El Robinho del nuevo Newcastle

En el verano de 2008 la historia del Manchester City dio un giro radical. Llegó la compra del club por 250 millones de euros por parte de un grupo inversor de los Emiratos Árabes Unidos, con Sulaiman Al-Fahim como parte visible del grupo, y con Mansour bin Zayed Al-Nahyan como máximo accionista y con ello un aluvión de ofertas por grandes jugadores para dar un golpe de efecto, concretándose en el fichaje de un Robinho que jamás pudo mantener el nivel que ofreció en el Ramón de Carranza, quedándose muy alejado de aquella comparación con O Rei Pelé.

Algo similar está ocurriendo en el Newcastle United, dando fin a la tiranía de 13 años de Mike Ashley con la venta de sus acciones a un fondo soberano de inversión de Arabia Saudí por unos 343 millones de euros con el príncipe heredero Mohamed Bin Salmán como cabeza visible de la operación. Para concretarse dicha transacción es necesaria la aprobación de la Premier League ya que existen varios detractores, al ver dicho negocio como una estrategia del régimen saudí para limpiar su sucia imagen.

“El principal socio, que se hará con el 80% de las acciones del club, es el Fondo de Inversión Pública Saudí, que es un fondo soberano sobre el que Bin Salman, como jefe, tiene total control”.

Nicholas McGeehan (experto en las monarquías del Golfo Pérsico y director de la ONG Fair/Square) a LOC.

Vemos como Aministía Internacional está en contra por la retahíla de violaciones de derechos humanos, BeIN Sports (que tiene los derechos para emitir la Premier en Oriente Medio) ha enviado una misiva a los diferentes equipos de la competición exponiendo que en dicho país han incurrido en prácticas ilegales con la emisión pirata de partidos gestionados por la empresa qatarí llamada BeoutQ o incluso ha provocado que la prometida Jamal Khasoggi, periodista opositor al régimen asesinado en el consulado saudí en Estambul, rompiera su silencio para censurar la operación.

“La Premier League no debería permitir que alguien como Bin Salman, que ni siquiera ha rendido cuentas por el asesinato de mi prometido, se involucre en el deporte británico”.

“Lo contrario manchará la reputación de la Premier League y el Reino Unido. No se puede permitir que el fútbol forme parte de la campaña de encubrimiento”.

Hatice Cengiz en una carta publicada por su abogado.

De hacerse oficial estaríamos ante uno de los nuevos ricos a nivel mundial por encima -y a mucha distancia- de los Cityzens o del propio PSG, para poner en proporción la verdadera magnitud de lo que se viene. Siendo evidente que en esta nueva normalidad en contexto coronavírico, no vamos a vivir un mercado de fichajes con movimiento de grandes cifras, está claro que de oficializarse la compra, las urracas podrían ser uno de los grandes agitadores del período de traspasos.

Uno de los jugadores relacionados y con posibilidades reales de recalar en St. James Parks es Philippe Coutinho. Indudable que para el brasileño es un paso atrás en su carrera pero no está en situación idónea como para andar rechazando propuestas y menos tan suculentas. El Bayern München ya ha comunicado que no ejecutará la opción de compra, en Barcelona parece tener pocas opciones de ser titular indiscutible y en los grandes equipos ingleses no parecen estar en condiciones de asumir un trueque al más puro estilo Neto-Cillessen, ni piensen en asumir semejante desembolso en un jugador consumido por su apatía.

Hay que tener en cuenta que al FC Barcelona le faltarían por amortizar unos 80 millones de euros, al haber pagado ya 145 millones (120 fijos y 25 en variables de los que aún faltan 15) en un contrato hasta 2023, cifra por la que la actual Junta Directiva no dudaría en cerrar el acuerdo y así poner fin a uno de los negocios más ruinosos de la historia de la entidad.

Su salida es un asunto capital dado su alto salario y la necesidad de atajar la sangría que pueda suponer a las arcas del club lo que falta por abonar y seguir sumando variables. Parece inviable incluirlo en alguna gran operación en un intercambio de jugadores y poder “sobretasarlo” o que ningún equipo en su sano juicio dada la situación actual decida abonar esos 80 millones de euros, por lo que la única esperanza parece radicar en que el Newcastle se convierta en club-estado y Coutinho se erija como bandera del nuevo proyecto.

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