Idolatrar un Rochemback

Hay una máxima en el fútbol en la que para poder disfrutarlo en plenitud debes creer. Tú equipo puede estar tocado de muerte -como sería el caso- pero despiden un par de jugadores a los que considerabas como unos auténticos troncos, te fichan otro par a los que consideras idóneos dentro de tu alta exigencia y cual trilero te consiguen devolver una sonrisa. Comprar el relato.

La verdad que aquello funcionaba mejor otros veranos -estando tu club incluso destruido de forma similar- pero ahora es distinto. Ya no confío. Llevo temporadas que no sucumbo a sus engaños. Creo que me cansado de ver llegar tipos hiperatléticos con tosco trato de balón, entrenadores que no convierten ateos en creyentes que diría aquel alemán de sonrisa contagiosa y directivos ineptos o mejor dicho negligentes tanto a efectos prácticos como teóricos.

Eso es lo primero que me viene a la mente pero si indago más en este asunto, me doy cuenta que estoy equivocado. Idolatré a Fernando Couto, imaginé una especie de superhéroe en la figura de ese Fábio Rochemback mitad alemán y mitad brasileño, incluso creí que Charly Rexach reencarnaría al maestro y nos sacaría del letargo, embelesado por ese, correr es de cobardes.

Intuyo que la edad tiene un papel fundamental en eso de ilusionarse, en aquello de creer. Aunque por edad no me debería tocar, soy de la mejor generación futbolística de la historia, de los uruguayos Edinson Cavani y Luis Suárez, Cesc Fàbregas, Gerard Piqué, el madridista Karim Benzema y por encima de ellos, el incuestionable Lionel Messi. Por cosecha así sería, pero según varios sabios de mi entorno, concretamente compañeros de trabajo que tienen respuesta a todas las cuestiones de la vida, el nacimiento de tu primer hijo te envía directamente al otro bando. Dejas de ser joven, amigo. Asúmelo.

Si has llegado hasta aquí y no te sientes identificado, ya sea porque no tienes hijos, eres joven y estás asqueado o porque directamente naciste asqueado. Trata de darle una vuelta. Esfuérzate. Sigue dos premisas que un día me dieron, también otros sabios anónimos, de esos que no puedes citar porque no son nadie, aquellos que copiaron la cita pero la hicieron suya o directamente no recuerdas su nombre.

Primera premisa, si estás en una habitación con gente y lo sabes todo, estás en la habitación equivocada. No puedes, ni debes saberlo todo. Abre la mente y disponte a aprender. La segunda y que viene más al caso del texto (la primera me apetecía ponerla sin venir a cuento), si quieres volver a ilusionarte, si quieres volver a creer, si quieres vivir el fútbol cómo cuando eras un niño, rodéate de ellos o rodéate de aquellos que aún vivan así el maldito juego de la pelota.


PD: Mi gran esperanza para conseguir volver a ilusionarme, volver a creer, volver a idolatrar a un Fábio Rochemback cualquiera, era que mi vástago fuera un apasionado de esto y solo le vi mostrar interés un día que vestido de negro y parando una pelota le nombré al mito de la araña negra, el problema es que en su mente se imaginaba una especie de portero Spiderman que paraba las pelotas con telarañas. En fin, tendré que seguir arrimándome a un italiano de postín apasionado por la estética y un andaluz derrochador de sonrisas e irremediablemente optimista.

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