milinko Pantić y lo encuentra perdido en el Panionios de la liga griega.

Antić le pidió ese fichaje a Gil y este lo acusó de nepotismo. Ser acusado de nepotismo por alguien que ha nombrado a su hijo vicepresidente debió de ser duro para Radomir, que se envalentonó y le propuso a Gil pagar el traspaso del jugador (40 millones de pesetas) pero que la venta también sería íntegra para él.

La apuesta le salió redonda a Antić y a todo el Atlético de Madrid, ya que tras traer a prueba a ese yugoslavo desconocido que jugaba en Grecia, se sorprendieron de la magnífica diestra que poseía este y la de goles que produjeron. Antić se centró en Pantic como ejecutor de faltas, córners y buscó al máximo la eficiencia a balón parado. Le pidió que nunca corriese tras el contrario y Milinko que físicamente nunca ha sido Cristiano Ronaldo, se lo agradeció.

Ya había otros que correrían por Pantić, pero este utilizaría las faltas provocadas por Kiko, Penev, Caminero o Simeone de una manera espectacular. También perfeccionó la defensa y se buscaba con ahínco el contragolpe. Así nació ese estilo del Atlético que les hizo ser valedores de ganar el doblete de Liga y Copa, el primero y único en la historia del club rojiblanco.

Radomir Antić eufórico en la celebración de la Copa en la Romareda en la temporada del Doblete. | Foto vía: Paz Estereo.

Sin embargo, en las dos temporadas siguientes, la máquina no carburó de igual manera y su clasificación a competición europea era todo lo conseguido por el club. Las malas relaciones con Gil se sucedían, ya que el carácter del presidente rojiblanco nunca fue fácil en los momentos sin éxito, pero la temporada 97-98 fue cruel para Antić.

Fue el año con más estrellas en la plantilla atlética, se fichó a Vieri, a Juninho, Lardín, pero en febrero, una dura entrada de Míchel Salgado a Juninho complicó mucho más la temporada. A partir de ahí las tormentas entre vestuario y entrenador se sucedían cada semana, con topos filtrando muchas de las cosas que se decían en “petit comité”.

A tanto llegó el deterioro de la situación, que en medio de un partido, Vieri insultó a Radomir Antić y las cámaras, siempre atentas a este tipo de situaciones se retorcían de placer. Gil tuvo que elegir entre entrenador y el crack del equipo y el Alcalde de Marbella eligió a Vieri. El delantero italiano pagó esta fidelidad yéndose a la Lazio.

Incluso Gil, a falta de dospartidos dijo en rueda de prensa: “Por mi Radomir que se vaya ya. Total, si se queda será peor para él, ya que el ambiente en el vestuario es salvaje”. Radomir esperaba que le echasen, que eso llevaba una indemnización de 150 millones de pesetas y optó por no irse y acabó la temporada.

Radomir, un técnico que había devuelto a la gloria a un club en declive, tenía que aguantar como le llegaban las noticias de su sutituto, Arrigo Sacchi, que ya buscaba piso en Madrid. Aún así el público del Calderón cantaba al técnico que les había llevado a la gloria durante cada partido.

Y, como El Cid, llegaría Antić de vuelta al banquillo del Atlético tras tan solo un año de impass tras la mala temporada de los colchoneros con Sacchi. El serbio llegaba para las últimas diez jornadas de Liga, donde el conjunto madrileño tan solo conseguiría 13 puntos de 30 posibles, pero llevaría al equipo otra vez a la final de Copa.

Pero la noche sevillana se le atragantó a Antic, que vio como el Valencia destrozaba a su equipo y encima el técnico de los chés, Claudio Ranieri se convertía de facto en nuevo entrenador de los colchoneros. Otra salida en falso para Antić, que aún tendría una tercera etapa en la ribera del Manzanares.

En la temporada siguiente, la del descenso del Atleti, cogió al equipo a falta de 12 jornadas, rozando los puestos de descenso, pero en 11 partidos tan solo consiguió 5 empates, se consumó el descenso y Gil no le permitió acabar la temporada. Antić se había ofrecido a dirigir la temporada en Segunda de forma gratuita, con una prima de 100 millones  de pesetas si ascendía y un sueldo de 170 en Primera División al año siguiente. Gil no atendió a razones y prefirió a Zambrano, que duró tan solo 5 jornadas.

