Si no es mucho pedir

Viniendo de donde venimos, de momento no le estamos pidiendo mucho a la vida. El acto de abrazarnos se despojó de su acepción protocolaria para ser ahora genuina muestra de afecto y liberación tangible. Existe una consciente admiración global por las pequeñas cosas que apetece disfrutar puesto que sólo puede ir a menos. Se mira, pero ya sólo se toca si es indispensable. Hasta se escuchan menos protestas de piloto automático sobre el calor veraniego, viniendo de donde venimos. Y por si esto fuera poco, codearse por fin significa algo concreto; propongo que nos saludemos de este modo para siempre. Porque superado el cool ademán del gesto rapero que hoy nos iguala, rozarnos con el codo al vernos ayudará a recordar de dónde venimos cuando volvamos a pedirle mucho a la vida. No tardará en suceder.

Viniendo de donde venimos, tampoco le estamos pidiendo mucho al nuevo viejo fútbol. No nos atrevemos a exigir. Si durante el confinamiento cada hoja del calendario pesaba como una losa, fue conocer las fechas de los partidos de nuestro equipo y el tiempo que tanto nos abrumaba se hizo liviano y de golpe dejó de ser carga para convertirse en bagaje. Las jornadas ligueras se solapan sin molestarse como ese profesor universitario que, en lugar de reclamar su turno, admira a un colega desde el fondo del aula con sonrisa de debutante. Vivimos en un caluroso tiempo añadido y poco importa que sea martes o domingo, viniendo de donde venimos. Que el balón haya vuelto a rodar nos basta en este torneo clausura que coincide con la reapertura de nuestras vidas. Pronto volveremos a tener los bolsillos llenos de preguntas.

Viniendo de donde venimos, nos hemos cansado de no pedirle mucho al Barça. La plantilla mira para otro lado y señala con el dedo los galones que lucen en la solapa cada vez que vienen mal dadas, algo que últimamente sucede demasiado. Aquello que era responsabilidad del entrenador dejó de serlo para volver a serlo y viceversa. Y así no hay quien se aclare. El equipo carece de fuelle y el responsable de recursos humanos no contrata ningún actor, principal o de reparto, para los cameos de segundas partes que nunca son buenas para los azulgranas. ¿Los cinco cambios se referían a todo el mes de julio? Una vida escuchando que en estos o aquellos campos se ganan ligas para que ahora la desesperante empatitis de los de Setién nos impida saber siquiera dónde o cuándo se ha perdido esta. Quizá nunca se tuvo, eso es todo.

Viniendo de donde venimos, se corre el riesgo de olvidar quiénes somos. Antes de que el virus nos encerrase en casa ya contábamos con sorna los pases inocuos de un equipo frágil de la cabeza a los pies, un grupo corto y veterano con 60 minutos en el depósito —también tras el parón— y la sartén siempre por el mango. Pleonasmos a un lado, el cinturón aprieta ya a un Setién cuyas buenas intenciones duraron un par de ruedas de prensa. Ni libro ni estilo. Hace poco un amigo me dijo que el cántabro parece más preocupado por quedar bien con la institución para que le inviten a los partidos de veteranos que ocupado en pringarse con decisiones incómodas como pide a gritos este Barça interruptus y sin alma. Así que antes de que volvamos a pedirle mucho a la vida, empecemos por exigirle un cambio radical al Barça.

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