El escollo más gigante fue Estudiantes

Hay una frase que espeta: “Cuando se sufre se disfruta más”, no sé que tanto se refleje en la realidad, pero sí puedo asegurar que para pasar a la gloria hay que sufrir y mucho. Tal y como lo hizo el Barça el 19 de diciembre de 2009 ante Estudiantes de la Plata.

El Barcelona de Pep Guardiola fue el mejor equipo de la era moderna y uno de los mejores de la historia. Una máquina perfecta. Engranajes que se movían en tiempo y espacio cuando el desarrollo lo requería en el momento justo. Un equipo imposible cuando estuvo en su cúspide.

Ahora con los efectos del confinamiento, resulta imposible no mirar al pasado, subirse a una máquina del tiempo (gracias internet) y echarle un ojo a aquello que nos hizo tan felices. El sextete fue uno de esos momentos sin lugar a dudas.

Muchos se acuerdan de Chelsea en el Stamford Bridge y, por supuesto, el Iniestazo; o el día en el que Lionel Messi surcó los cielos y se puso a la altura de los gigantes en Roma; pero pocos se acuerdan de los detalles del partido contra el Estudiante de la Plata de Alejandro Sabella. Que fue sin dudas un escollo de altísima dificultad para aquel equipo imposible de Pep. La máquina perfecta se vio al límite aquella noche por el compromiso táctico y el desparpajo de un equipo argentino dispuesto a todo.

Para explicar el desarrollo de este partido tengo que ponerme de pie, destacar y aplaudir al genio que es Alejandro Sabella. Una figura infravalorada de los banquillos. El argentino estudió al Barcelona con simpleza, determinó la figura y como contrarrestar el triángulo en el medio, detectó la zona de impacto Messi y la importancia de Dani Alves. A raíz de ello, implementó un pragmático 5-3-1-1 que le ganó la batalla táctica a Guardiola en la primera mitad.

Juan Sebastián Verón y Enzo Pérez – que era media punta en ese Estudiantes y hoy es mediocentro masterclass en River – ayudaban a Mauro Boselli en el pressing alto. Boselli y Pérez con los zagueros, Verón – de gran performance – incomodando a Sergio Busquets. A la presión alta que se trasladaba en todo el campo por parte de los argentinos, había que agregarle la magia de la Jabulani y el estado seco del campo; hasta eso le sonrió al Pincha en esa noche árabe.

El Barcelona, por otro lado, salía de memoria. Ya sin Samuel Eto’o en el equipo y con un Zlatan Ibrahimović cada vez más adaptado. Messi tenía como punto de partida la derecha, pero con tendencia a centralizarse, Thierry Henry daba amplitud a perfil cambiado en la otra banda. Seydou Keita acompañó ese día a Xavi Hernández y Busquets por la lesión del gran Andrés Iniesta, al cual el Barca extrañó y mucho.

XI del FC Barcelona. | Foto vía: Taringa.

El plan de Sabella pudo irse al traste, Xavi tuvo una chance inmejorable en una descolgada desde la base y un taco excelso de un Zlatan que fue un faro en pleno naufragio. La jugada parecía clarísima: tiro raso y fuerte, pero el egarense pecó de generoso y dio vida a un combativo Estudiantes que ya había dejado claro su alto nivel competitivo.

Boselli luchaba con Gerard Piqué, Enzo explotaba las espaldas de Busquets y aprovechaba los espacios en los carriles interiores. Verón, director de orquesta, jugaba con maestro impartiendo cátedra al ritmo de la jugada. Y un colectivo que acompañaba con mucho recorrido y sacrificio.

La calidad en Estudiantes la aportaba la Brujita, que parecía que jugaba en el patio de recreo de los colegas; corría, jugaba y hacía jugar; hasta para poner el pie y quitar lo hacía de manera elegante. Un placer visual.

Las descolgadas de Pérez eran tan importantes como la lucha de Boselli, que además de molestar a Piqué durante todo el cotejo, venció a Víctor Valdés con un testarazo que hizo vibrar a los más de cinco mil hinchas pincharratas que viajaron hasta Abu Dabi.

El Barcelona no se reconocía, se miraba en el espejo y parecía despojado de sus prendas. La circulación lenta e imprecisa, Busquets veía como Verón se lo cenaba y Xavi no veía un Iniesta en Keita para descansar en los pies del maliense.

Messi estaba absorbido. Sabella, el mismo que hizo que explotara en Argentina en las eliminatorias mundialistas para Brasil; con aquel cuarteto denominado “Los cuatro fantásticos”, lo redujo a su mínima expresión dejándolo aislado y lejos del trámite. Lo mismo pasó con Henry.

Tan solo Zlatan con su juego vikingo y su fuerza imponente pudo resistir los envistes de la línea defensiva Pincharrata, causando alguna inquietud a un fondo armado hasta las trincheras con un Leandro Desábato haciendo de general implacable.

Guardiola debía cambiar, Estudiantes embarró la estética, la tomó, la arrugó y la devolvió a Barcelona. Si el Barca quería el histórico sextete, tenía que cambiar y encontrar nuevos caminos en lago pantanoso.

Así lo entendió Pep, que no le tembló el pulso para romper el 4-3-3, meter un doble pivote retrasado Xavi – Busquets, dejar a Messi como tercer hombre por delante de ellos; poner a Ibrahimovic bien de nueve arropado por Henry y Pedro Rodríguez; y darle un rol especial a Dani Alves.