Su siguiente destino, sería Oviedo, un sitio ya conocido y en el que logró que durante la primera parte de la temporada, el Nuevo Carlos Tartiere (más nuevo que nunca) fuese un fortín. El problema es que fuera no se ganaba nada. En la primera vuelta, el equipo carballón estaba en mitad de tabla, pero el Tartiere dejó de ser inexpugnable y a domicilio tan solo se consiguieron dos victorias (en Vallecas y en el Camp Nou) y un par de empates. Eso hizo que, en la última jornada, el cuadro ovetense tras perder en Mallorca y debido al pacto vasco entre Osasuna y Real Sociedad acabase en puestos de descenso.

Eso provocó que Antić acabase en el paro a pesar del buen juego desplegado por los azulones, pero malas gestiones, como la contratación de Collymore fueron graves detonantes del descenso y también de la destitución de Radomir.

Radomir Antić en su periplo de entrenador del FC Barcelona. | Foto vía: FC Barcelona Twitter.

El siguiente marrón que se tuvo que comer nuestro protagonista nos atañe mucho más. Cogió al peor Barça de los últimos 30 años. Van Gaal fue destituido y Antić cogió al equipo en febrero, 15º a 3 puntos del descenso. Con una guerra civil en el club y con Joan Gaspart, presentando su dimisión, los siguientes meses en el club fueron una auténtica locura para Antić. Se le hacía más caso a las elecciones, con sus rumores de fichajes, de entrenadores y todo lo que rodea, que a la situación del club, que daba pena, mucha pena.

Antić tuvo que lidiar con los egos del vestuario barcelonista, tuvo que enfrentarse a los ghettos, ya que los holandeses estaban por un lado, los argentinos, por otro, los canteranos, más allá…. Convenció a los jugadores para que se unieran y nos dejó un cambio posicional que nos ayudaría a encumbrarnos. Antic, que era un gran observador, quiso adelantar a Xavi 20-30 metros su posición en el campo, otorgándole más llegada, más gol y dejando las labores de llevar el balón desde la defensa para otros jugadores.

A pesar de caer en cuartos de final de Champions ante la Juve en aquel Sant Jordi en el que Zalayeta fue el dragón, el equipo consigue una racha de 6 victorias y un empate en las últimas 8 jornadas consiguiendo algo que no creíamos: el Barça se clasificaba a la UEFA y seguía siendo el único club en jugar todos los años competición europea.

A pesar de la mejora en el juego y de la solidez en los últimos meses, ningún candidato incluyó a Antić como su entrenador y el técnico serbio se frustró muchísimo al ver que Joan Laporta y Txiki Beguiristain no le daban la confianza para seguir y le daban la batuta a Rijkaard. Aún así, el serbio se fue en silencio, sin ningún aspaviento ni mala palabra hacia el club.

Aún se vio envuelto Radomir en un banquillo envenenado al año siguiente, pues el Celta que estaba jugando en Champions League estaba coqueteando con los puestos de descenso. En Vigo, el serbio no empezó mal, pues contó con victoria dos de sus tres primeros partidos, pero todo acabó ahí, pues en los siguientes 8 (contando la eliminatoria ante el Arsenal) tan solo consiguió 1 empate y dejando al Celta a 4 puntos de la salvación cuando quedaban solamente 8 jornadas. Era otro club que despedía a Antić por la puerta de atrás.

Durante una década y media, Radomir Antić ha sido una de las personas más importantes en el Campeonato Español, con su gabardina de color marrón en invierno, bebiendo Solán de Cabras sin parar en verano, su forma de hablar tan característica o su mirada tan inquietante y enigmática a la vez, su rostro enjuto no evitó que intentase salir adelante con retos casi imposibles que el mismísimo Sr. Lobo hubiese rechazado.

Radomir Antić, con especialidad en tener que comerse platos engorrosos es el único entrenador que ha pasado por los banquillos de los tres grandes del fútbol español. En ninguna de las situaciones tuvo un papel fácil, pero en cualquiera de esos tres clubes obró milagros Radomir Antić ha hecho que le ponga cara a una cifra maldita, y personalmente solo puedo agradecerle todo lo que hizo por el Barça.

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