Juegue Aleñá

Carles Aleñá también es un jugador a quien alinear por primera vez en dos meses de competición y que parezca que no juega solo en los entrenamientos. Y digo también porque Aleñá tiene de esporádico lo que yo de Tolstoi aunque si ellos quieren que lo sea pues eso, que también, a la vista está. Aleña ha sido un mes titular en Primera en un equipo que no es el suyo y pese a que luego lo sentasen porque todo era unos zorros, lo cierto es que le han sobrado tres cuartos de mes para demostrar que está listo para servir. Pero vuelves al club donde has crecido como capitán y el nuevo entrenador dice interiores para qué os quiero y te toca jugar los partidos de la basura. Y resulta que para Ronald Koeman el Dinamo de Kiev en Liga de Campeones es un encuentro menor y se acuerda de que en su libreta Aleñá es pivote aunque en verdad lleve 22 años menos los meses béticos jugando adelantado, porque estaremos de acuerdo en que en su cabeza Aleñá juega a esto desde el día de su alumbramiento, entonces lo saca y el tipo acaba por dominar el partido por encima de todos los ucranianos y de Miralem Pjanić, recordemos jugador responsable de que en Turín se velase el retiro de Andrea Pirlo apenas diez minutos. Y después de eso quizá, seguramente no, Koeman piensa que a ver si es que el interior Aleñá va a ser medio bueno también como volante o hasta pueda llegar a ser tan bueno o mejor que Pjanić, Sergio Busquets o su amor Frenkie de Jong. Entonces estos tres confían en que su entrenador no se haya dado cuenta del asunto, del matiz, y mantenga a Aleñá en el banquillo o a poder ser en la grada porque cuanto más lejos los competidores que chorrean talento mejor para acomodarse, así ellos continúen turnándose en el once mientras el equipo pierde o igual gana, de la misma manera que mantiene el 4-2-4 con el que el equipo o lo que parecen ser dos equipos como si de los panes y los peces se tratase pero dividiendo y entonces mal no juega a nada serio y lo razonable es que pierda como pierde aunque alguna vez gane.

Pero hay que centrarse en Aleñá y ves cinco minutos suyos y sabes que Aleñá no es Coutinho ni lo será. No porque Aleñá no sea mediapunta, que lo ha sido en cientos de ocasiones y a juzgar por su exhibición como mediocentro lo sería aunque no hubiese jugado en esa posición nunca, como podemos apostar el alma a que también sería lateral dado el caso sin necesidad de compararlo con Douglas Pereira para que la renta salga a devolver. ¿Y esto por qué lo dices? Pues porque la técnica de Aleñá es lo de menos y aunque menos sea más, Aleñá es ante todo la Inteligencia. Guardiola y todos esos señores lo que quieren enseñar es a interpretar el juego más allá de esquemas, tácticas bla bla bla y lo cierto es que Aleñá ya se ha pasado el juego. Y antes decía que no es Coutinho porque este es muy bueno hasta que piensas que igual no es tan bueno cuando se le echan tres jugadores encima y trata de hacerle un caño de exterior al primero que ve mientras que Aleñá, si acaso dejase que se le viniesen encima de esa manera, que ya sería mucho suponer, en esa situación toca sencillo al compañero que ya te digo yo que encuentra de cara al tiempo que sale del acoso y se perfila nuevamente para recibir sin nadie cerca mientras que lo maldicen. Y digo sin nadie cerca porque si os acordáis de Xavi mirando en torno cada segundo de cada partido que parece que estuviese en una mano de cartas o debiese dinero a los Colombo no os perdáis un partido de Aleñá sin balón. Y es genial porque como ahora el Barça juega a nada podéis dedicar un partido entero a observar a Aleñá y de camino aprendéis de fútbol. Entonces llega Aleñá y recibe favorable ese balón que ha tocado previamente y como está jugando de mediocentro controla o hace como que controla pero la besa con la zurda alejada y de momento abre un pase a la banda desatendida que insistía Guardiola que es por donde en realidad se acabará la jugada de ataque y así el rival se quedará loquísimo, costado donde ya vuela Junior, debería volar Alba o como si vuelo yo. Y todo esto que parece una eternidad pero son milésimas debería acabar en ocasión de gol si de un equipo serio se tratase. Y aquí más que a Xavi ahora estás viendo en Aleñá al mismísimo Guardiola vestido de corto si es que tuviste la suerte de nacer en los ochenta o antes o la mala suerte porque estadísticamente estarías más cerca de morir, y te enjugas el sudor que tiene tu frente de puro nervio porque piensas, ¡ay mi madre, este Aleñá es un metrónomo!

