La inmensidad

No había ninguna guerra y, de repente, surgió. Una guerra dialéctica entre Mourinho y Guardiola que ganó el portugués y a la que Messi no quiso entrar. Quedaba la guerra táctica, la del campo de batalla. No era su guerra pero se alistó. No era su guerra pero él decidió acabar con ella.. Qué difícil es describir un instante, un segundo, sobretodo si recoges el guante lanzado por Albert Blaya. Sobretodo si resulta tan complejo como un gol de Leo Messi. Un segundo que va desde la cortesía de Sergio Busquets a Casillas mirando el balón besar la red mientras Messi, sonriente, corre hacia Gaby Milito. Un segundo que consta de cuatro partes.

A cualquiera se le hubiera formado un nudo en la garganta. Cualquier ser humano hubiera tenido vértigo a la inmensidad. El argentino, que no lo es, aceptó la invitación de Busquets. “Aquí tienes, Leo. Todo tuyo”. Ahí empezó todo. Una pared en el centro del campo que Lass Diarra vio tejer y nunca llegó a entorpecer. Una pared como puerta al infinito. Dos caricias de Busquets bastaron para que Messi asomara por el carril central, instante en el que tanto Diarra como Özil, que pasaba por allí, lo vieron inalcanzable. Una pared como inicio del derribo de un muro. Un gesto que serviría para medir la valentía de cualquiera. La primera parte de un segundo tan fugaz como un parpadeo terminó con el francés levantando los brazos en señal de rendición. Los hay valientes pero también osados.

La segunda parte fue más breve si cabe que la primera. En la grada, los asientos comenzaron a resultar incómodos. Los asistentes se incorporaron conscientes de lo que podía pasar. Esa extraña y contradictoria sensación que se siente ante una película de terror en la que te tapas la cara mientras abres los dedos porque resulta inevitable contemplar la escena. El público sabía estar inmerso en un trance de Messi y Sergio Ramos acudió a terminar con él. Sin éxito. Mientras más se asomaba el central blanco, más se alejaba el diez azulgrana. No fuese a decir que no le habían advertido un instante antes. Con dos toques se deshizo del achique. Uno con el que enseñó el balón y otro con el que se esfumó. Le sobró tiempo aún para desprenderse de Raúl Albiol con un regate que, a su vez, sirvió de control orientado para encarar la tercera parte de aquel segundo eterno.

Aún le quedaba camino por recorrer y atisbó a un Marcelo sin excesiva fe, a diferencia de un Ramos que volvió a aparecer en escena, esta vez con el cuchillo entre los dientes, dispuesto a cerrar la función. La presión en la grada era tan alta como la desesperación de los jugadores merengues. De nuevo en un pasillo blanco, el hall de una casa a la que no invitaron a pasar, situación que aprovechó Messi para acelerar. Un, dos. Como una “Pulga” en una cacharrería. Y allí llegó. Al final de la tercera parte.

Tan solo quedaba un último escollo, el último muro. Tan cerca y tan lejos. Cualquier otro jugador hubiera notado la fatiga en aquella cuarta parte de aquel segundo. El cerebro regula las emociones pero en ocasiones llega a un límite en el que es imposible conseguirlo. El argentino casi llegó a ese límite. La cuarta parte de ese segundo en el que, cayéndose exhausto, arrastró la pierna derecha, la normal, para cruzar al palo largo y batir a Iker. Esta vez no salvó “el pie de (otro) Dios”, como apenas un año antes en Sudáfrica. El milagro, de nuevo, volvió a tener acento rosarino.

Lionel Messi, el que se vio obligado a intervenir en la guerra, el hombre que dinamitó el Santiago Bernabéu en un abrir y cerrar de ojos, el hombre que no es hombre sino Dios, firmó en Madrid el tratado de impotencia de un equipo al que le fue imposible parar al hombre que nunca estuvo allí.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: