Sergio Busquets y los días raros

Di qué ves, di qué ves, si hay algo” nos pregunta Pucho, cantante de Vetusta Morla, con su voz angelical. La verdad es que cuando aplico la cuestión al ámbito culé y observo con detención el FC Barcelona de Ronald Koeman, me encuentro a un Sergio Busquets extraño. Me topo con un Busi distinto porque, lejos de mostrar esa sonrisa tímida bajo el ritmo de Viva la vida de Coldplay, está serio y perdido en un contexto atípico para todos. Dejada atrás la vitalidad de Chris Martin y compañía, el de Badía del Vallés se ha abrazado a la tristeza de las melodías de los de Tres Cantos. Concretamente a una canción: Los Días Raros.

Lo curioso es que, si te paras a pensar, Pucho y Busquets son personas bastante parecidas. Dos tipos esbeltos, genios en sus respectivos ámbitos y pero discretos a pesar de demostrar grandeza en cada una de sus acciones. Ambos son de pocas palabras, pero cuando hablan es para hacerlo por y para su especialidades. La música y el cine por un lado, el balón y el entorno culé por el otro. De hecho, compartían el factor de no tener redes sociales personales hasta que por pura responsabilidad de capitán Busi se vio obligado a creárselas. Sin embargo, ese mismo silencio que protege al vocalista dentro del indie es el que condena al de Badía en el circo que puede llegar a ser el fútbol y su espectáculo mediático. 

El incansable debate sobre el físico dentro del fútbol, vivir una nueva época de transición tras sufrir la caída más importante a nivel europeo y ser una persona de pocas palabras forman una combinación perfecta para que Busquets esté sumergido en días raros. El futuro culé está vestido con el traje nuevo del emperador, el del héroe de Wembley en el 92, y no está confeccionado para el de Badía. Con un 4-2-3-1, actualmente Busi lucha por un puesto en la titularidad, algo impensable hace tres años. Koeman le ha dado las llaves del medio campo culé a Frenkie De Jong, el niño bonito que ha vivido esta oportunidad como un regalo de los reyes magos.

El futuro culé está vestido con el traje nuevo del emperador, el del héroe de Wembley en el 92, y no está confeccionado para el de Badía.

Y claro, en un doble pivote Sergio sufre. Posicionalmente no es a lo que estaba acostumbrado, así que ya no baila con la misma soltura que un lazo en un ventilador. Es ahí donde aparecen los mismos pesados de siempre: los de los “huevos”, los de “os lo dije” y los del físico como principal argumento para valorar o jubilar a alguien. Sin embargo, los días raros son caprichosos porque en la selección española la situación es totalmente distinta. Luis Enrique afina, define el trazo, sintoniza y reagrupa pedazos para darle un contexto ideal Busquets. ¿El resultado final? Un Busi diferencial que, al contrario de las dos últimas dos temporadas, tiene sus déficits cubiertos al estar bien rodeado.

Más allá de lo técnico, aquí lo importante está en las emociones, que al final son las que nos mueven y nos hacen sentir. Gente de la magnitud de Pucho y Busquets tienen en común que son capaces de generar una influencia innata en nuestra vida desde la lejanía. El impacto es tan grande que muchas veces recurrimos a los tatuajes para que el recuerdo quede inmortalizado para siempre en nuestras pieles. Los Días Raros no es ninguna excepción ya que mucha gente decide pasar por los tinteros para marcarse de por vida esa canción que ha tenido tanto significado personal. En definitiva, un ejercicio para mantener la memoria viva.

Lo haya elegido o no, Sergio Busquets forma parte del tatuaje más importante de la historia del Barça, pero también de uno de los más dolorosos. Eso hace que el de Badía se encuentre en un limbo a nivel de contextos futbolísticos y de opinión pública. Actualmente lucha a contrarreloj dentro de la memoria, algo que en el fútbol destaca por su ausencia. A pesar de haber sido el mejor mediocentro del mundo durante muchos años, Busi corre el riesgo de ser borrado por el bartorosellismo de la tinta que marca el cuerpo de la historia culé si comete un mínimo error en esta nueva etapa. Aunque aún le quedan vicios por perfeccionar en sus días raros, si Sergio es sentenciado antes de tiempo será demasiado tarde para darnos cuenta de que “sin carbón no hay reyes magos”. Y si eso sucede, en vez de llorar de emoción con la canción de Vetusta Morla de fondo, lo haremos en la más sumisa tristeza.

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