Pero el partido sigue y como el rival también juega y contra el Barça de Koeman suele jugar hasta bien ya sea el Misioneros de la Paz o cualquiera que te quieras tú inventar, santo lector paciente, tiene una ocasión que por supuesto para Ter Stegen. Entonces esta bestia echa el balón al suelo para ver si puede jugar raso con sus defensas porque él recuerda o cree recordar aunque ha pasado tanto tiempo que igual lo soñó que en algún Barça le pidieron eso y que eso es lo que a él, al brasileño Neto y hasta al último portero-jugador nacido en este bendito siglo le gusta. Así que ya pueden venir Álvaro Cervera, Koeman si saca a otro delantero o el Espíritu Santo en forma de paloma, ya que estamos en harina cristiana, a decirle que no lo haga, que la tire larga, que será saliva en balde porque ya lo ha hecho. Y como hoy día cualquier rival se te mete en casa a presionar pues Tea Estega tiene que arriesgar el pase y se lo da al pivote, entonces Aleñá que ahora es pivote a modo 4 recibe y con la maniobra te crees que has visto al Busquets que subió Pep desde Tercera para convertirlo en el mejor mediocentro de la historia del club al séptimo día sin necesidad de resucitar por encima del propio Pep, que ya es el colmo de la empatía que te la sude joder tu propia gloria. Total, que Aleñá ya ha recibido con el cuerpo de manera que uno de los rivales solo pudo subírsele a la chepa y el otro está tan cerca del balón como yo ahora mismo de la buena literatura si usamos el sarcasmo en esta frase. Y la presión intensiva de los ucranianos ha empezado a caer como fichas de dominó colocadas a la manera épica que abre la peli Siete Almas donde al final muere el protagonista como desgraciadamente morirá este Barça con y sin Aleñá jugando pero ojalá que sea jugando para que nos importe un carajo el resultado a quienes no pagamos, ni sangramos al, ni comemos del club y por otro lado adoramos el buen fútbol, y entonces el Barça ya está dispuesto para empezar a jugar con ventaja. Algo que por descontado no sucede porque Aleñá trata de buscar interiores en la siguiente línea y todos menos Koeman caemos en la cuenta de que Xavi está donde los velos, Iniesta anca el sol naciente, Monchu cerquita en Girona, Collado en el B y Riqui Puig buscando donde no se rían de él y ojalá no se le rían donde está Bielsa, así que lo más parecido que encuentra Aleñá para continuar el juego con cierta lógica es un agujero negro. Pero es que al tipo esto le da igual porque sigue tenso, no sabemos si puede jugar con tensión los noventa minutos pero diablos al final resulta que los juega, y tras darla a la bota del compañero alejado ahora sube metros para apoyar ese ala derecha. Y una vez en zona de interior derecho rayando en la mediapunta derecha le pide el balón a Trincao mientras se le cae la lágrima al oler la parcela de césped que para él es el santo grial y Trincao que lo ve llorar le da el balón más por lástima que por convicción después de hacer tres bellos recortes dimarianescos de dudosa eficacia, pero a Aleñá le importa un pimiento si el ritmo se ha cortado o si el ritmo de balón Barça que el conoció en las inferiores ya coge polvo en los anaqueles y, mientras acompaña el cuero, en el giro ya está filtrando una asistencia a lo Messi al lugar donde llega o debería llegar Junior si este leyese el fútbol una décima parte de lo que Aleñá, que ya sería leer ante un tribunal la tesis del fútbol con matrícula de honor. Y tú dices que cómo demonios ha reactivado una jugada que ya parecía vista para sentencia desfavorable con lo relento que devino en la derecha y te das cuenta del cómo cuando pones los vídeos en Youtube donde Guardiola y Tito Vilanova explican a los jóvenes la manera en la que hay que perfilarse a la hora de pedir un pase y que esto, dicen, lo es todo, y que consiguiendo perfilarse así hasta Galeano con sus patas de palo sería beneficioso para el juego.

Y Aleñá cada vez que juega me recuerda a cuando Van Gaal subió a Iniesta porque el equipo era un desastre antes de que lo echasen e Iniesta fue azúcar o panela pero nunca melaza cada partido que jugó y que Koeman puede usar a Aleñá como ese Iniesta o como coño quiera pero que lo use. Y digo esto porque así podremos rezar más para que Koeman salga como salió Antic cuando relevó a Van Gaal, con agradecimientos por su trabajo pero con buena carga de lógica, pero menos de lo que hoy rezamos para que Aleñá juegue porque, claro, ya estaría jugando. Entonces, en esta magnífica historia, ojalá llegue algún técnico que convierta a Aleñá en el jugador número doce en que convirtió Rijkaard a Iniesta y ni tan mal salió aquello o, aunque no es plan de ponerse exigente porque la pascua viene como viene este 2020, incluso se abran las aguas al paso de otro que lo use como Cruyff usó a Guardiola o Guardiola a Busquets, que es en realidad el lugar en el Barça si el Barça vuelve a ser algo parecido al Barça que un futbolistas como Aleñá merece. Y mientras escribo este sinsentido me paso por Twitter para relajar el flujo, dar tregua a la hipermetropía, poner signos de puntuación en mi cabeza que no en el texto y veo que Albert Morén ha dicho que Aleñá se acercaba malamente mucho a sus compañeros para pedir el balón y no estoy en disposición de contraanalizar a Morén porque sabe más que mí y que todos mis compañeros pero digo que Aleñá quizá dice, a su vez, que en el Barça de la desposición y el jaraneo todo vale y que a él le encanta la pelota y moverse, como a Arthur, y que por eso va hacia arriba para que Trincao le dé el desgraciado balón o hacia los otros que dice Morén y que qué pena que Arthur no jugase con Koeman porque disfrutaría tanto como él pasándose la posicionalidad por la cáscara de sus nueces y queriendo más balón más balón. Y admiro a Albert Morén como Albert Morén y yo admiramos a Aleñá y eso no es precisamente poco, como he tratado de contar.

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