A propósito de nada

“Un boxeador está en un ring y lo están machacando, le están sacando los sesos por la nariz. Su madre está entre el público y hay un cura sentado a su lado, y ella le dice: ‘padre, rece por él, rece por él. Y el cura contesta: rezaré por él, pero si él supiera pegar ayudaría mucho. -Hay más lucidez en ese chiste sobre lo que yo llamo el supremo ‘¿Y a mí qué?’ que en la mayoría de libros de filosofía”-.

Woody Allen. Director, escritor, actor y comediante.

Toda esa acción y reacción a su propio pensamiento hacen de Allen una persona a la que admirar y por supuesto de la que aprender en cualquier momento.

Las breves líneas que nacen a continuación solo vienen a ser un canto al optimismo, un paraguas en medio de un torrente de agua caído del cielo, un refugio para esa tormenta veraniega que te pilla en medio de un agradable paseo por el bosque, un insignificante y posiblemente banal intento de acabar, o al menos rebajar, el legendario fatalismo atávico culé.

Cabeza alta

Los cimientos de Can Barça se tambalean, y como tantas otras veces, el castillo blaugrana está a punto del descalabro. Un huracán en forma de finalista de la Champions League pasó por encima de un equipo desnortado que va con una venda en los ojos directo a la catarata. Estoy seguro de que ha sido mejor así, un buen resultado habría tapado algunos agujeros que de ninguna manera merecen ser cubiertos. Nos reflejamos en el espejo del boxeador, ese que aunque hubiera sido bendecido por un insignificante golpe de suerte, una victoria no habría disimulado las carencias; y las deidades que dirigen y comandan este grupo habrían seguido campando a sus anchas. Las célebres vacas sagradas llevan años, décadas, dando quebraderos de cabeza en cuanto la plantilla necesita una reestructuración y limpieza a fondo. Son muchos los nombres que tenemos todos en mente los que no merecen ni un minuto más seguir con el escudo del Fútbol Club Barcelona tan cerca del corazón como la camiseta se lo permite. Numerosos los nombres y escasos los hombres. Hombres que como Gerard Piqué pusieron, ponen o pondrán su empleo a disposición del club para sanear una plantilla enferma de éxito y empezar una nueva vida que devuelva a la institución al lugar que merece. Ahí, arriba.

Morir con (el) estilo

Volver a lo de antes. Si algo funciona, no lo toques. Es tan sencillo como eso. Desde que Pep decidió que se separasen nuestros caminos, el estilo ha ido desapareciendo hasta quedar en una ínfima proporción imperceptible para el escrutador ojo culé. Hemos cambiado la batucada por los sintetizadores. Triste final para un grupo musical acostumbrado a la fiesta y el jolgorio, en el que han pasado a ser protagonistas los ritmos oscuros y un death metal que bien entendido sería incluso de mi agrado, pero no es el caso. Difícilmente podremos volver a bailar con los acordes que escuchamos allá por comienzos de la década, y ahora solo queremos un bis, algo que nos haga recordar tiempos mejores, días felices. Como el final de una orquesta en una noche de verano, solo pedimos otra otra otra. Un último baile para Leo, una nueva oportunidad para que el final de su carrera no sea una resaca de domingo por la mañana que nos impida recordar toda su grandeza. El futuro se escribe cuesta abajo, y ese pensamiento hay que tenerlo presente desde ya. Aunque nos duela y carcoma por dentro, The Last Shot de Messi está cerca, demasiado cerca.

Tornarem

Hay una frase de Jorge Valdano que tengo presente cada vez que las fuerzas flaquean y cuesta seguir hacia adelante: éxito está delante de trabajo solo en el diccionario”. A esta plantilla le falta trabajo, y mucho compromiso. Mucho. Se han acostumbrado a la rutina con la velocidad de un dinosaurio de varias toneladas. Un largo camino se avista en el horizonte y aunque todo lo ocurrido en estos últimos días, semanas, años, suena catastrófico para el aficionado blaugrana, nunca llovió que no escampó. Pequeñas dosis de felicidad a base de Ligas, Copas del Rey y paseos militares por Chamartín no pueden revestir una debacle que no por anunciada y visible es menos dolorosa. Una última reflexión que a buen seguro compartís: imposible hacerlo peor y caer más bajo, desde aquí solo hacia arriba. Igual que aquel boxeador, ojalá recen por nosotros, pero ojalá también aprendamos a pegar. Que no se le olvide a nadie, volveremos.

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