Las dos caras de Jordi Alba

O mueres siendo un héroe, o vives lo suficiente para verte a ti mismo convertirte en villano” decía Harvey Dent en El Caballero Oscuro. Dent, más conocido como Dos Caras, se definió a sí mismo a la perfección, pues pasó de ser uno de los mejores fiscales de Gotham a ser uno de los mayores archienemigos de Batman. Del personaje de DC Comics cabe destacar su personalidad, ya que toda su toma de decisiones pasa por una moneda. Cara o cruz, un fiel reflejo de su rostro. Mientras una mitad del rostro es ‘normal’, la otra brilla por los destrozos del ácido sulfúrico. Pero lo importante es su dualidad a la hora de actuar, porque a pesar de parecer que nos queda lejos al tratarse de un personaje y un mundo ficticio, es un factor muy presente en el FC Barcelona: concretamente en las virtudes y los defectos de Jordi Alba.

Las últimas temporadas de Alba con el Barça han sido parte surrealistas, como la historia más reciente del club. Por un lado el de Hospitalet de Llobregat ha sido capaz de ofrecer lo mejor -o al menos lo necesario- en momentos en los que el equipo parecía que estaba atascado. En cambio, por el otro ha dado lo peor de sí mismo en situaciones en las que el club le necesitaba más que nunca, véase en noches como las vividas en el Estadio Olímpico de Roma o Anfield. Teniendo en cuenta el nivel que ha llegado a ofrecer, es una situación igual de compleja toda la narrativa que envuelve la personalidad de Dent. Sin embargo, a diferencia del villano de Gotham, sus caras y sus cruces están muy marcadas.

La gran cara de Alba es entender futbolísticamente a Lionel Messi. Cuando el Barça no encontraba la fórmula correcta para deshacer la defensa rival, la estructura ofensiva culé pasaba por un pase diagonal de Messi tras un desmarque de Jordi. Es cierto que técnicamente no es tan elegante como Maxwell, ni que es tan impermeable como Sergi Barjuan -que llegó a funcionar ocasionalmente de interior y extremo- gracias a su calidad, pero sí sabe explotar todas sus virtudes. No tener una gran capacidad de regate no es un problema para el exjugador del Valencia ya que encuentra en el pase corto y el desmarque para continuar la pared un gran aliado. Además, una de sus grandes virtudes es que, a pesar de correr mucho, entiende cuándo tiene que acelerar para adentrarse en el área. Una vez allí, calma mental: decisiones correctas a la hora de centrar con tan solo un toque, sin necesidad de ralentizar el ritmo del balón. Puede que visualmente no sea lo llamativo, que teniendo en mente gestos como los controles de Marcelo en su mejor época pueda parecer “mediocre”, pero sí es -o al menos era- lo que el Barça necesita.

En cambio, la defensa es su cruz. Cabe destacar que Alba, como muchos otros jugadores de la plantilla, también es víctima del contexto culé, pues él también ha notado el hecho de pasar de ser un equipo dominador a sufridor. Con la situación totalmente cambiada sus carencias han aparecido de lleno. Anteriormente con el control del balón Jordi podía brillar a la hora de defender el cambio abierto, pues es un gran recuperador de metros y bueno a la hora de interceptar balones. En cambio, con un Barça que llega a verse encerrado, más que las que debería, sus debilidades en el marcaje individual y el desorden a balón parado han brillado. A nivel estadístico el deterioro individual a la hora de aguantar los rivales se ven a la perfección: de 2,2 entradas en la temporada 2014/2015 a 1,1 en la actual. En lo que se refiere a las faltas en contra su flaqueza es más visual, pues toda la inteligencia con la que cuenta a nivel ofensivo, la padece cuando se trata de romper los fueras de juego.

La dualidad de Jordi Alba se vio reflejada a la perfección en la última final de la Supercopa contra el Athletic Club. Protagonista tanto para lo bueno como para lo malo, el lateral carga con un peso tanto futbolístico como histórico, pues formó parte del grupo de jugadores que consiguió el triplete en la primera temporada de Luis Enrique en los banquillos culés. Esa personalidad dentro del césped, la que da tanto la cara como la cruz al más puro estilo Dos Caras, genera una controversia alrededor de su figura difícil de sentenciar. Mientras algunos todavía creen en la redención, como si Dent todavía tuviera en sus manos volver a ser el gran fiscal aliado del Caballero Oscuro, otros piensan que ya ha llegado su momento, que su presencia es un mal para la Gotham que es Barcelona. Sea como sea -eso sí, con contrato hasta 2024- el FC Barcelona es quien finalmente deberá lanzar la moneda y decidir qué hacer con el futuro de Alba.

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