Un as bajo la manga

“Hay veces que se le da mucha importancia a los once que empiezan, pero yo también tengo que pensar en los que tienen que terminar el partido” Estas son unas declaraciones que dejó Ernesto Vaverde cuando le preguntaron sobre el papel de Arturo Vidal en la previa del partido ante el Manchester United, hace casi un año. Si bien el Txingurri se refería al chileno, es una reflexión que te firmaría Frank Rijkaard si le preguntasen cómo utilizó la carta de Henrik Larsson en su paso por el FC Barcelona.

El delantero sueco fue un as bajo la manga del técnico neerlandés. No siempre le ponía a jugar, pero era un recurso que tenía en la recámara cuando los partidos se iban complicando. Partiendo mayoritariamente desde el banquillo, el escandinavo tenía la capacidad de revolucionar los encuentros. Era una de las últimas piezas de un castillo de naipes que Joan Laporta -y compañía- habían conseguido levantar de los cimientos hundidos que heredaron de la ‘Era Gaspart’. Quizás no fuese una de las bases del proyecto azulgrana, pero su papel era complicado a la par que importante. Sin la presencia del ariete suplente, el Barça posiblemente contase con algún título menos en sus vitrinas. Entre ellos, la UEFA Champions League de 2006. Su relevancia se aprecia en el día de su despedida. Con su corta experiencia como culé, provocó que el exigente graderío pidiese unas palabras de despedida mientras se estaba celebrando la consecución del título de Liga.

Henrik Larsson llegó al Barça siendo un veterano y una leyenda en el Celtic de Glasgow. Estuvo únicamente las temporadas 2004/05 y 2005/06 en las filas culés, las mejores temporadas del ciclo del técnico del país de los tulipanes. Durante la primera no pudo ser tan relevante como en la segunda, debido a una grave lesión de rodilla. En su estancia consiguió alzarse con dos ligas y la ya nombrada Copa de Europa, donde reafirmó su capacidad de influir en los resultados –más por juego que por cifras-. Anotó 19 tantos en su paso por el Camp Nou, pero fue el oportunismo el que le hizo brillar de una forma singular.

Si bien, sus estadísticas no alcanzaron cotas que puedan trasladarle al Olimpo blaugrana, fue su mentalidad y la forma de entender el equipo lo que marcaron en Can Barça. Dentro de una entidad que contaba con Ronaldinho Gaúcho, Samuel Eto’o, Ludovic Giuly y demás, supo asumir que su papel en el equipo iba más allá.  Esto ha provocado que se haya encontrado un relevo para cada uno de los citados, pero un perfil como el del sueco no es algo sencillo de hallar y se sigue resistiendo. Un futbolista que desempeñe su misma función debe asumir la ausencia de minutos y, aun así, ser determinante. Muchos jugadores se han quedado por el camino intentándolo, ya sea porque no aguantan la escasez de continuidad o porque no aprovechan las oportunidades que se le brindan. Esto que para muchos es un problema, él supo usarlo a su favor y construyó una identidad futbolística que 14 años después sigue sin aparecer.

Su último partido vistiendo la elástica culé, ‘Henke’ resumió lo que había sido su estancia en el club. En una final de Champions League, contra el Arsenal de Thierry Henry, Fábregas y compañía, dio un recital. Disputó únicamente 29 minutos de aquel partido y entró con un marcador adverso. Un escenario ante el cual todos se achantarían, el decidió dar el do de pecho y cambiar la historia de la competición. Regaló dos asistencias a Belletti y Eto’o para lograr que el equipo alzase ese ansiado trofeo, 14 años más tarde.

Se suele tener la visión de que Larsson era un delantero meramente rematador, y nada más lejos de la realidad. Siendo un buen atacante en ese sentido, con un notable remate de cabeza y frialdad para definir en los 1 contra 1, también sumaba a ello una gran movilidad y lectura de espacios  que fueron las que le hicieron un revulsivo de lujo. De hecho, las dos asistencias de la final de 2006 muestran que era un futbolista que iba más allá de la definición. En el gol del empate, sirve en bandeja de plata un primer toque en forma de prolongación al camerunés. Para el segundo, firma genial pase filtrado para que el lateral brasileño dictase sentencia en esa histórica noche de París.

Su marcha pareció irrelevante, pero desde aquel momento el Barça suma una lista de jugadores que han pasado sin pena ni gloria. El último en llegar, Martin Braithwaite, tiene condiciones para poder coger el testigo que dejó hace muchos años el killer de Helsingborg. Más allá de su parecido físico; una estatura cercana al metro ochenta, una complexión similar y la ausencia capilar; interpretan el juego de manera parecida.  Para colmo, ambos vienen de la península escandinava.

Los propios futbolistas tienen en su mano ser un as o una simple carta. Los escenarios no siempre son los favorables para potenciar las virtudes de cada uno, pero es responsabilidad de los jugadores conseguir adaptarse a ellos de manera camaleónica. Todos los componentes de un proyecto son necesarios dentro de él, y Larsson supo maximizar esa necesidad culé a su estilo. El sueco ha sido, es y será el mejor actor secundario que el Camp Nou ha conocido.

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