En ese interín, además de Zlatan y Pedro, el que entendió todo fue el otro genio infravalorado de la noche: Dani Alves. Aunque muchos no lo crean, la raya es una constante infravaloración; al jugador más ganador de la historia se le conoce más por su espíritu competitivo que por el brillante futbolista qué es. Un jugador capaz de hacer progresar al equipo con alegría y gambeta, en combinación, en conducción o un cambio de panorama. Alves sacó todo su repertorio – ya lo había hecho en el primer tiempo, pero su rendimiento fue in crescendo – y en la segunda mitad sirvió de cuarto hombre en el medio como un interior-lateral por derecha. Busquets, Xavi, Messi y Alves en el mediocampo para ejercer superioridad sobre los incansables Braña, Verón y Benítez. Enzo ya no daba más, su recorrido fue infernal y en cierto momento tuvo que dejar el terreno.

El balón ya parecía un boomerang, las piernas pinchas respondían menos, Henry empezaba a ganarle a Clemente, Zlatan y Pedro estaban incontrolables y Desábato era quién sostenía a todo un fondo que se sentía impotente. A Estudiantes le salvaba la versión terrenal de Messi en el tiempo regular y el ejercicio de resistencia impresionante que se vio obligado a ejecutar.

Tiros de Zlatan, llegadas de Pedro, centros peligrosos de derecha a izquierda, de izquierda a derecha. Guardiola accionó motores, sacó a Henry y metió al electrizante Jeffrén Suárez – sí, el venezolano no solo metió un quinto gol de un clásico sin precedentes; sino que fue clave el día del sextete – los balones a la trinchera de Estudiantes eran bombas que estaban a nada de explotar. Entre Desábato, Cellay, Ré y Albil (que vaya pinta clásica llevaba, un carisma inmenso del guardameta) desactivaban todo segundos antes de detonar.

Llegó la inesperada, no por Messi o Zlatan, tampoco un desmarque de Pedro o centros de Alves y en defecto Jeffrén. Fue Piqué quién de nueve saltó y conectó un balón en los cielos del borde del área, un rebote impensado y desestabilizador de sistemas, como un virus ingresando a tu CPU; Cellay se percató, dejó su zona y se olvidó de Pedro; Gerard solo tuvo que cabecear y mandarla allí; era de ley que se resolvía con un segundo cabezazo para destrozar la trinchera argentina y obligar retirada para una prórroga insostenible. La definición de Pedro es tan infravalorada como su figura, un globo aéreo, nada fácil. Albil, claramente, jamás se lo esperó y creo que nadie lo imaginó.

Ya con Estudiantes fuera de sus trincheras y sin piernas para afrontar batalla campal, la prórroga olía un lado vencedor con los maestros del “buen juego”; Messi despertó y como la pulga que era empezó a encarar y gambetear. Los caminos se redujeron, el Barcelona agarró Estudiantes, lo puso contra las cuerdas y no lo soltó hasta que desistió.

Fue a los 110 minutos, una ironía de la vida que el número diez esté metido en esto, cuando la pulga detectó la pasividad de la última línea y que un rodeo más un desmarque en ruptura era suficiente para que Alves enviara su enésimo centro venenoso al área. La parábola de la pelota fue tan perfecta que la única forma de definir esa jugada era de la forma más estética posible: en plancha y con el pecho. El fútbol fue cruel con Verón, que le tuvo que ver el número a Messi en el tanto después de exhibir toda su calidad con caños y sombreros descarados y groseros.

Gol con el escudo de Messi y primer Mundial de Clubs para el Barça. | Foto vía: Mundo Deportivo.

Parecía una obra culminada con unos minutos extras de mero trámite, pero cuando se dice que Estudiantes fue el más grande escollo es porque no se dieron vencidos ni aún vencidos.

El Pincha sacó amor propio, como guerrero de box al borde del KO. Todo entonado por los cantos de su hinchada. Un tiro libre por falta de Yaya Touré – al cual no le mencioné, pero tuvo un gran peso cuando entró por Busquets –, dio la oportunidad a Verón de enviar a su general defensivo Desábato a detener el tiempo en el área; la peinada de la muerte a la caprichosa Jaboulani puso en velo al mundo fútbol, ¿acaso los penales era la forma justa de acabar la batalla épica? La pregunta quedó en el aire, Valdés hizo estatua y regocijó al ver que el balón botó y beso el travesaño, pero saliendo por la línea final.

No había tiempo para más, el film culminó y el Barça de Pep logró vencer al escollo más gigante. Un sextete que tuvo, además de buen futbol, un sentido épico y heroico que genera gran orgullo en los viajes en el tiempo a la época dorada. Fuimos felices, pero también sufrimos.

2 comentarios sobre “El escollo más gigante fue Estudiantes

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  1. Muy buena crónica sobre uno de los partidos que marcó a los futboleros de mi generación. Aplausos para Estudiantes que soportó todas las inferioridades obligadas e injusticias (no sólo el hecho de que en Sudamérica históricamente despreciamos el alargamiento y tenemos buenas razones para ello, sino también por el detalle que se te ha olvidado mencionar de que antes de su gol Messi debió ser expulsado por un planchazo estando amonestado) con la hidalguía y supliendo su falta de técnica con corazón, rigor táctico y ese plus de fútbol que sólo el fútbol argentino tiene. Te aplaudo también por lo preciso del análisis táctico que has hecho en la nota. Saludos

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